La decisión de la DGII de aumentar el marbete a RD$2,000 para los vehículos fabricados hasta 2021 y a RD$4,000 para los modelos de 2022 en adelante cae como otro cubetazo de agua fría sobre un pueblo que ya no aguanta más. El Gobierno dice que los montos no se actualizaban desde 2016, pero la gente se pregunta: ¿por qué siempre la “actualización” le llega al bolsillo del pobre y nunca al salario? Con los combustibles caros, la canasta básica por las nubes y los precios disparados, este aumento parece otro golpe innecesario a la tranquilidad de las familias dominicanas.
Para muchos ciudadanos, cada medida del PRM termina siendo más presión, más sacrificio y menos esperanza. Mientras una ama de casa dice que sus ingresos no le alcanzan ni para cubrir lo básico, otros denuncian la delincuencia, el desempleo, la falta de educación y los escándalos de corrupción. La indignación crece porque el pueblo siente que se le pide paciencia todos los días, pero no ve una mejoría real. En Navidad, cuando las familias apenas buscan cómo resolver la cena y llegar tranquilas a Año Nuevo, también tienen que pensar en pagar más impuestos y cuidarse de que el dinero no se vaya entero en combustible, comida y transporte.
Lo más doloroso es la sensación de abandono. El ciudadano común trabaja, paga impuestos y cumple con sus obligaciones, pero recibe servicios deficientes y vive con miedo a que mañana todo cueste más. , porque como dijo uno de ellos: en el caso Senasa “se jugó con la vida del pobre, porque el rico no necesita eso”. Esa frase resume el sentir de mucha gente: aquí las decisiones pesan más sobre quienes menos tienen, mientras los responsables de los grandes problemas casi nunca enfrentan consecuencias.
Juan Bosch escribió en La Mañosa una frase que sigue teniendo fuerza: *“El pueblo es como un caballo: si lo aprietan mucho, se encabrita.”* Y eso es lo que deben entender quienes gobiernan: un pueblo puede aguantar, pero no es de hierro. La reflexión es sencilla: gobernar no es solo cobrar y justificar aumentos; también es proteger, escuchar y dar esperanza. Si el PRM continúa tomando medidas que fastidian el bolsillo y la tranquilidad de los dominicanos, llegará el momento en que la gente no solo se queje en las esquinas, sino que exija, con firmeza y dentro de la ley, un cambio de rumbo.