Opinión

El modelo policial nicaragüense

En una de las reuniones de trabajo de la Comisión Interparlamentaria de Seguridad Ciudadana y Administración de Justicia celebrada en Nicaragua participó como expositora Aminta Granera, jefa de la Policía Nacional de esa nación centroamericana, invitada por Santiago Rivas, Secretario Ejecutivo del Foro de Presidentes y Presidentas de Poderes Legislativos de Centro América y la Cuenca del Caribe.

El objeto de la disertación de la jefa policial era explicar a los congresistas que participamos en la reunión las claves que han convertido a la Policía de Nicaragua en la fuerza del orden más eficaz y mejor valorada de la región, luego de superar retos y desafíos institucionales.

Aquella mujer delgada, de estatura mediana y aspecto jovial abandonó el noviciado religioso para ingresar a la carrera policial. Estudió para ser monja. Es graduada de Sociología, Filosofía y Teología. Aminta Granera transformó el cuerpo policial desde que fue nombrada por el presidente Enrique Bolaños en el 2006.

Cuando llegó a la jefatura del cuerpo del orden, la policía nicaragüense enfrentaba una cantidad de debilidades estructurales, de liderazgo, de conducción y de organización operativa.

De modo que uno de los primeros desafíos de la nueva gestión era recuperar la legitimidad que esa institución venía perdiendo por diferentes situaciones que generaron crisis; así como también combatir la corrupción a nivel individual y a nivel estructural.

Aminta Granera comprendió que la seguridad ciudadana no es responsabilidad exclusiva del Estado y que la policía no estaba en capacidad de proveerla por sí sola. Entendió que había que dar participación a las comunidades en ese campo para lograr una relación cercana entre la ciudadanía y el cuerpo de policía, en lo que se ha denominado el modelo de “policía de proximidad” o “policía comunitaria”, con énfasis preventivo y un mayor grado de descentralización que garantice el control más cercano de los agentes de policía.

Las respuestas a los problemas generados por la violencia y la delincuencia en el nivel local son elaboradas por el Estado, el gobierno, los organismos no gubernamentales y la comunidad, desde una visión proactiva.

La Policía Nacional de Nicaragua presta especial atención a la violencia de pandillas o grupos de jóvenes involucrados en transgredir la ley o en riesgo de hacerlo. Desde 1999 desarrolló un plan integral para prevenir la violencia juvenil, promoviendo visitas casa por casa, a escuelas y conformados comités interinstitucionales para atender a los jóvenes en riesgo. La Policía promueve acciones preventivas y de reinserción, apoyándose en organizaciones sociales y en las propias familias de los “pandilleros”.

La institución policial aborda la violencia intrafamiliar y sexual enfocado a la atención integral, interinstitucional y multisectorial. Diseñó un modelo de atención que involucra a organismos estatales y no gubernamentales y que incluye prevención, asistencia y seguimiento médico, sicosocial y jurídico.

La Policía de Nicaragua es la única fuerza civil dirigida por una mujer en Centro América y el Caribe, por lo que el enfoque de género de este cuerpo del orden adquiere matices relevantes. En 2009 las mujeres en la policía representaban el 27 por ciento de la plantilla, el mayor porcentaje de mujeres policías en el mundo. Fueron revisados y ajustados los procesos de convocatoria, selección, reclutamiento y ascenso. Se privilegió la ubicación de mujeres en el área operativa y cargos de dirección.

Otros procesos que han contribuido al éxito de la Policía de Nicaragua, de acuerdo al experto en seguridad ciudadana Francisco Javier Bautista Lara, son el sistema de educación policial “Escuela total”, en el que la formación, capacitación y especialización policial se desarrollan durante toda la carrera del funcionario; la planificación institucional, sistematización para el registro y análisis de datos estadísticos policiales y delictivos; y el tratamiento y reclutamiento de las fuentes y de la información.

El notable éxito alcanzado por la fuerza del orden en el control de la violencia y la criminalidad, es un ejemplo de buena práctica que debemos estudiar los latinoamericanos con minuciosidad, a sabiendas de que esa nación forma parte de un mosaico de países donde se registran las tasas de homicidios y criminalidad más elevados del planeta.

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