Este 16 agosto arribamos al 159 aniversario del grito de Capotillo, inicio de la Guerra de la Restauración de la Independencia de la República, que el traidor Pedro Santana borró con la proclama anexionista a España.
En opinión del líder histórico del PLD, el Profesor Juan Bosch, “La Guerra de la Restauración es la página más notable de la historia dominicana, como también la más ignorada por la casi totalidad de los dominicanos; se desconoce el esfuerzo colectivo gigantesco, heroico y las hazañas militares que libraron los hombres y mujeres que participaron en ella. Por esto, debe alcanzar en la conciencia de cada uno de nosotros un sitial preponderante dentro de los episodios de la vida nacional”.
Así se considera en el Partido de la Liberación Dominicana, cuyos actuales dirigentes se forjaron estudiando minuciosamente ese capítulo de nuestra historia, descrito sin apasionamiento, apegado al análisis objetivo, como debe presentarse la historia. Por tales motivos en el PLD esa fecha no se pasa por alto, conmemorándola más allá del día festivo.
El nuevo aniversario de la proclama independentista del Cerro de Capotillo coincide en esta ocasión con el cumplimiento de los dos primeros años de los actuales gobernantes, quienes ya transitando hacia el tercero confirman la decepción colectiva de una población a la que le vendieron un cambio y ha resultado todo lo contrario.
Quejas y un grito generalizado caracteriza a la sociedad de hoy ante el alto costo de la vida, la inseguridad ciudadana, el deterioro de los servicios, del sistema sanitario, de la educación, las nebulosas que arropan la economía por asomos recesivos con un alto nivel inflacionario.
Es más que notorio el deterioro de la calidad de vida de los dominicanos, que por la carestía de los alimentos ha dejado de comer o simplemente ha reducido la ingesta de las llamadas “tres calientes” al tiempo que quien enfrenta algún percance de salud si logra dar con la medicina la consigue a precios prohibitivos.
El sector eléctrico, en el que las promesas de transformación y cambios abundaron en la campaña electoral, ha empeorado con el regreso de los apagones y factura insostenible para los usuarios en todas las escalas.
Los programas sociales han ido desapareciendo, el poder adquisitivo ha disminuido considerablemente, lo que se siente con fiereza en los hogares; cuánto se extraña los servicios del 9-1-1, un sistema de emergencia que el gobierno del cambio ha puesto en literal emergencia.
El panorama descrito hace revivir la necesidad de un nuevo Grito de Capotillo ahora para restaurar las conquistas sociales en el pueblo dominicano.