El país entraba a un proceso de modernización institucional, cuando de forma irresponsable el Estado dominicano no solo permitió, sino que estimuló, el crecimiento desmesurado e indetenible de las motocicletas, cuyos conductores se han dedicado a una gran diversidad de labores.
Si nos remontamos al año 1999, la Dirección de Impuestos Internos tenía registradas 375,023 vehículos a motor de dos ruedas, casi duplicándose la cifra a finales del 2004, al llegar a la cifra de 768,668 unidades.
Mas, el último informe de este mismo organismo, correspondiente al 2015, apunta que la cantidad de motocicletas en el país remontó a 1,946,594 unidades.
Otra cantidad imprecisable circula en nuestras vías de manera ilegal por ausencia de eficaces mecanismos de control en las importaciones y en los talleres de ensamblaje y calibración de dichas motos, utilizadas para fines inconfesables.
Aún así, se reporta oficialmente que el campo vehicular nacional a la sazón está conformado en un 54% de motocicletas.
Desde su promulgación en el año 1967, la Ley de Tránsito Terrestre vigente no establece normas ni reglamentos, pese a que en los últimos tiempos se ha elaborado un manual de conducción y establecido un sistema de emisión de la licencia cuyos resultados han sido pocos efectivos.
La tendencia hacia el crecimiento no se deja sentir, cuando simultáneamente su utilización en actos delictivos se mantiene latente.
Al igual en la zona rural, los animales de montura se han cambiado por motorizados. El “motoconcho” también crece sin que tampoco desde el Estado se haya pensado en las consecuencias, en traumatismos y consumo de combustible adicional.
Del total de las víctimas por accidentes de tránsito en el 2015, 9,023 fueron usuarios de motocicletas según el reporte oficial, representando un aumento del 24% en respeto al año anterior.
Nosotros estimamos que los años de vida potencialmente perdidos por esta causa en motocicleta rondan para ese mismo año 2015, en más de 42,500 (AVPP), lo cual debe mover a profunda reflexión para desarrollar iniciativas consistentes y firmes.