Opinión

Trastorno negativista desafiante

Formados en un ambiente de valores cristianos nos unimos a la preocupación expuesta por la honorable vicepresidenta de la República, doctora Margarita Cedeño de Fernández en el interesante artículo. “Hay que bajarle algo”. Como profesional del área de la conducta nos atrevemos a responder que la problemática en cuestión surge por un trastorno en el que para su desarrollo y formación juegan un papel fundamental los factores genéticos y ambientales. Veamos de qué se trata.

Según el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) la característica esencial del trastorno negativista desafiante es un patrón recurrente de comportamiento negativista, desafiante, desobediente y hostil, dirigido a las figuras de autoridad, que persiste por lo menos durante 6 meses y se caracteriza por la frecuente aparición de por lo menos 4 de los siguientes comportamientos: accesos de cólera, discusiones con adultos), desafiar activamente o negarse a cumplir las demandas o normas de los adultos, llevar a cabo deliberadamente actos que molestarán a otras personas, acusar a otros de sus propios errores o problemas de comportamiento, ser quisquilloso o sentirse fácilmente molestado por otros, mostrarse iracundo y resentido o ser rencoroso o vengativo.

Para calificar el trastorno negativista desafiante, los comportamientos deben aparecer con más frecuencia de la típicamente observada en sujetos de edad y nivel de desarrollo comparables, y deben producir deterioro significativo de la actividad social, académica o laboral No se establece el diagnóstico si el trastorno del comportamiento aparece exclusivamente en el transcurso de un trastorno psicótico o de un trastorno del estado de ánimo, o si se cumplen criterios de trastorno disocial o de trastorno antisocial de la personalidad (en un sujeto mayor de 18 años).

Los comportamientos negativistas y desafiantes se expresan por terquedad persistente, resistencia a las órdenes y renuencia a comprometerse, ceder o negociar con adultos o compañeros. Las provocaciones también pueden incluir la comprobación deliberada o persistente de los límites establecidos, usualmente ignorando órdenes, discutiendo o no aceptando el ser acusado por los propios actos. La hostilidad puede dirigirse a los adultos o a los compañeros y se manifiesta molestando deliberadamente a los otros o agrediéndolos verbalmente (normalmente, sin las agresiones físicas más serias que se observan en el trastorno disocial). El trastorno se manifiesta casi invariablemente en el ambiente familiar, pudiendo no ponerse de manifiesto en la escuela ni en la comunidad. Los síntomas del trastorno suelen ser más evidentes en las interacciones con adultos o compañeros a quienes el sujeto conoce bien, y, por lo tanto, pueden no manifestarse durante la exploración clínica.

Normalmente los sujetos con este trastorno no se consideran a sí mismos negativistas ni desafiantes, sino que justifican su comportamiento como una respuesta a exigencias o circunstancias no razonables.

La prevalencia de los Trastornos de conducta parece estar incrementándose en el curso de los últimos años. Por otro lado parecen encontrarse más casos en el ámbito urbano que en el rural. Aunque la mayoría de las investigaciones nos ofrecen escasa información sobre las claves causales de los Trastornos de Conducta, al menos nos permiten suponer que en la etiología del trastorno juegan un papel fundamental los factores genéticos y ambientales.

• Factores Genéticos. Hoy en día parece demostrar que en los niños/as con estos trastornos existen factores herederos de tipo neurofisiológicos, psicofisiológicos y bioquímico, que predispondrían al sujeto a manifestar conductas infantiles aversivas y dificultades en el aprendizaje.

• Factores Ambientales. Juegan también un papel determinante en la génesis y desarrollo de los Trastornos de Conducta.

Responsable de que el individuo desarrolle adecuados intercambios con el ambiente, va a ser en gran parte la familia, que se constituye no sólo como el entorno en el que más frecuentemente está el individuo sino también como lugar en el que acontecen los principales aprendizajes del sujeto.

Podemos decir que existe un trastorno negativista desafiante sí por más de 6 meses prevalecen las siguientes conductas:

En la niñez:

(1) A menudo se encoleriza e incurre en pataletas
(2) A menudo discute con adultos
(3) A menudo desafía activamente a los adultos o rehúsa cumplir sus demandas
(4) A menudo molesta deliberadamente a otras personas
(5) A menudo acusa a otros de sus errores o mal comportamiento
(6) A menudo es susceptible o fácilmente molestado por otros

En la adolescencia:

1. A menudo es colérico y resentido
2. A menudo es rencoroso o vengativo
3. El trastorno de conducta provoca deterioro clínicamente significativo en la actividad social, académica o laboral.

Síntomas

Los síntomas y trastornos asociados varían en función de la edad del sujeto y de la gravedad del trastorno.

Puesto que en los niños preescolares y en los adolescentes son muy frecuentes comportamientos negativistas transitorios, es preciso ser cautos al establecer el diagnóstico de trastorno negativista desafiante, especialmente durante dichos períodos del desarrollo. El número de síntomas negativistas tiende a incrementarse con la edad. El trastorno es más prevalente en varones que en mujeres antes de la pubertad, pero probablemente las tasas se igualan más tarde. Los síntomas suelen ser similares en cada sexo, con la excepción de que los varones pueden incurrir en más comportamientos de confrontación y sus síntomas ser más persistentes.

El trastorno negativista desafiante es más frecuente en familias donde existen conflictos conyugales graves. También el es más prevalente en familias dónde los cuidados del niño quedan perturbados por la sucesión de distintos cuidadores o en familias en que las prácticas educativas son duras, incoherentes o negligentes.

Los frecuentes conflictos matrimoniales pueden generar en el niño conductas agresivas incluso ya desde muy temprano. Y las pautas educativas e interacciones familiares parecen jugar también un importante papel. Elementos como el rechazo paterno, la permisividad frente a la agresión, una agresiva tendencia a castigar, una deficiente comunicación padres e hijos y las relaciones agresivas con los hermanos, contribuyen a la aparición del Trastorno de Conducta tanto de forma indirecta como directa.

Recomendaciones:

La familia como piedra angular, es la principal responsable de entregar a la sociedad individuos sanos para el fortalecimiento y desarrollo de la misma, gracias a Dios hoy en día contamos con programas llevados a cabo por el gobierno que nos permiten fomentar planes de acción por un mejor futuro, ¡manos a la obra!

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