La frontera dominico haitiana es muy sui generis, ya que resulta poco común en este planeta encontrar una isla dividida en dos estados naciones. Existen islas que tienen divisiones políticas pero tienen mucho parecido en sus componentes, como el caso de Irlanda que tiene Irlanda del Norte y la República de Irlanda. Son la misma gente, se trata de una división política por la presencia de Gran Bretaña.
Otra caso es la propia Gran Bretaña. La Isla Británica, tiene Escocia, Inglaterra y Gales pero son parte de una misma entidad político jurídica. Hablan el mismo idioma, tienen la misma raza y la misma cultura.
En el caso de Haití y República Dominicana realmente es un caso excepcionalmente suis generis en la medida en que son dos culturas, no solamente por los orígenes, si no que tienen dos formas diferentes de ver el mundo, de actuar, de trabajar y de relacionarse.
La definición de esa frontera fue muy tortuosa, explica el economista Julio Ortega Tous, ex secretario ejecutivo de la Comisión Mixta Bilateral. Primero, entre las dos potencias coloniales cuando España le cede a Francia la parte occidental de la Isla en el tratado de Rijswijk, 1697, y después en el Tratado de Aranjuez que es el que delimita la frontera.
En esta frontera delimitada, se da un recorrido desde la desembocadura del río Pedernales a la desembocadura del río Dajabón. Pero esta no es la actual frontera porque República Dominicana cedió, en el 1929, el Valle de la Miel que estaba incorporado ya a Haití desde hacía mucho tiempo, y se oficializó en ese momento.
“Mucha gente habla de las monstruosidades de Trujillo, las cuales son ciertas. Pero él aceptó el tratado del 1929, de limitación fronteriza y el protocolo de complementación de ese tratado fronterizo que aparece en nuestra Constitución del año 1936, y que también incorpora esa cesión de 5 mil Km cuadrados”.
Ortega Tous considera que después del 37, en plena dictadura de Trujillo, es que se inicia la única política coherente que hasta hoy se ha sentido en cuanto a este tema: La dominicanización de la frontera. “Ciertamente la frontera no estaba poblada o su nivel de población era muy bajo. Todavía lo es hoy. Pero en aquel entonces eran zonas despobladas totalmente y cada vez más ocupada por nacionales haitianos”.
Comenta que en el 1920 cuando los norteamericanos hacen el primer censo de población de este lado de la isla había 890 mil habitantes, mientras que en Haití había dos millones. Eso se fue modificando en la medida que la economía dominicana se fue desarrollando y la población también y ya hoy ambos países tienen una población similar.
En el caso nuestro, la frontera estaba muy despoblada, por tanto no había presencia del Estado dominicano y había poco control, señala Ortega Tous. Lo que hizo Trujillo fue sembrar pueblos, como Dajabón, que era una aldea y la hizo un pueblo, con parque, con una urbanización muy clara. Igual pasó con Bánica, Pedro Santana, Jimaní Elías Piña y Pedernales.
Todas esas poblaciones fueron construidas junto con destacamentos y fortalezas militares y además se le agregó un plan de poblamiento, de incentivo a las personas que se estableciera ahí e, inclusive, de traer inmigrantes. Trajeron españoles, japoneses, húngaros, que eran agricultores. Eso se mantuvo así hasta que cayó la dictadura. Una vez que cae la dictadura las políticas fronterizas comenzaron a hacerse más laxas, explica.
“Inclusive en los últimos años de la dictadura el ímpetu con que se implementó en los años 30 y 40 decayó un poco a finales de los 50 y en los 60 fue abandonada. Cuando termina el periodo de inestabilidad entre el 61 y el 65, en el 66 Joaquín Balaguer da inicio a una política de cierre de la frontera”.
Durante todos los años en que Balaguer fue presidente, cuenta Ortega Tous, la frontera estuvo cerrada, no había tráfico, no había intercambio, solo pasaban los braceros haitianos que venían al corte de la caña y que se suponía que venían con un contrato provisional y que tenían que ser devueltos. El problema es que muy pocas veces fueron devueltos. Se formaron esos núcleos internos aquí en los bateyes, dentro de este territorio dominicano
“Es tan así que todavía hoy en día para un vehículo pasar la frontera debe tener una autorización del ministerio de Relaciones Exteriores. Ese era un permiso que lo daba la Presidencia y fue delegado a Cancillería.
Julio Ortega Tous considera que el gran problema de la frontera en los últimos 40 años consiste principalmente en la falta de infraestructuras. “El Estado dominicano que había sido muy proactivo en la construcción de infraestructuras tanto agrícola como viales, ahora ha abandonado la zona fronteriza”.
Luego del protocolo del 36 se construyó la llamada Carretera Internacional, la cual es el eje internacional es la frontera, un carril le pertenece a República Dominicana y el otro a Haití. Inclusive está determinado que a 50 metros de la carretera no puede haber asentamientos humanos. “Ahora tú ves las casas casi arriba de la propia carretera”.
Según Ortega Tous, una de las cosas importantes que está pendiente en la agenda entre ambos países es el tema de las infraestructuras en diferentes sentidos. Primero para el desarrollo económico en la frontera, y segundo, a su entender la República Dominicana tiene que asumir junto con la comunidad internacional el tema de servicios no entregados por el Estado haitiano. “Un estado totalmente fallido que es incapaz de proveer el más mínimo servicio social básico a la población”.
El Estado dominicano, dice Ortega Tous, tiene que plantearse resolver algunos problemas junto con la financiación y participación de la comunidad internacional, Francia, Canadá, Japón, la comunidad de estados Latinoamericanos, Venezuela que tiene muchas sensibilidad con el tema haitiano. “Bueno, vamos a crear toda una cantidad de hospitales del lado haitiano y que los dominicanos puedan aportar una cuarta parte del personal y del presupuesto, pero que los otros también se hagan cargo”.
Aquí se ha discutido mucho últimamente el tema de un muro fronterizo, destaca Tous. “Mucha gente dice que es un disparate un sueño, que no resuelve nada. En este caso yo creo que sí. Porque lo primero que tenemos que hacer es ordenar los flujos migratorios, mientras no lo ordenemos estamos caminando hacia un gran desastre. Porque en algún momento la capacidad de tolerancia de la población dominicana a la presencia haitiana que deprimen el salario y compiten con el trabajo, se va colmar. Y si a eso le agregamos las diferencia culturales, las diferencias de costumbres eso puede ser una bomba de tiempo. Entonces nosotros tenemos que tener una política migratoria clara tenemos que saber qué cantidad de haitianos, cuántos y que sectores entendemos que vamos a aceptar”.
Ortega Tous advierte que no se debe olvidar que la Isla de Santo Domingo es la isla más poblada de todas Las Antillas, casi el doble de la población que tiene Cuba, con problemas ambientales terribles como es la gran devastación de bosques que hay en Haití.
“Si eso no se controla con una política clara y si el muro aunque no sea en los 390 kilómetros que tiene la frontera por lo menos en las partes más críticas debe hacerse. En el mundo hay ejemplos enormes de muros. Entre Estados Unidos y México hay un mucho de 3 mil kilómetros. Así como ese hay muchos otros yo creo que sería una muy buena idea construir si no en la totalidad de la frontera por lo menos en los segmentos más críticos. Y mantener una vigilancia moderna a través del cuerpo especializado de seguridad fronteriza”.
Pero eso hoy en día no es así. Inclusive en cierto sentido se ha convertido en un negocio, dice Ortega Tous.