A partir de la reforma constitucional que resolvió la crisis post-electoral de 1994, se produjo una profunda variación de las simpatías partidarias, que ha sido la clave de los resultados electorales hasta la actualidad.
La imposibilidad de reelegirse que tenía el Presidente Joaquín Balaguer en las elecciones de 1996, provocó un fenómeno de traslado de votos hacia el Partido de la Liberación Dominicana y su candidato Leonel Fernández, que ratificó el volatilidad coyuntural del electorado dominicano.
Algo parecido se había producido en 1990, cuando frente a la división del Partido Revolucionario Dominicano en dos facciones, el electorado escogió al Profesor Juan Bosch y al PLD, como la persona y el partido destinados a derrotar a Balaguer.
Seis años después se produce lo contrario, son los votos tradicionales del reformismo, los que escogen a Leonel Fernández para derrotar a José Francisco Peña Gómez, el candidato del PRD.
Entre otros muchos, el líder del PRD cometió dos errores principales:
En primer lugar permitió que Balaguer y el PLD se pusieran de acuerdo imponiendo el 50% mas un voto para ganar la presidencia en las elecciones del 1996.
Históricamente esta ha sido una barrera muy difícil de romper en unas elecciones en nuestro país. Hay que trasladarse a las elecciones del 20 de diciembre de 1962, cuando Juan Bosch obtuvo el 62% de los votos válidos, para tener referencia de que un partido en solitario alcanzara tal cantidad de sufragios a su favor.
Lo segundo, es que minimizó la capacidad de maniobra de Balaguer, quien leyó perfectamente su realidad; que las elecciones de 1996 fueron impuestas para extrañarlo a él y a su partido del poder, y entendió la necesidad de renovar su relación con Juan Bosch e intentar una alianza con el PLD y los que habían asumido la dirección de ese partido.
Toda la campaña electoral de Peña Gómez, estuvo centrada en un discurso en contra de la tercera fuerza política, el PRSC, como si las elecciones se tuvieran que decidir con el método del presidencialismo proporcional, donde la primera mayoría, que el creía tener asegurada, iba a decidir quien sería el presidente sucesor de Balaguer.
Por esto, toda la propaganda y los discursos del PRD miraban hacia el pasado, como si Balaguer fuera el candidato, olvidándose que, en caso de una segunda vuelta electoral, necesitaría sumar por lo menos una parte del electorado reformista para poder ganar las elecciones y ser presidente de la República.
Los resultados de las elecciones en la primera vuelta fueron claros. La mayoría del electorado reformista había votado masivamente a favor del PLD.
En las elecciones de 1994, con el sistema de elección proporcional, el PRSC obtuvo el 42.30%, el PRD 41.60% y el PLD el 13.10%.
Veinte y un meses mas tarde, es decir en las elecciones del 16 de mayo de 1996, en la primera vuelta electoral, el resultado fue el siguiente: PRSC y aliados 15.0%, PRD y aliados 44.2 %, PLD 38.9%.
Es claro que con el viejo sistema de elección o con una reforma que no hubiera sido del 50% mas un voto, las posibilidades de que el PRD y Peña Gómez hubieran ganado las elecciones eran muy altas.
Sin embargo, la campaña electoral dirigida en contra de Balaguer y la evidente tendencia del electorado reformista al apoyo del candidato del PLD, provocarían una nueva situación para la segunda vuelta, que se constituiría en un fenómeno político permanente por la fuerza de la alianza de boschistas y balagueristas, además de la desaparición física de ambos líderes históricos.
Más que los resultados electorales de todos conocidos, lo que ocurrió con el acto de Frente Patriótico, que selló públicamente el reencuentro político de los viejos adversarios que construyeron nuestro sistema democrático, fue dar la bienvenida al nuevo sistema de presidencialismo de mayoría absoluta, que imponía la reforma constitucional de 1994.
Este sistema fue usado para dar estabilidad a las sufridas democracias de nuestro continente, marcadas por mas de 300 golpes de estado en menos de un siglo, obliga en su esencia a las alianzas de las dispersas fuerzas políticas de nuestros países, aparentemente irreconciliables en sus enfrentamientos ideológicos y personales.
¿Quién se podía imaginar en 1990, cuando las cuestionadas elecciones de ese año llevaron al alejamiento y enemistad de Balaguer y Bosch, que seis años más tarde presidirían juntos, en representación cada uno de ellos de sus partidos, un acto de alianza electoral?
Esto solo fue posible por el cambio del sistema de elección presidencial proporcional, con el cual Peña Gómez hubiera sido proclamado presidente en 1996, a un sistema de elección por mayoría absoluta, donde fuerzas políticas enfrentadas estaban obligadas a pactar.
Este es el ejemplo en República Dominicana de cohabitación electoral entre el PLD, un partido formado por Juan Bosch como de liberación nacional y el PRSC, que a su vez representaba en Balaguer, a fuerzas políticas de sello conservador.
Aunque el resultado de la segunda vuelta electoral fue estrecho, esta alianza dio un alto grado de legitimidad al Presidente Leonel Fernández en 1996, aunque su partido tenía una mínima representación en el Congreso.
A partir del proceso electoral de 1996, en la República Dominicana no se ha presentado ninguna de las crisis post electorales a que estábamos acostumbrados desde 1966.
Con el antiguo sistema de elección presidencial proporcional, se realizaron siete elecciones después de la guerra civil, y en solo una, 1982, no se presentaron fuertes cuestionamientos a los resultados, lo que obligaba a soluciones pactadas, muchas veces violando las reglas con las que se efectuaban los procesos electorales.
Desde la reforma de 1994, donde se implementó el 50% mas uno y el sistema de doble vuelta, se han celebrado cinco procesos para elegir al presidente de la República y en ninguno de ellos hubo que negociar nada fuera del conteo de votos, aceptado por todos, algunas veces al regañadientes, de parte de la Junta Central Electoral.
Si hablamos de América Latina, donde la mayoría de los sistema electorales fueron transformados a mayoría calificada y doble vuelta, solo se han presentado problemas relacionados con golpes de fuerza en Venezuela en 1992 y 2002, Honduras en 2009 y Paraguay en 2012.
Hay que hacer notar que solo en Venezuela se produjeron acontecimientos que incluyeron las asonadas militares tradicionales, ya que en Honduras medió una sentencia contra el Presidente Manuel Zelaya por parte de la Suprema Corte de Justicia y en Paraguay se produjo un juicio político de parte de la Cámara de Diputados en contra del Presidente Fernando Lugo.
Entonces el resultado de la implementación de este sistema electoral, ha dado estabilidad a las democracias de nuestro continente, aunque existen otros factores que han contribuido, sin dudas, esta reforma ha sido fundamental.
¿Porqué la estabilidad? porque se cumple una de las características principales del sistema presidencial en su origen, dos partidos que se enfrentan por el poder en procesos electorales con pocos u ningún cuestionamiento.
En los Estados Unidos, primer país con un sistema presidencialista, siempre han existido solo dos partidos con posibilidades de ganar las elecciones, aunque no está prohibido crear partidos alternativos, el electorado se identificó con el GOP Partido Republicano o el Partido Federalista, que sería sustituido en el siglo XIX por el Partido Demócrata.
Pues en un sistema de doble vuelta, a pesar de la existencia de múltiples opciones partidarias, se da el fenómeno de matizar las posiciones intra-partido e ideológicas con el objetivo de tener acceso al poder.
Es decir, las negociaciones que son comunes en el sistema de elección parlamentaria para, con la mayoría, formar gobierno, en nuestro caso se hace para la primera o segunda vuelta electoral, lo que obliga a crear frentes o alianzas con agrupaciones políticas que antiguamente eran enemigas irreconciliables.
En la practica, la existencia de dos partidos únicos, es sustituida por dos coaliciones conformadas para ganar las elecciones y ejercer el poder, típico del sistema parlamentario, pero sin que exista el voto de castigo o ruptura de la alianza con la convocatoria de elecciones anticipadas.
Lo que ocurrió en Chile en el año 1989, es el mejor ejemplo del funcionamiento de este bipartidismo multipartidario.
Frente al plebiscito convocado por el dictador Augusto Pinochet y ante la posibilidad de que este se hiciera eterno en el poder, los partidos de tendencia socialista, encabezados por el Partido Socialista, que había sido perseguido en forma inmisericorde por la dictadura, llegaron a un acuerdo político con la Democracia Cristiana, una de cuyas ramas había apoyado el golpe de estado.
Después que derrotan a Pinochet, esta agrupación de partidos, llamada Concertación de Partidos por la Democracia, gana consecutivamente cuatro procesos electorales a un frente electoral multipartidario que mezclaba a seguidores de Pinochet y partidos de derecha.
En el año 2009, la Coalición por el Cambio, grupo de partidos de derecha, ante la división de la Concertación de partidos por la Democracia, gana las elecciones, perdiéndolas cuatro años mas tarde de parte de Nueva Mayoría.
Existen entonces en Chile, dos agrupaciones multipartidarias que se disputan el poder cada cuatro años, e incluso, partidos como el Partido Comunista, que había permanecido como fuerza aislada, tuvo que plegarse a la realidad electoral e integrarse a Nueva Mayoría, que no es mas que el cambio de nombre y aumento de miembros de la Concertación, para formar parte del gobierno de Michelle Bachelet que actualmente gobierna Chile.
En nuestro país, a partir de la reforma de 1994 y el apoyo del PRSC al PLD en la segunda vuelta electoral de 1996, ha sucedido un fenómeno muy parecido.
Después de ganar las elecciones de 1996, Leonel Fernández y el PLD iniciaron un proceso político que transformaría hasta hoy en día en cuadro electoral de la República Dominicana.
En las elecciones de medio termino del año 2010, el factor emocional jugó un papel primordial en el resultado, ya que al morir Peña Gómez cinco días antes del proceso electoral y el uso que se dio a su cadáver al finalizar la campaña para elegir el Congreso y los Ayuntamientos, el PRD ganó por amplia mayoría.
Además ya se había producido una ruptura del Frente Patriótico, por lo que las fuerzas del PLD y el PRSC fueron separadas, resultando ambas derrotadas por el PRD, partido al que habían vencido aliados en 1996.
En al año 2000, de nuevo tres fuerzas, aunque la realidad es que una parte del reformismo apoyó desde la primera vuelta electoral a Hipólito Mejia y el PRD, quien no llegó al 50% mas uno de los votos, pero sin embargo, el triunfo le fue reconocido tanto por el PLD, que quedó en segundo lugar y como por el PRSC que quedó en el tercer lugar.
Ya el PLD comenzaba a construir su futuro electoral sobre la base de las alianzas, puesto que la diferencia mínima entre el segundo y tercer lugar, la dieron los votos del BIS, un desprendimiento del PRD, aliado en la primera vuelta al PLD y su candidato Danilo Medina.
A partir de las elecciones del año 2004, siempre ha ganado el PLD, formando grandes alianzas electorales con grupos no partidarios, denominados sector externo y las fuerzas políticas organizadas y reconocidas por la JCE.
Nunca, el PLD como fuerza política única, ha alcanzado el 50% mas un voto en un proceso electoral, lo mas cercano que estuvo de lograrlo fue en las elecciones del 2004, cuando obtuvo en la primera vuelta el 49.02% de los votos válidos.
Sin embargo, sus candidatos, Leonel Fernandez y Danilo Medina, siempre ganaron en la primera vuelta por mayoría absoluta, fruto de la construcción de una fuerza multi-partidaria que ha ganado las ultimas cinco elecciones que se han celebrado en la República Dominicana.
La lectura correcta de la realidad electoral del país, es lo que ayudó a construir el Bloque Progresista, que en las elecciones del año 2012 sumó 12 partidos, además del PLD y el PRSC que apoyaron la candidatura ganadora de Danilo Medina.
Sin dudas, la inmadurez y personalismo de los que dirigen al PRD de oposición, es lo que ha impedido la construcción de un sistema de dos fuerzas organizadas que se enfrenten en cada proceso electoral dominicano, que a su vez de mayo estabilidad e institucionalizad al sistema político, a través de la elección presidencial por mayoría absoluta, tal como ha sucedido en otros países.
El presidencialismo supone la existencia de una mayoría que elige a quien gobernará una nación por un periodo de tiempo definido.
Para que este supuesto sea una realidad, es necesario que exista un sistema bipartidista, como el que ha sido organizado en los Estados Unidos, único lugar del mundo donde el presidencialismo ha funcionado sin interrupción desde la fundación de la Unión en 1776.
Los sistemas políticos latinoamericanos al contrario, históricamente se han caracterizado por una gran fragmentación y dispersión, lo que impide la elección por mayoría del gobernante, a lo que se agrega que usualmente tenga también que enfrentarse a una mayoría contraria en los parlamentos.
Es decir, se pueden elegir gobiernos de doble minoría, cuando la democracia tiene como premisa principal asumir el gobierno en representación de la mayoría del pueblo.
Para tratar de remediar este fenómeno, que provocaba inestabilidad en los sistemas políticos de nuestros países, en la década de los 80 y 90, cuando la mayoría de las dictaduras abandonaron el poder, se realizaron cambios constitucionales para adoptar el balotaje, sistema francés de dos vueltas electorales.
Si en una elección, un candidato a la presidencia no ganaba con la mayoría constitucional calificada, estaba obligado a enfrentarse en una segunda vuelta con el candidato que obtuvo el segundo lugar.
A pesar de que estas reformas no han resuelto el problema de las minorías parlamentarias con que muchos presidentes latinoamericanos han tenido que gobernar, no hay dudas de que el sistema ha traído estabilidad y legitimidad a nuestros sistemas políticos.
En el caso de nuestro país, la reforma trajo como consecuencia la formación de una coalición multi-partidaria de amplia base y diversos actores ideológícos, alrededor del PLD y sus candidatos, tanto a la presidencia de la República como a los cargos electivos del Congreso y las Alcaldías, que ha sido la formula para la estabilidad institucional y la coherencia de las políticas públicas, validadas por los resultados de las ultimas cinco elecciones realizadas en la República Dominicana.