Hablan los hechos

América Latina refuerza sus avances regionales

El mundo vive actualmente una etapa de cambio desde un sistema unipolar a otro multipolar en la que no dejan de estar presentes los elementos que generalmente acompañan cualquier proceso de transición, entre ellos las tensiones y las incertidumbres.

El proceso, que ya describimos en un artículo anterior, ha sido lento, con altas y bajas, pero sostenido. En el escenario actual, la interacción entre tres actores fundamentales (las potencias hegemónicas que hoy se resisten al declive, las naciones emergentes con capacidad para competir con las primeras y los países ubicados en la periferia de estos dos polos, cuya inmensa mayoría se inclina por sus propios intereses nacionales, aunque muy susceptibles a la dinámica de la competencia entre los mismos) definen el carácter de la evolución de los acontecimientos a escala mundial.

El nuevo sistema “policéntrico” es una realidad, aunque este aún no se exprese plenamente en las reglas y mecanismos de participación en los mercados y la competencia política, en las normas que rigen el funcionamiento de los organismos responsables de la gobernanza mundial, en los valores y reglas generalmente asociadas a un ordenamiento mundial. Tal afirmación en absoluto desmiente, como interpretan algunos, el gran peso específico de Estados Unido, la potencia militar y económica más grande del planeta, con indudable capacidad para inclinar la balanza a su favor, pero con dificultades visibles para lograrlo.

Las tensiones que hoy se viven en las zonas de mayor valor geoestratégico son una consecuencia de proceso de definición que actualmente experimenta el mundo. Estados Unidos, que ha confrontado serias dificultades en su afán por reorganizar geopolíticamente lo que Zbigniew Brzezinski denominó como el arco de la inestabilidad (la cuenca del mediterráneo y el área centroasiática, sobre todo en esta última), considerado clave para el control de la masa euroasiática, introdujo recientemente algunos cambios en su estrategia para contener el avance de Rusia y la consolidación de una alianza estratégica entre esta nación y la República Popular China, los cuales se tradujeron en un incremento de la presión en las zonas más próximas a las fronteras de ambos países emergentes.

Así, la administración del presidente Barack Obama forzó un proceso de definición de las influencias en Ucrania y concentró importantes fuerzas militares en la zona del lejano oriente, próximo a la frontera con China, lo que se hizo acompañar de iniciativas para revitalizar las alianzas en esta zona. La reciente gira del presidente estadounidense, que incluyó visitas a varios países del oriente lejano, es parte de estos esfuerzos.
Esta estrategia le ha reportado a Estados Unidos beneficios tangibles:

1.- Rusia, que logró emerger como potencia de las cenizas de la Unión Soviética casi en el mismo tiempo que le tomó a Alemania reaparecer como protagonista clave en el escenario internacional después de su derrota en la Primera Guerra Mundial, ha tenido que replegarse a sus propias fronteras, después de su éxito de resonancia mundial al evitar los ataques militares contra Siria anunciados por Estados Unidos tras comprobarse el uso de armas químicas en el conflicto que estremece a ese país árabe.

2.- Europa, que se negó a acompañar a Estados Unidos en su intención de atacar militarmente a Siria por temor a que su involucramiento en ese conflicto afectara el suministro de gas por parte de la Federación Rusa, que tiene intereses importantes en esa nación, terminó cerrando filas con la potencia del norte de América en contra de Rusia luego de la reacción de Moscú ante el derrocamiento del gobierno de Viktor Yanukovich.El “peligro geoestratégico” de Rusia opera como elemento cohesionador de occidente en torno a Estados Unidos.

3.-Los efectos del mega escándalo producido por las revelaciones del señor Edward Snowden, antiguo empleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, con potencial para generar consecuencias legales a lo interno de este país, susceptibles de salpicar, incluso, al propio presidente Obama, se redujeron de forma sustancial. Recuérdese que Snowden hizo sus revelaciones en territorio chino, recibiendo posteriormente asilo político en Rusia. Lo más grave de todo cuanto reveló Snowden fue que entre los espiados por la administración norteamericana figuraban sus propios aliados, como la canciller de Alemania, Ángela Merkel, que recientemente estuvo de visita en Estados Unidos como parte de los esfuerzos por reforzar las presiones contra Rusia.

4.- Al ejercer presión en las fronteras de Rusia y China, Estados Unidos ha logrado crear las condiciones para fortalecer su ofensiva contra el gobierno del presidente de Siria, Bashar al Asad, mediante el incremento del apoyo a los grupos insurgentes.

Rusia, por su parte, ha respondido reincorporando a su territorio toda la península de Crimea, donde tiene una de sus bases navales principales. Al propio tiempo, Moscú hace gala de su influencia en zonas muy sensibles de Ucrania y de su capacidad para desestabilizar este país en el momento en que se lo proponga.

Mientras las cosas se plantean de tal forma en las zonas más sensibles del planeta, en América Latina cobra fuerza la tendencia a aprovechar las condiciones favorables creadas por el “policentrismo” para reafirmar su soberanía y autodeterminación, para impulsar la cooperación y la integración intrarregional, así como para ampliar y consolidar las relaciones con otras regiones del mundo que han sido fundamentales para la sostenibilidad de su crecimiento económico.

Todo esto ha ido modificando el esquema de relación con Estados Unidos, haciendo posible iniciativas como la de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), cuya mediación fue de capital importancia para evitar la desestabilización de Venezuela.

El reciente encuentro de la CEPAL en Perú puso de manifiesto el compromiso de la región con políticas cada vez más distanciadas del neoliberalismo y a favor de la inclusión social, lo que en gran medida pone de manifiesto la naturaleza de los cambios que se han ido produciendo en los países que integran la región.

El giro en Colombia hacia posiciones más moderadas con el ascenso al poder de Juan Manuel Santos ha creado un ambiente propicio para el inicio de un diálogo con la guerrilla, que al decir de muchos académicos constituye el esfuerzo más serio a favor de la paz en toda la historia del conflicto, lo que a su vez ha contribuido a distender y mejorar sustancialmente las relaciones de este país con sus vecinos.

Los recientes triunfos electorales de Luis Guillermo Solís, del Partido Acción Ciudadana de Costa Rica; de Salvador Sánchez Cerén, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en el Salvador, y de Juan Carlos Varela, del Partido Panameñista en la República de Panamá, reafirman la aspiración de mayor justicia social de los pueblos latinoamericanos, que vinculan al fortalecimiento de su independencia y autodeterminación.

Con Luis Guillermo Solís, un académico que se opuso firmemente a la firma del tratado de libre comercio con Estados Unidos, Costa Rica experimentará un muy moderado, pero a la vez significativo giro a la izquierda. Ese país centroamericano decidió apartarse de las opciones políticas de siempre empujado por el aumento en la concentración de la riqueza, la creciente desigualdad y el deterioro de las instituciones claves.

Solís, un centroizquierdista moderado, se ha planteado modificar las prioridades de Costa Rica introduciendo algunos cambios en el modelo económico neoliberal, y propiciar al propio tiempo la diversificación de las relaciones internacionales de la nación, a su juicio demasiado centradas en Estados Unidos.

En Panamá, por su parte, el hoy presidente electo Juan Carlos Varela ha prometido reorientar la política exterior del país, que bajo el gobierno de Ricardo Martinelli se apartó de su línea de neutralidad y amistad con los países de América Latina y el resto del mundo, asociada a su posesión de la vía que comunica al Atlántico con el Pacífico, al convertirse en el único país de la región que apoyó en la OEA las acciones violentas de la oposición en Venezuela y sus esfuerzos por desestabilizar al gobierno legítimo de ese país. Este promete ser el cambio más significativo en el país que lidera el crecimiento económico en América Latina, y que en los últimos cinco años casi ha duplicado su producto interno bruto.

En general, todo apunta a que los cambios políticos que han tenido lugar en la región se traducirán en el fortalecimiento del proceso de construcción del espacio de diálogo y concertación política que une a los países que la integran, aún dentro de su gran diversidad. La tendencia a identificar las posibilidades de progreso con la eliminación del tutelaje parece ir cada día en aumento.

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