Editorial

Una demanda impostergable

Las páginas de los medios impresos y digitales y el tiempo de los audiovisuales están repletos de reportajes, denuncias, noticias y crónicas sobre el caos en la movilidad vial, sobre todo en el Gran Santo Domingo.

Esos relatos describen la situación de angustia que se vive con los molestos y mortificantes tapones, que han generado un deterioro en la calidad de vida de los dominicanos y las dominicanas.

Los horarios de obreros, trabajadores, estudiantes, maestros, padres de familias, empresarios, comerciantes han tenido que variar tratando de cumplir con su programa de día a día y los horarios de clase o jornadas laborales.

Desde el gobierno se anuncian medidas, que más que soluciones serias parecen globos de ensayo dada la improvisación de esas disposiciones, apresuradas y muchas de ellas sin responder a una razón lógica.

La población percibe que el transporte de pasajeros y de carga en la República Dominicana sigue siendo uno de los sectores más caóticos y vulnerables del país.

Las soluciones viales anunciadas, y algunas ejecutadas en una etapa inicial, casi nunca responden a estudios técnicos, la consulta ciudadana ha estado ausente, por lo que nadie cree que su impacto a mediano o largo plazo haya sido debidamente calculado.

Lejos de resolver los problemas de movilidad, las soluciones planteadas los agudizan, como se manifiesta en la opinión de automovilistas y transeúntes, quienes no vacilan en criticar las decisiones del Gobierno,

Se estima en unas tres horas el tiempo que se invierte para ir al trabajo y regresar a la casa, por los tapones y lo lento que resulta el tránsito en nuestras ciudades, lo que se manifiesta en reducción del natural descanso de las personas, mientras desde los vehículos se contamina el ambiente con la excesiva emisión de CO2.

El transporte no debe seguir siendo el producto de decisiones momentáneas, improvisadas que responden a intereses particulares, como se manifiesta en polémicas públicas de los órganos estatales responsables del tránsito y suplidores de servicios.

La improvisación, que ha sido la norma de esta Administración, es la principal causa del desorden y el caos en el transporte, los cuales han alcanzado un nivel tan preocupante que resulta impostergable su solución. El Gobierno debe proceder de inmediato a su corrección, no con remiendos ni inventos propagandísticos sino con soluciones serias, viables y sostenidas en el tiempo.

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