Editorial

Pensemos en planes de contingencia

Como se veía venir, la semana en curso inició con un reporte de aumento en el precio internacional del barril de petróleo, mientras se hace la evaluación del impacto económico de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Justo el día en que los distintos sectores nacionales manifestaban su rechazo a la nueva oferta de sueños irrealizables y metas inalcanzables presentado por el Presidente de la Republica en la rendición de cuentas del pasado año, el mundo se estremece con los bombardeos a Irán y la respuesta de este país con ataques a objetivos norteamericanos e israelíes.

El Gobierno dominicano ante el conflicto abogó por el restablecimiento de la estabilidad en la región, exhortando a los involucrados abstenerse de acciones que pudieran agravarlo, aunque inclina su balanza al condenar los ataques atribuidos a Irán contra los Estados del Golfo.

Es un conflicto que encierra graves peligros para la humanidad, que va más allá de la destrucción de propiedades, muertes de líderes o de inocentes, por las implicaciones que representa el peligro nuclear.

Ya las agencias de noticias internacionales se han encargado de divulgar las consecuencias inmediatas: el alza en los precios del petróleo y el gas natural, alza que seguirá creciendo con el cierre del estrecho de Ormuz, un espacio marítimo a través del cual circula alrededor del 20 % del petróleo que se consume en el mundo.

Están más que demostrados en anteriores conflictos en Medio Oriente los efectos que sobre el comportamiento del petróleo y sus derivados tienen en el mundo los enfrentamientos producidos en tan importante región.

La economía de República Dominicana se sustenta en gran medida en los llamados combustibles fósiles. Las energías alternativas apenas han avanzado entre nosotros. Esta realidad debe hacernos más cautelosos y proactivos con el propósito de lograr que nos afecten lo menos posible alzas de precio del denominado «oro negro» y su eventual escasez. En ese sentido, se puede empezar por tomar nota para ajustar el abastecimiento de los combustibles y amortiguar su inmediata escasez y encarecimiento.

Ya de por sí, por la ineptitud gubernamental, pagamos energía cara y de mala calidad, lo que sumado a las limitaciones originadas por este conflicto colocan a nuestro país ante un panorama sombrío.

Es tiempo de proceder con prudencia e inteligencia. De inmediato lo recomendable es pensar en acciones de ahorro de combustibles y planes de contingencia, pues se aprecia, siendo realistas, que este conflicto apenas está en el inicio.

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