El resultado de las elecciones del año 2000 ha sido el acontecimiento más importante para romper el mito que significó el Partido Revolucionario Dominicano durante muchos años y entender el papel que ha tenido el Partido de la Liberación Dominicana y su dirigencia en la construcción de un nuevo escenario político en el país.
Cuando analizamos el triunfo de Hipólito Mejía frente a Danilo Medina y Joaquín Balaguer en esas elecciones, podemos identificar, entre otras, tres causas principales por las que a nuestro juicio, ganaron el PRD y su candidato.
¿Por qué ganó el PRD en el 2000?
En primer lugar se produjo una ruptura de las fuerzas que constituyeron el frente patriótico, situación que obligó a Balaguer, con 94 años de edad, a ir como candidato del PRSC, lo que hizo volver al reformismo a muchos de los votos que se habían expresado a favor de Leonel y el PLD en la segunda vuelta de 1996.
Segundo, había una deuda emocional de una parte importante de la población con Peña Gómez, quien murió prematuramente en el año 1998, este sentimiento ya se había expresado con el resultado de las elecciones de medio término; Hipólito estuvo soportado en la cresta de esa ola de solidaridad al momento de las elecciones.
Y Tercero, nadie puede poner en dudas el evidente carisma de Hipolito Mejía, quien con su personalidad campechana y cercana, convenció a una parte importante de los indecisos a votar por él.
El gobierno que perdió los papeles
Al asumir el gobierno y dar su discurso de toma de posesión, Hipólito perdió las hojas del texto que tenía previsto leer, y al parecer nunca más encontró el rumbo.
De todas las propuestas dejadas sobre la mesa por el PLD para el fortalecimiento institucional del país, muy pocas tuvieron seguimiento, las que fueron aprobadas por el Congreso Nacional, no fueron implementadas.
El gobierno del PRD del año 2000 al 2004, significó el más grande atraso económico e institucional que ha sufrido la República en la era democrática, ningún gobierno constitucional estuvo dirigido por alguien con más desconocimiento de su papel como Presidente de la República.
Hipólito hizo trizas todo el avance institucional que se había propuesto, como legislación, en el gobierno del PLD y Leonel Fernández.
El país fue devuelto a etapas que creíamos habían sido superadas por décadas de lucha de parte de los partidos con pensamiento progresista para llegar al poder e implementar cambios profundos en nuestro estamento institucional.
El desastre económico
Desde el punto de vista económico, el gobierno perredeísta fue un verdadero desastre. De un crecimiento de 7.9% heredado de Leonel en el año 2000, el PIB cayó al 3% en el 2001 con una inflación de cerca del 10%.
La falta de confianza de los inversionistas en el nuevo Presidente, provocó una contracción de toda la economía que, hasta ese momento, mantenía una tendencia a la expansión, con niveles de crecimiento récord a nivel mundial, éramos el segundo país que mas crecía en promedio.
La Reforma Constitucional
El resultado electoral del año 2002 confundió a Hipólito y el PRD, ya que ganaron 29 de las 32 senadurías que estaban en juego, perdiendo sin embargo la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, esto empujó al grupo de seguidores de Mejía en el PRD a impulsar un proyecto de reforma a la Constitución que permitiera la reelección consecutiva, lo que sembró el germen de la división y el fraccionamiento en ese partido.
Para lograr la reforma Mejía contó con los votos de la mayoría del PRD, el PRSC y un grupo de disidentes del PLD, los que constituyeron las dos terceras partes necesarias para abrir las puertas a una nueva postulación del Presidente en ejercicio.
Inflación y devaluación: La fábrica de pobres
A partir de ahí, se acentuó la caída en picada del gobierno del PRD produciéndose una crisis, que llevó a la quiebra a varias de las instituciones bancarias mas grandes del país, y a la miseria y la ruina, a una parte importante de la clase media.
Los pobres retrocedieron a la pobreza extrema y la clase media fue lanzada a la pobreza sin contemplaciones, por una crisis económica que movió los cimientos de todo el aparato productivo de la nación.
En el mes de marzo del 2003, se anunció la fusión del Banco Intercontinental y el Banco del Progreso, dos de los mas grandes del país, de manera inexplicable, el propio Presidente de la República, Hipolito Mejía, intervenía en las reuniones que se hacían con estos fines en los apartamentos privados de los presidentes de ambos bancos en la avenida Anacaona de la capital de la República.
El mismo Hipolito, se congratuló de que se hubiera llegado a este acuerdo de fusión, sin embargo, cuando se sometió al experticio legal y financiero al Baninter, se destapó el mayor fraude económico que haya tenido lugar en la República Dominicana.
El intento de encubrimiento de los directivos de los bancos y el Presidente de la República, fue enfrentado por los organismos internacionales de crédito: FMI, BID y Banco Mundial, quienes condicionaron otorgar créditos a que se aclarara y castigara el fraude bancario.
El mismo Mejia había estado haciendo aportes desde el año 2002 para evitar la quiebra del Baninter con fondos del gobierno central, en total el Banco Central había inyectado RD$ 41.000 millones de pesos al banco privado, RD$ 17.000 para pagar a los depositantes, esa suma no pudo cubrir un fraude que sumó RD$ 55,000 millones de pesos (US$ 2,200 millones de dólares).
Hay que recordar que Hipolito Mejia y Ramón Báez Figueroa, presidente del Baninter, eran amigos íntimos, que al Presidente de la Republica le había sido otorgada una tarjeta de crédito con límite abierto, con la cual se hicieron compras de los mas diversos artículos, que también se pagó con los fondos que fueron parte del escándalo de la quiebra del Banco.
Como resultado de la emisión de moneda del Banco Central para cubrir el fraude y devolver a los depositantes sus ahorros, el peso sufrió una devaluación de mas del 40% de su valor provocando la paralización inmediata de las obras publicas, la supresión de los subsidios, el aumento de la inflación, cierre de empresas, aumento del desempleo, pérdida del valor adquisitivo de los salarios y un aumento de la pobreza que paso, del 27% en el año 2000 al 44% a finales del año 2003, según las cifras del Banco Mundial.
La reelección de Hipólito
A este panorama se le sumó la decisión, en medio del escándalo causado por la quiebra bancaria, de plantearse oficializar la presentación de su candidatura para un nuevo periodo de gobierno en el año 2004.
La poca confianza de la opinión pública en la palabra del Presidente, se terminó de perder, con este hecho, ya que el gobierno en pleno comenzó a girar alrededor del proyecto reeleccionista, dejando de lado todo lo dicho por quien a si mismo se llamaba un «hombre de palabra».
Mientras el gobierno de Mejía daba bandazos en medio de la improvisación, el país de consumía en medio de apagones, aumento de los precios de la canasta familiar, crisis bancaria, devaluación, inflación, desempleo, pobreza, crecimiento económico por debajo de cero y declaraciones públicas incoherentes de parte del Presidente de la República.
El acuerdo roto con el FMI
Para paliar en algo la situación, se negoció un acuerdo standby con el FMI, quien desembolsó US$ 120 millones de dólares, pero fue suspendido por la compra de las distribuidoras de energía a finales del 2003, procedimiento que según el FMI violaba lo estipulado en la carta de intención firmada por el gobierno dominicano.
El caos y el desorden pronosticado en el discurso de Balaguer en el acto del Frente Patriótico se adueñó del pais en todos los órdenes.
Se perdió la institucionalidad convirtiéndose la República en un feudo personal de Hipólito, quien ante acusaciones de corrupción que señalaban a funcionarios de su gobierno, los apoyaba públicamente y desafiaba a la justicia a actuar en su contra.
Incluso llegó al extremo de establecer por decreto impuestos a las exportaciones e importaciones, facultad exclusiva del Congreso de la República, posteriormente estos impuestos fueron declarados inconstitucionales por parte de la Suprema Corte de Justicia.
Politicamente Mejía forzó a sus adversarios a plegarse al continuismo tantas veces combatido por el mismo.
Líos en el PRD
Para la elección de la candidatura del PRD se realizaron dos convenciones, en una de ellas se declaró ganador Hatuey Decamps y en la otra, al retirarse sus oponentes Hipolito Mejia «ganandole» a su amigo Frank Joseph Thomen, quien nunca se había planteado, ni había hecho campaña para ser candidato a la Presidencia de la República.
Hipolito no solo se contentó con romper en mil pedazos la institucionalidad de los poderes públicos, convirtiéndolos en el hazmerreír de cualquier persona racional, sino que también destruyó años de discursos anti-reeleccionistas de sus propios compañeros de partido forzando una candidatura en medio de una crisis económica y social de gran magnitud.
Vuelve el Presidente
Los resultados todos los conocemos, con la consigna de «Vuelve el Presidente» y «Vuelve el Progreso», el PLD y Leonel ganaron de modo aplastante en la primera vuelta electoral a Hipólito y el PRD en las elecciones del 2004.
Así en forma muy resumida se escribió la historia de un gobierno, que como el del PRD e Hipólito Mejia, tenia las características de los llamados tiempos de Concho Primo, nunca el avance institucional que requería el inicio del siglo XXI.
Es un imposible tratar de enmarcarlo en nuestro tema central, que es el análisis del conservadurismo y su influencia en la política dominicana, porque no hay forma de racionalizar un gobierno completamente irracional.
El gobierno del PRD en este periodo solo dejó un rastro de pobreza y atraso del cual aun no nos hemos recuperado, tratar de encasillarlo en una escuela de pensamiento político seria para nosotros un inútil, porque no se puede analizar políticamente.
Solo sabemos que la sonrisa de triunfo que lucía Hipolito en el famoso afiche que cubrió el país en los días finales de la campaña electoral del año 2000, terminó con las lágrimas de sangre de millones de dominicanos y dominicanas, que vieron esfumarse sus esperanzas de mejoría de vida, entre las burlas y chabacanerías de una persona que no tenia idea de lo que significaban los símbolos y el uso del poder.