Opinión

Eres lo que amas

Para los que profesamos la fe cristiana, el hombre es el producto del amor de Dios. El amor es un producto divino que trae al individuo humano la utilidad de la felicidad, entendiéndola como algo que se manifiesta en lo interno y se consagra en lo externo. Y es de ese modo, porque es un sentimiento vivo, que va indicando intenciones sobre la vida de otros individuos con los que compartimos el universo de cosas que se nos presentan en nuestro devenir histórico. Nuestras actitudes frente a los demás seres vivos, va construyendo nuestro carácter y termina formando nuestra personalidad.

Para el patricio Juan Pablo Duarte y sus principales colaboradores, al incursionar en La Filantrópica como brazo cultural de la liberación nacional frente a la ocupación haitiana e incluso en la estructuración y en el desarrollo de La Sociedad Secreta la Trinitaria, estuvo plegado el amor patrio y ese amor los encumbró hacia el heroísmo, en forma plena e incuestionable. El heroísmo es un acto de amor que busca salvaguardar personas, costumbres y cosas, consideradas como fundamentales para la existencia social. Es por esa dimensión del amor, que se llega al sacrificio patriótico.

El amor al prójimo conduce hacia el desprendimiento, la cohesión, la empatía, la solidaridad y la entrega desinteresada. Cuando amamos a los demás, entonces vamos construyendo una marca y esa marca nos va definiendo de acuerdo a los comportamientos y nuestras reflexiones acerca de lo que es la vida humana.

Para amar a los que comparten el contexto y el ecosistema que se desarrolla a nuestro alrededor, tenemos que amarnos nosotros en forma particular e integra. No es más que la autoestima, en la cual nos consideramos y valoramos, esperando que esa valoración se traduzca en estimación por parte de las personas e instituciones con las que se desarrollan relaciones. El desdén y el desprecio por lo que una persona es, por parte de los demás que se relacionan con ella, trae consecuencias negativas para la relación de armonía, propiciadora de buenos tratos y sobre la cual se sustentan las bases de la empatía. Pero lo que es peor, puede marcar psicológicamente al individuo, transformándole en resentido, plataforma sobre la que emerge el odio.

El valor del amor se vive con devoción, no basta con profesar que amamos, debemos demostrar ese amor a través de nuestro comportamiento. Existen personas que se convierten en cínicas, haciendo del cinismo una forma de vida. Ese tipo de persona es de alto peligro para los que tienen relaciones con este tipo de personas, porque pueden ser víctimas de imprudencias, obscenidades descaradas desde personalidades que por falta de vergüenza, mienten de tal forma que asquean al que sabe lo que está sucediendo sobre un escenario condenable y que degenera a la persona, arrastrándola a la deslealtad hacia su propio ser.

La persona humana es lo que ama y debe procurar ser comedido ante sentimientos de intensa atracción emocional hacia una persona con la que se desea compartir una amistad y hasta una relación íntima, porque la forma en que esa relación inicia, puede marcar el proceso de vivencias en que se desarrolle. Es importante demostrar que amamos en forma inteligente, entendiendo que esa forma de amar no impone ni somete sino todo lo contrario, liberta a la persona con el objeto de que pueda convenir sobre lo que pretendemos.

Cuando desarrollamos el valor del amor, en la plenitud del ejercicio, sin darnos cuenta le convertimos en virtud en una especie de acción espiritual que se vuelve mágico e incomprendido por quienes no tienen la dicha de vivir el privilegio de ese éxtasis. Mucha gente vive marcada en forma perenne por amores como la literatura, la música o la contemplación y la dimensión de ese amor les convierte en un Neruda o un Cervantes; en un Goethe o un Eca de Quiroz; o quizás en un artista. El amor por algo que vivimos, nos marca y nos coloca en un trayecto trascendente.

Definitivamente, el hombre es el reflejo de lo que ha amado. Ese sentimiento divino va moldeando lo que somos hasta el final de nuestras vidas, es por ello que debemos estar consciente de lo que somos: producto del amor en todas las esencias del existir.

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