Elpidio Báez
La controversial sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional Dominicano, que no reconoce la nacionalidad dominicana a los extranjeros y sus descendientes que residen de forma irregular en el país, colocó a la República Dominicana en la apretada agenda del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, gobierno global al que pertenecen 193 estados soberanos.
Para el máximo intérprete de la constitución dominicana resulta jurídicamente inadmisible fundar el nacimiento de un derecho a partir de una situación ilícita de hecho.
Como parte de su visita oficial, Ban Ki-Moon fue recibido en el Palacio Nacional por el presidente Danilo Medina, y en el Congreso de la República, los senadores y diputados celebraron una sesión solemne en honor a ese dignatario de autoridad universal.
Los discursos pronunciados por el secretario general de las Naciones Unidas en el Palacio Presidencial y en el Salón de la Asamblea Nacional ante las cámaras congresionales estuvieron centrados en los tres pilares que sustentan el quehacer de la mayor organización internacional: el desarrollo, los derechos humanos y la paz.
Cuando habló brevemente del pilar del desarrollo, se refirió a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, un plan de 15 años diseñado por los estados miembros para luchar contra la pobreza. “El mundo ha logrado mucho, y la República Dominicana ha hecho contribuciones importantes”, anotó.
Ban Ki-Moon testimonió que nuestro país ha reducido a la mitad el número de personas que padecen hambre y desnutrición; ha reducido la pobreza extrema; ha disminuido las tasas de infección por el VIH y se ha aproximado al acceso universal al tratamiento antirretroviral; un mayor número de niñas asisten a la escuela; hay más mujeres en cargos de autoridad. Elogió la inversión que hace el gobierno del 4 por ciento del producto interno bruto para la educación.
Dedicó más tiempo y espacio de su discurso para hablar del segundo pilar: los derechos humanos. Y cuando lo hizo avivó la intensa polémica generada por la sentencia 168-13. El secretario general de la ONU se explayó hablando del tema que lo trajo a República Dominicana.
Y para que no quedara dudas del motivo de su visita al país, inició el desarrollo de su disertación con una frase emblemática de nuestro Padre de la Patria Juan Pablo Duarte: “Sed justos lo primero, si queréis ser felices”.
A partir de esta cita, la atmósfera se tornó pesada. Los legisladores se miraban unos a otros con impaciencia, pero se acomodaron para escuchar el resto del discurso.
“Les pido que perseveren en esta ardua labor para lograr un consenso que permita resolver la apatridia, proteger los derechos de todas las personas afectadas y evitar la privación de la nacionalidad”. Ban Ki-Moon se estaba refiriendo a los efectos de la polémica sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional Dominicano que fijó nuevos criterios para otorgar la nacionalidad a extranjeros y sus descendientes que residen en situación irregular en el territorio dominicano; decisión que dio origen la Ley 169-14, a la convocatoria del Consejo Nacional de Migración y al diseño del Plan Nacional de Regularización de Extranjeros.
Reconoció al Congreso Nacional por la aprobación de la Ley 169-14, “encaminada a superar el problema humano que enfrentan miles de personas nacidas en la República Dominicana de ascendencia extranjera”. Además, aplaudió “la dedicación personal y el liderazgo del Presidente Danilo Medina en la promoción de esta nueva legislación”.
La Ley 169-14 establece un régimen especial para personas nacidas en el territorio nacional inscritas irregularmente en el Registro Civil dominicano, y sobre naturalización.
La nueva norma, su reglamento de aplicación y el Plan Nacional de Regularización, en fase de implementación, a juicio de Ban Ki-Moon, “representa un paso importante hacia el reconocimiento de la nacionalidad dominicana a esas personas”.
“Sé que todavía queda mucho por hacer y que la tarea no es fácil”, comentó el líder mundial a los senadores, diputados e invitados especiales que ocupaban sus asientos en el augusto salón de la Asamblea Nacional. “Exige compromiso y consultas profundas”, reflexionó.
La presencia de Ban Ki-Moon quedará en la memoria histórica de la sociedad dominicana porque ocupó su tiempo principalmente en hablarnos de un tema que resulta particularmente sensible: la nacionalidad.