Opinión

Tiempo de repensar y conceptualizar ante cambios mundiales y locales

Un cuarto de siglo ha sido suficiente para que comprobemos la fragilidad de conceptos que desde el 1989 hasta la fecha se presentaron en foros internacionales y locales como verdades absolutas, por las que quien osara cuestionarlas debía describirse como individuo atrasado, dejado en la estacada por el tren de la Historia.

La República Dominicana no estuvo ajena a lo que ocurrió en todo el mundo tras el derrumbe del Muro de Berlín, la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), proceso conocido como Perestroika (apertura), iniciado por el entonces presidente soviético Mijaíl Gorbachov, poniendo fin a la era conocida mundialmente como “la Guerra Fría”, posterior a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Nuestra condición de pequeña nación caribeña en el entorno geopolítico de Estados Unidos (EE.UU), potencia capitalista que compartió la hegemonía global con la URSS, como resultado de sus victorias en el conflicto bélico que ensangrentó el planeta, nos obligó a bailar en esa fiesta de poderes con muy poca voz y ningún voto. En los cónclaves para decidir el destino de la Humanidad, República Dominicana fue algo así como “un convidado de piedra”.

Desplomado el “socialismo real” de la URSS, el capitalismo liderado por EE.UU. se propuso rematar su éxito con una plataforma teórica que convenciera al mundo de que su modelo era único e insustituible, retomando viejas teorías de libre mercado que agrupadas se definen como “neoliberalismo”.

Replanteada la realidad de veinticinco años atrás, con una cronología de lo ocurrido hasta hoy, concluimos en que a muchos de nuestros pensadores políticos el cambio los dejó fuera de balance, sin fórmulas para interpretar la nueva realidad. Lo mismo fue para los “derechistas” que celebraban triunfantes como para los izquierdistas que gritaban en lamento “¡Patria o muerte, nos vencieron!”.

Pensamiento enlatado Vs. Objetividad creativa

El capitalismo vencedor no perdió tiempo en darnos a conocer sus teóricos. El norteamericano de origen japonés Francis Fukuyama publicó el ensayo El fin de la Historia publicado en separata por el desaparecido periódico El Siglo, nacido con la pujanza del talento, la juventud, los colores y las nuevas tecnologías, precisamente en abril de ese histórico 1989.

Fukuyama sencillamente trató de demostrar que la Historia, en el concepto del progreso acuñado por el filósofo alemán del siglo XIX, había llegado a su plenitud con el Nuevo Orden. El libre mercado surgía como el ideal en las relaciones económicas de los individuos, las sociedades, los pueblos y las naciones.

De ahí que concomitantemente surgieran otros predicadores del neoliberalismo en boga que daban como un hecho irrefutable el “fin de las ideologías”. A la nueva realidad había que ajustarse de manera pragmática sin cuestionamiento alguno. Todo es cuestión de mercado, que la oferta y la demanda determinen lo económico, político, social, cultural, científico y espiritual.

Pero además, los líderes del Nuevo Orden pagan los servicios de esos predicadores a través de sus agencias creadas con tales fines, por lo que en la República Dominicana, como en toda América Latina, crecieron como la verdolaga las llamadas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), integradas en lo que hoy se conoce como “la sociedad civil”.

Solo un grupo de satanizados comunicadores han respondido críticamente a lo que calificamos como el “pensamiento enlatado” de esas ONGs, concebido en las confortables oficinas de organismos internacionales, y que muchas veces ni siquiera sus expresiones pueden aclimatarse a este Trópico.

Como organización política, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), con su presidente y líder Leonel Fernández a la cabeza, se ha mantenido estudiando las nuevas realidades surgidas tras el fin de la Guerra Fría, creando un pensamiento creativo a favor de los mejores intereses del país y de la Humanidad, sin renunciar al enfoque objetivo de cada coyuntura.

No hubo Fin de la Historia ni de las Ideologías

Una mirada a lo que ocurre hoy en Europa y hasta en el mismo Estados Unidos, con una crisis económica que se inició en el 2008 y aún persiste; la situación política y militar en Ucrania con la anexión de Crimea a la Federación Rusa y las voces críticas de intelectuales como Noam Chomsky en EE. UU. (La Deseducación) y Gilles Lipovestky en Francia (La Sociedad de la Decepción), nos dicen que el pensamiento enlatado colapsó, que la historia y las ideologías siguen, pero que hay que repensar y conceptualizar, aquí y fuera de aquí.

Problemas económicos, políticos, sociales, migratorios, medioambientales, de familia, educativos y de otros géneros merecen ser estudiados en el marco de los nuevos tiempos para obtener resultados favorables en el esquema actual.

Incluso en el arte y la cultura, hay movimientos tendentes a devolverle a esos fenómenos sus elementos sociales y humanísticos, como instrumentos de solidaridad. Todo eso se lo llevó el Nuevo Orden, propulsor del “arte por el arte”, alejado de las preocupaciones políticas y reivindicativas.

Las reflexiones contenidas en este artículo para Vanguardia del Pueblo Digital le surgieron a quien escribe mientras leía el trabajo publicado en diversos diarios dominicanos por el doctor Franklin Almeyda Rancier, en el que plantea como la necesidad de que el PLD “de un giro a Centro Izquierda”, como forma de hacer equitativo el progreso que en término macro ha experimentado la República Dominicana gracias a la eficacia de sus políticas en sus respectivas gestiones gubernativas.

Se trata de un tema que probablemente se convierta en objeto de debate entre los que están convencidos de que la Historia y las Ideologías sigue, como la primera vez.

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