Hemos planteado en otras ocasiones y escenarios que: “la historia no necesariamente se repite, pero tiende a rimar cada cierto tiempo”. Planteamos esta máxima, pues resulta interesante ver, cómo al darle seguimiento al devenir político de Brasil durante los dos últimos años, es posible percibir cierta semejanza con el desenlace que tuvo la época del Terror durante la Revolución Francesa.
En ese sentido, desde poco antes de la deposición por impeachment de la expresidenta, Dilma Rousseff, había comenzado a gestarse en el gigante suramericano una especie de Estado policiaco, dirigido por una fiscalía inquisidora, y alentado por opositores y falsos aliados del PT, quienes a su vez eran orejeados por agentes externos. Dicha particularidad dio al traste con el desfile por la guillotina político-judicial, no solo a destacados miembros de la clase gobernante, sino también de poderosos y otrora “intachables” miembros del sector empresarial o clase dominante.
Por ello, tras la caída de Dilma y con ella, la del hasta entonces popularmente imbatible Partido de los Trabajadores, muchos vieron en el opositor Eduardo Cunha, la figura de un Roberspierre que habría de pasar de su condición de verdugo, a la de víctima de su propio Terror.
En efecto, el arresto de Cunha, consumado en octubre del año pasado, y su posterior sentencia a 15 años de prisión en marzo, representó la caída en desgracia de uno de los hombres más poderosos del país, y el principal protagonista del burdo y poco creíble guión que escondía la verdadera intención del impeachment. De momento se llegó a pensar que el advenimiento de un nuevo mandatario, con mano dura y determinación, podría encaminar a Brasil hacia cierta estabilidad política, mientras el caso Lavajato seguía su curso en busca de más cabezas que rodar. A esto se unió el interés de los brasileños de poder desprenderse del estigma y señalamiento internacional, que les adjudica el nada halagador cuarto puesto como país más corrupto del planeta, según datos del Foro Económico Mundial.
Sin embargo, el ascenso de Michel Temer, no ha hecho más que demostrar que la tentativa contra Lula, Dilma y el PT, lejos de procurar una solución legitima a la corrupción Estatal, pretendía sofocar un incendio que apenas comenzaba a consumir los cimientos del sistema político, en especial aquellos en lo que se sostienen los conspiradores.
Es posible que tras la salida de escena de varios de sus principales ministros, así como de su poderoso aliado, Eduardo Cunha, Temer procurara a través de las citadas restricciones parar el sangrado que amenazaba con erosionar las bases sobre la que sustentó su salto al poder. De hecho, es preciso destacar que más del 60% de los legisladores tienen procesos abiertos, de los cuales la mayoría responde al actual gobierno.
El actual mandatario ha tenido que sortear varias crisis, entre ellas la primera huelga general organizada que se producía en más de 20 años, la cual estalló en abril luego de que Temer propusiera reformar el sistema de pensiones. La iniciativa neoliberal, que según explica el gobierno, forma parte de los esfuerzos de modernizar al país, provocó la furia de los sindicatos, quienes lograron que los ciudadanos permanecieran en sus hogares, mientras los comercios y escuelas no abrieron.
Tan solo un mes después, en mayo, el diario brasileño O Globo hizo pública el audio y transcripción de una conversación privada que sostuviesen Michel Temer y el empresario Joesley Batista, dueño de la empresa JBS (implicada en el escándalo de venta de carne adulterada). Según hace constar la evidencia, la cual se obtuvo mediante una grabadora oculta, en la conversación Batista le detalla al mandatario los pagos de dos millones de reales (US$578.000), que en calidad de soborno le son entregados a Eduardo Cunha para comprar su silencio en la cárcel. La grabación, que era producto de un acuerdo de “delación premiada” entre Batista y la Procuraduría General y Policía Federal, evidencia cierta complicidad o consentimiento de Temer con los pagos a Cunha. En una respuesta inmediata a la publicación, el mandatario negó las acusaciones, a la vez que garantizó que no renunciaría a la presidencia, como en efecto le solicitaban sectores opositores, dada la envergadura de la noticia.
En defensa del gobierno algunos expertos en la materia, señalaron que la grabación realizada por Joesley Batista había sido edita antes de ser enviada como evidencia, lo que llevó a Temer a solicitar al Tribunal Supremo la nulidad de esa acusación.
De estas delaciones también sería victima Aecio Neves, actual senador y excandidato presidencial en el 2014, quien según las grabaciones llegó a pedir más de medio millón de dólares a Batista, con el objetivo de hacer frente a compromisos legales por el caso Lavajato. El senador sería separado de su escaño, a la vez de contar con impedimento de salida. En cuanto a Joesley Batista, quien opera junto a su hermano Wesley, estos fueron los mayores contribuyentes en las pasadas elecciones, aportando unos US$120 millones en la campaña del 2014, beneficiando a unos 164 diputados, 6 gobernadores y a la fórmula presidencial. Con el estallido del escándalo, han acordado pagar una multa por US$3,200 millones de dólares, monto que eclipsa a la de Odebrecht.
A pesar de superar esa crisis, tras una desestimación por parte del Tribunal Supremo, Temer tuvo que verse nueva vez en el ojo del huracán con una investigación por “financiamiento ilícito de la campaña presidencial del 2014”, tras una denuncia hecha por el Partido de la Social Democracia de Brasil (PSDB). La acusación citaba que la capaña que llevó a Rouseff como candidata, se financió con donaciones ilegales de Petrobras, por lo que solicitaban la anulación de esos comicios, lo que ilegitimaría también a Temer. A pesar de la dimensión de la acusación, en el que por primera vez se juzgaba a un presidente, el Tribunal Supremo nueva vez favoreció a Temer, en una decisión dividida de 4 a favor de que Temer permanezca, contra 3 que votaron por la anulación del proceso.
Dada la recurrencia de escándalos que salpican de cerca al mandatario, no sorprende pues, que en un nuevo episodio la Procuraduria General le denunciara por delito de “corrupción pasiva”, lo cual también ha pasado a ser un hecho sin precedentes. La acusación versa en torno a que Temer recibió dinero de la empresa JBS a cambio de favores políticos, acusación que envuelve a la mano derecha de Temer, Rodrigo Rocha.
Es evidente, que al igual que las pasadas acusaciones y casos que salpican al presidente brasileño, la actual denuncia de corrupción debe sortear muchas trabas, así como atravesar un complejo proceso. De hecho, para que el Tribunal Supremo Federal pueda llevar a cabo un juicio contra el presidente, primero se requiere el visto bueno de la Cámara de Diputados, cuyo presidente Rodrigo Maia, debe enviar el caso a una comisión parlamentaria, la cual a su vez hará su recomendación y dará paso a la votación de la Cámara de Diputados. En la votación, se requerirán dos tercios de los 513 diputados para apartar a Temer del poder, por un plazo no mayor a 180 días, pasando a ser juzgado por el Tribunal que deberá emitir un fallo en dicho plazo.
Es muy probable que un ambicioso y conspirador Michel Temer, viera en la actual crisis una vía rápida para ascender al poder y así constituirse en el líder de la lucha contra un sistema en decadencia, sin embargo el tiempo ha demostrado que está más comprometido con los escándalos que sus antecesores. Resulta probable que a este último expediente le sigan dos más, tanto por asociación ilícita, como por obstrucción a la justicia, casos que podrían ser presentados por separado para comprometer más al presidente.
Las nuevas generaciones de políticos pertenecientes a partidos aliados, ya buscan a viva voz desligarse de la actual gestión, como es el caso de la joven Shéridan Estérfany Oliveira de Anchieta, congresista por el PSDB. Esta encabeza a un grupo de jóvenes legisladores, conocidos como “cabellos negros”, quienes están presionando a los “cabeza blancas”, para que surja una nueva manera de hacer política en aras de salvar al sistema.
Recuerdo que Napoleón decía que: “En la revolución hay dos clases de personas: las que la hacen y las que se benefician de ella”. Temer intento convertirse en una especie de Napoleón todopoderoso que surgió tras la crisis del sistema, pero en cambio, podría ser que en el proceso sea uno más de los llamados a pasar por la guillotina francesa…