Hablan los hechos

Problemas haitianos fueron detonante del golpe a Bosch en 1963

Derrocado el primer gobierno dominicano elegido democráticamente por el pueblo tras la dictadura de 31 años, el 25 de septiembre de 1963, el Presidente Juan Bosch dedicó parte importante de su agenda a investigar los hechos que precipitaron el acontecimiento, sin conformarse con las apariencias y los informes de organismos nacionales e internacionales, controlados por los Estados Unidos.

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El fallido intento del gobierno norteamericano de John F. Kennedy por derrocar el régimen haitiano de Francois Duvalier desde territorio dominicano sin el consentimiento del gobernante quisqueyano, condujo al crimen contra la naciente democracia dominicana, en procura de salvar la imagen estadounidense en el exterior.

El fino olfato político e intelectual provocó en Bosch la sospecha de que el golpe de Estado que puso fin a su gobierno a los siete meses de instaurado no pudo ser decidido por militares y políticos dominicanos, por mucho que lo desearan, como creyeron hasta los mismos dirigentes de su partido de entonces, el Revolucionario Dominicano (PRD).

Gracias a sus investigaciones, el escritor y político comprobó su hipótesis de que el Golpe de Estado tenía “una historia secreta”, cuyos datos se encontraban en el libro Papa Doc, de los escritores Bernard Diererich, neozelandés casado con una haitiana, y su colaborador Al Burt, norteamericano.

Para completar la reconstrucción del acontecimiento, Bosch escuchó testimonios de revolucionarios haitianos conocidos en República Dominicana, Puerto Rico y Francia, según explicó en una serie de discursos transmitidos por el programa radial Tribuna Democrática al retornar del exilio en 1970, cuyos textos, corregidos por el autor, fueron publicados en la revista Teoría y Acción del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), en 1983.

Duvalier como problema de Kennedy

Tras el triunfo de la Revolución Cubana encabezada por Fidel Castro el poder norteamericano cambió su política de respaldar dictaduras latinoamericanas, presionado por los gobiernos democráticos de la región que lo exigieron como requisito para apoyar a Estados Unidos en su lucha contra el comunismo.


El dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo Molina, producto de la política del Gran Garrote de Norteamérica, cayó abatido el 30 de mayo de 1961 con armas suministradas por la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA), lo que demuestra el drástico cambio de los intereses imperiales en el hemisferio.

El doctor Duvalier, médico haitiano graduado con honores en la universidad de Columbia, gobernaba dictatorialmente la República de Haití desde hacía varios años, y como era de esperarse, estaba en la misma lista de Trujillo para ser desalojado del poder con el auspicio de los yanquis.

Pero Duvalier resultó ser un hueso duro de roer para el poder norteamericano, probablemente porque además de controlar económica, política y militarmente la patria de Toussain Louvertoure, era también un líder mágico religioso, en quien el pueblo veía capacidad para sojuzgarle con poderes sobre naturales tanto en esta vida como en la venidera. Ese poder del médico haitiano jamás logró tenerlo el generalísimo dominicano.

Todos los houganes, sacerdotes del voudú, que es la verdadera religión haitiana, estaban al servicio de Duvalier, infundiéndoles a sus fieles respeto y veneración por la figura del gobernante, mientras éste le trataba a pedir de boca, distinguiéndoles con ritos, cenas y fiestas en pleno Palacio Nacional.

Lo que no hizo Trujillo en República Dominicana lo hizo Duvalier en Haití. Retiró la misión de oficiales de de las instituciones castrenses de los Estados Unidos. Como es de conocimiento común, el control policíaco- militar de los haitianos no dependía de las fuerzas regulares, creadas y adoctrinadas por los Estados Unidos, sino por una fuerza especial conocida como los Tonton Macoutes (Hombres del Macuto), leales al dictador, que perseguían con saña a sus opositores, dentro y fuera del país.

La intolerancia de Duvalier llegó a provocar la reacción del gobierno de Bosch en abril de 1963, después que su policía invadió la embajada dominicana en Haití, lo que en política internacional se considera una violación a la soberanía de una nación.

Probablemente, el encontronazo de la dictadura haitiana con el gobierno democrático de la República Dominicana pudo ser visto por los estrategas norteamericanos como su oportunidad para vincular la responsabilidad de las autoridades locales con acciones para derrocar el molestoso régimen duvalierista.

El intento de involucrar a la República en ataque a Duvalier

Así lo relata Bosch: “A mediados del año 1963 recibí una llamada telefónica de Juan M. Díaz, un dominicano que vive en New York desde hace por lo menos treinta y cinco años; me dijo que quería verme y llevarme a una persona y que se trataba de algo urgente. Le respondí que fuera a mi casa a medio día, y cuando fue me presentó a su amigo: era el ex general haitiano Leon Cantave, un hombre alto, claro para ser haitiano, de pelo blanco, que había sido jefe del Ejército de Haití en los primeros años del régimen de Duvalier”.


Revela el fundador del PLD: “Díaz y Cantave iban a pedirme que les facilitara medios, armas y una base en territorio dominicano para preparar una expedición contra el gobierno de Duvalier. Antes que ellos, otros haitianos me habían pedido lo mismo, y entre esos recuerdo al padre Jacinto, a Pierre Rigaud, a Louis Dejoie; a todos los cuales les había respondido lo mismo que les dije ese día a Juan M. Díaz y al ex general Cantave: que el gobierno que yo presidía no podía intervenir en los asuntos de otro país porque el día que lo hiciera no tendría autoridad moral para impedir que otro gobierno interviniera en los asuntos dominicanos”.

El gobernante les refirió, de acuerdo a sus revelaciones, el incidente en la embajada dominicana en Haití. “Estuvimos preparados en el mes de abril para actuar en contra de Duvalier porque este invadió con su policía la embajada dominicana en Haití”, indicó, para añadir: “pero no podemos entrar en actividades ocultas y conspirativas contra Duvalier, porque eso sería intervenir en los asuntos políticos de los haitianos y además es contrario a los principios de un gobierno democrático, pues en el régimen democrático no se hacen ni deben hacerse cosas ocultas”.

Bosch confiesa haberle sorprendido la prisa con que Díaz y Cantave aceptaron su explicación. “De hecho, no trataron de convencerme de que debía complacerlos, y se fueron, y yo me quedé pensando en lo rara que parecía su actitud, porque desde New York a viajar a Santo Domingo para plantear un asunto tan importante e irse sin hacer esfuerzo para conseguir lo que habían venido a buscar era algo que no me parecía normal”.

De no haber sido por las indagatorias hechas durante años después del Golpe de Estado, Bosch jamás le habría encontrado explicación a la prisa de Díaz y Cantave. Aquella visita, según arrojaron las investigaciones, se trató más bien de una coartada, que de la búsqueda de apoyo de un gobernante contra un enemigo común.

Bosch concluyó en que “esa visita tenía un propósito secreto, pues al general Cantave no le hacía falta que yo le dijera que sí ni le importara que le dijera que no. Por detrás de él había una fuerza poderosa, mucho más poderosa que la del Presidente de la República Dominicana. Lo único que necesitaba esa fuerza era usar la visita del ex general Cantave a mi casa, sin importarle lo que yo le hubiera dicho. Y así fue”.

El golpe como recurso para salvar imagen de Kennedy

En julio de 1963, un haitiano le hizo llegar al Presidente Bosch una nota en la que le pedía una cita para informarle los motivos por los que había decidido desertar de “el campamento de Sierra Prieta”, dando por hecho que el gobernante sabía de unos ejercicios militares que se estaban practicando en ese paraje cercano a la Capital, bajo el mando del ex general León Cantave.


Por la conversación con el desertor, el Presidente se enteró de que su ministro de las Fuerzas Armadas, general Elby Viñas Román, tenía conocimiento de las operaciones militares clandestinas. En reunión con el alto oficial y el general Renato Hungría, jefe del Ejército, comprobó la versión oficiosa.

“Cuando les pregunté si era verdad que en Sierra Prieta había haitianos haciendo entrenamiento militar, el general Viñas Román contestó que si, y al preguntar yo que quién había autorizado eso, me respondió que él había dado las órdenes porque el general Cantave le había dicho que yo había aprobado esa medida, pero que si yo no estaba de acuerdo con lo que estaba haciéndose daría inmediatamente las órdenes para que los haitianos abandonaran el lugar”, explicó Bosch.

Pese a las palabras del ministro, reveló Bosch, todo siguió igual en Sierra Prieta, comarca a la que llegaban supuestos y reales desertores del ejército haitiano, muchos de los cuales resultaron ser auténticos espías al servicio del dictador Duvalier.

“Por medio de esos espías, Duvalier se hallaba enterado al día de lo que estaba pasando en Sierra Prieta, a pocos kilómetros de la capital dominicana. Lo que sabía Duvalier en Puerto Príncipe lo sabían aquí los agregados militares de los Estados Unidos, y lo sabía el embajador norteamericano John Bartlow Martin, que después de la intervención de su país en el nuestro, escribió un libro lleno de mentiras destinadas a ocultar su papel en esos hechos; pero no lo sabía el presidente de la República Dominicana”, agregó.

Así las cosas, los haitianos rebeldes fueron trasladados a Dajabón en agosto, para desde allí penetrar a su territorio con el propósito de derrocar el gobierno de Duvalier. Por contar con el apoyo norteamericano, los expedicionarios lucían uniformes y calzados nuevos, armados con los fusiles que le ocupó el ejército de Trujillo a los revolucionarios que vinieron a combatirle en junio de 1959.

El Presidente Bosch visitó la localidad de Capotillo, Dajabón, a la inauguración de una escuela el 16 de agosto de 1963, con motivo del centenario de la Restauración de la República, cuyo escenario fue ese lugar histórico.


El ambiente que observó el Presidente en la zona era de gran tensión, con inusual presencia de militares dominicanos con el supuesto propósito de evitar un atentado contra el gobernante, quien después se enteró que era producto de que Cantave, al ser derrotado por las fuerzas de Duvalier, había tenido que retornar aparatosamente a territorio dominicano, ocultándose en la zona fronteriza.

Mientras grupos de abogados haitianos, auspiciados por la Agencia para el Desarrollo de los Estados Unidos (AID) y la CIA, hacían graves denuncias contra el gobierno de Haití en el extranjero, Cantave preparaba otro ataque, dando a entender a Duvalier que todo se hacía con la aprobación de las autoridades dominicanas.

El último ataque de Cantave se produjo el 22 de septiembre de 1963. Bosch señala: “estoy en condiciones de decir que durante los meses de agosto y septiembre de aquel año, el general Viñas Román viajó varias veces a Dajabón sin informarme a dónde iba y a qué iba, y que fue él quien le transmitió a Cantave la orden, que a su vez habían dado los miembros de la misión militar norteamericana en el país, de que el próximo ataque a Haití debía ser por Juana Méndez”.

Añade que en esta incursión guerrillera “había haitianos que habían llegado de New York, enviados por organizaciones que recibían fondos de la CIA, y volvieron a New York después del último fracaso de Cantave”.

El ex general haitiano volvió a ser derrotado por las fuerzas de Duvalier, que lo persiguieron junto a sus tropas en desbandada hasta cerca de la frontera con Dajabón, ciudad en la que cayeron muchos tiros de los disparados por las fuerzas duvalieristas, situación que llegó a los oídos del Presidente Bosch.

El gobernante dominicano se reunió con los jerarcas militares, quienes no mostraron mayores preocupaciones por lo que ocurría. También dio instrucciones al ministro Héctor García Godoy, para que le pidiera la representante dominicano en la Organización de Estados Americanos (OEA), para que solicitara una aclaración ante ese organismo.

Al percatarse el embajador norteamericano y la misión militar de que las acciones iban a ser conocidas de todo el mundo, con el deterioro de la imagen del presidente norteamericano, decidieron derrocar el gobierno que estaba solicitando el esclarecimiento de las operaciones en su territorio sin consentimiento oficial.

“Así pues, para salvar el prestigio de Kennedy y de los altos funcionarios de su gobierno que pusieron en práctica el plan de las guerrillas haitianas del ex general León Cantave, incluyendo entre ellos al embajador Martin, se tumbó el gobierno de la República Dominicana, que había sido elegido diez meses antes con una mayoría aplastante de votos sobre el partido que ocupó el segundo lugar en las elecciones de 1962”, concluye Bosch.

De manera que, si bien es cierto que hubo muchas conspiraciones contra el gobierno boschista por parte de sectores reaccionarios y enemigos del pueblo, la realidad fue que el detonante de su derrocamiento estuvo en problemas haitianos que se trataron de resolver utilizando inconsultamente a la República Dominicana.

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