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Viernes de Dolores

El Viernes de Dolores está pensado para consolar a la Virgen. Al final de la cuaresma y dos días antes de la Semana Santa la cristiandad se centra especialmente en acompañar a la madre de Jesús que ha vivido momentos muy dolorosos. Dolores que van a darse en situaciones muy diferentes, algunos de una intensidad y una fuerza excepcionales como son los de la crucifixión, el descendimiento y la sepultura.

Siete dolores de la Virgen se cuentan:

1º. La profecía de Simeón (Lc. 2, 22-35) la profecía del anciano Simeón la sumergió en profundo dolor al oírle decir: “Este Niño está puesto para ruina y resurrección de muchos de Israel, y una espada traspasará tu alma”.

2º. La persecución de Herodes y la huída a Egipto (Mt. 2, 13-15) fatigas, trabajos y sobresaltos que sufrio al huir a Egipto en compañía de San José para poner a salvo la vida del Niño Dios tras aquella sentencia de Herodes.

3º. Jesús perdido en el Templo, por tres días (Lc. 2, 41-50) Jesus se pierde durante tres días causando con esto profundo dolor a su madre terrenal.

4º. María encuentra a Jesús, cargado con la Cruz (Vía Crucis, 4ª estación) Verdaderamente, calle de la amargura fue aquella en que encontraste a Jesús tan sucio, afeado y desgarrado, cargado con la cruz que se hizo responsable de todos los pecados de los hombres, cometidos y por cometer.

5º. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor (Jn. 19, 17-30) María, Reina de los mártires, el dolor y el amor son la fuerza que los lleva tras Jesús, ¡qué horrible tormento al contemplar la crueldad de aquellos esbirros del infierno traspasando con duros clavos los pies y manos del salvador! Todo lo sufriste por mi amor. Gracias, Madre mía, gracias.

6º. María recibe a Jesús bajado de la Cruz (Mc. 15, 42-46) Jesús muerto en brazos de María. Que dolor tan grande ha de haber experimentado en aquel momento al tener el cuerpo de su hijo sin vida entre sus brazos!

7º. La sepultura de Jesús (Jn. 19, 38-42) Acompañas a tu Hijo al sepulcro y debes dejarlo allí, solo. Ahora tu dolor aumenta, tienes que volver entre los hombres, los que te hemos matado al Hijo, porque Él murió por todos nuestros pecados. Y Tú nos perdonas y nos amas.

Siete Dolores que traen consigo siete gracias que la Santísima Virgen concede a las almas que la honran diariamente (considerando sus lágrimas y dolores) con siete Avemarías:

1º. Pondré paz en sus familias.

2º. Serán iluminados en los Divinos Misterios.

3º. Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.

4º. Les daré cuanto me pidan con tal que no se oponga a la voluntad de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.

5º. Los defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y los protegeré en todos los instantes de sus vidas.

6º. Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte: verán el rostro de su Madre.

7º. He conseguido de mi Divino Hijo que los que propaguen esta devoción (a mis lágrimas y dolores) sean trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y mi Hijo y Yo seremos “su eterna consolación y alegría”.

La liturgia de la celebración de los Dolores de la Virgen, es de origen alemán. La instituyó en Colonia el arzobispo Teodorico de Meurs, en 1423, para reparar las burlas que los herejes husitas hacían a las imágenes de la Virgen Dolorosa. De Colonia se propagó esta conmemoración de los Dolores de María a otras iglesias, y en 1727, el papa Benedicto XIII la extendió a toda la Iglesia. El hecho de que se celebre también Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre, se debe a que desde 1688 los religiosos Servitas celebraban en esa fecha, por concesión de Inocencio XI, la fiesta de los Dolores de la Virgen, fiesta que Pio VII extendió a toda la cristiandad en 1814. Paralelamente a estas celebraciones “canónicas” se desarrollaba en España un culto especial a “la Dolorosa”, en torno a los “pasos de Semana Santa” que tienen este motivo, servidos por hermandades y cofradías.

En algunos lugares se le denomina Viernes de Concilio, el cual es tomado como día de ayuno y abstinencia, quedando proscrito el consumo de carnes.

El Concilio Vaticano II consideró, dentro de las diversas modificaciones al calendario litúrgico, suprimir las fiestas consideradas “duplicadas”, esto es, que se celebren dos veces en un mismo año; por ello la fiesta primigenia de los Dolores de Nuestra Señora el viernes antes del Domingo de Ramos fue suprimida, siendo reemplazada por la moderna fiesta de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre.A pesar de ello, la Santa Sede contempla que, en los lugares donde se halle fervorosamente fecunda la devoción a los Dolores de María, este día puede celebrarse sin ningún inconveniente con todas las prerrogativas que le son propias.

Stabat Mater dolorosa en latin (“estaba la Madre sufriendo”). Como plegaria medita sobre el sufrimiento de María la madre de Jesús,) es una secuencia (himno o tropo del Aleluya gregoriano) atribuida al papa IInocencio III y al franciscanoJacapone da Todi. Se la data en el siglo XIII.

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