Humberto Almonte
Se dio el caso de que la historia absolviera al comandante Fidel Castro, como el mismo proclamara en el juicio que se le siguió por el ataque al cuartel Moncada, pero esa absolución vino desde el conocimiento y no por el olvido de los hechos allí acaecidos.
Por más que Francis Fukuyama decretara su fin, ella sigue ahí impertérrita y recordándonos las lecciones del pasado, repitiéndose en algunos momentos como comedia, o en casos más dolorosos como tragedia, una y otra vez.
La utilidad de su conocimiento es vital para evitar errores, para contextualizar situaciones y hacer justicia. Es una maestra tan exigente que coloca a pueblos enteros a repetir el curso hasta que su absorción esté asegurada y la lección aprendida.
Los errores históricos son corregidos por esta disciplina, más temprano que tarde. Se puede intentar sepultar esos yerros con el paso de los años, pero la historia es paciente y resurgirá con especial esmero, encauzando los hechos por el curso correcto. Mientras eso no pase, de por seguro que nada es inmutable.
Las búsquedas estéticas del cine están registradas rigurosamente en las múltiples historias escritas desde los más variadas puntos de vista. Todo está filmado, grabado o escrito para que no queden dudas sin aclarar, fabulas sin desmentir o para simplemente saber.
En esta época sobrepoblada de imágenes corremos el riego de que esas películas icónicas, que trazan pautas, sean sepultadas por aquellas inspiradas en el estruendo y la furia de obras mucho menos afortunadas, si de contenido relevante hablamos.
El remake de moda sustituye al molde original, originando perplejidad en espectadores de diferentes edades y formación, por lo que no es raro que cuando se menciona a Perfume de Mujer, uno de los cinéfilos esté pensando en Scent of a Woman (1992) de Martin Brest con la actuación de Al Pacino, y no la original italiana Profumo di Donna (1974), dirigida por Dino Risi y actuada por Vittorio Gassman.
No hay punto de comparación justo, pues de Brest a Risi en dirección, y de Gassman a Pacino en actuación, la distancia es mucha en las dos versiones. Y peor parada sale Scent of a Woman cuando ponemos las atmosferas, los diálogos, los guiones, que en Profumo di Donna están teñidos de un desencanto y una frustración muy real, no así en su versión americana que luce acartonada, sosa y llena de tics.
Si bien estos datos son claros para los conocedores, los académicos y los estudiantes de cine, en su gran mayoría, no lo son para las grandes masas bombardeadas por las nuevas versiones de los viejos clásicos, y para ellos esas son las originales porque no conocen otras, carecen de referencias precisas, y así es imposible tener una noción real de las diferencias entre una y otra obra.
El esfuerzo para expandir el conocimiento de la historia del cine debe iniciarse en la escuela. Hay que integrar a los jóvenes en el estudio de los medios audiovisuales, y así como se les enseña pintura, teatro o literatura, deben recibir introducción al cine, a su historia y su funcionamiento, sin olvidar que viven en un mundo poblado de imágenes en movimiento.
Nos encontramos en ocasiones sumergidos en discusiones sobre cuál es la mejor película dominicana de todos los tiempos, y difícilmente las obras mencionadas sobrepasan los siete y ocho años de antigüedad, las más viejas, porque lo usual son cinco años, desde la aprobación de la Ley de Cine hasta ahora.
Entre este caso y el de Perfume de Mujer u otras películas, estamos en lo mismo; un desconocimiento claro de las referencias históricas de la cinematografía internacional y dominicana , no solo de las obras anteriores a nuestra Ley de Cine, sino a los inicios con Francisco A. Palau y los realizadores posteriores, hasta llegar a casos tan increíbles, y no es necesariamente su culpa, de espectadores que ignoran la existencia o no tienen una referencia visual directa de Un Pasaje de Ida (1988) de Agliberto Meléndez, película imprescindible de nuestro acervo fílmico.
¿Cómo puede un director trascender ciertas estéticas si desconoce en parte la historia cinematográfica dominicana o no ha visionado ciertos filmes que han marcado hitos importantes en nuestras pantallas? Para avanzar en esos aspectos es necesaria una puesta al día, y así dar un paso adelante, superando con nuevas ideas viejos problemas.
Sufrimos la ausencia de la difusión de algunos libros para el conocimiento de la historia del cine dominicano, como son el de José Luis Sáez, Historia de un Sueño Importado (1982), y Cine Dominicano en la Mira: Catálogo 1963-2014 de Félix Manuel Lora, quien cuenta también con el documental Un Rollo en la Arena (2005), sobre el mismo tema. Estos son hechos que confluyen para apuntalar esa falta de información en los espectadores y algunos sectores de esta industria.
Un principio de solución se atisba en los diplomados que Inafocam, institución estatal encargada de la formación a los maestros, incluyendo los aspectos cinematográficos. Pero esto tendrá efectividad si se convierte en una política general y se extiende a todos los planteles de educación básica y media, con bibliotecas surtidas de textos fílmicos y el equipamiento necesario para la proyección.
De esa formación de maestros con capacidad metodológica en educación cinematográfica deben salir los cines-clubes estudiantiles en las escuelas, para producir esa interacción cine-estudiantes que alimente las universidades y escuelas de cine, con alumnos que desde ya manejen los elementos básicos de este arte.
Es importante re catalogar todo el cine que hemos hecho y transferir a video aquellas películas que no lo estén para proceder a colocarlas a la venta, surtir a las bibliotecas escolares y universitarias, además de los museos u otras instituciones culturales que se interesen en el séptimo arte.
El desconocimiento que una parte de la población tiene acerca de la historia de nuestro cine proviene de la falta de difusión en las informaciones y la limitada exhibición de películas de épocas anteriores en las salas dominicanas, por eso la Dirección General de Cine programa con regularidad ciclos de películas dominicanas para corregir esas carencias.
Las instituciones académicas especializadas en la formación de cineastas deben esforzarse, además de, en la instrucción en las técnicas, en que estos jóvenes conozcan la historia y se aproximen a ella visionando los filmes existentes desde los inicios de nuestra cinematografía.
Tener profesionales que conozcan de manera integral la historia y la estética del cine dominicano de todas las épocas, garantiza la superación y el avance de estos hacedores de la futura cinematografía dominicana y un salto de calidad en los temas a tratar.