Hablan los hechos

La guerra del petróleo y el 2016

El pasado 21 de octubre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y sus principales competidores se reunieron en Viena, Austria, para discutir una eventual cooperación con miras a apuntalar los precios de los hidrocarburos.

Además de los 12 países miembros de la OPEP (Angola, Arabia Saudita, Argelia, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Ecuador, Kuwait, Irak, Irán, Libia, Nigeria y Venezuela) enviaron delegados al encuentro cinco países ajenos a la organización (Rusia, México, Brasil, Colombia y Kazajistán), de un total de ocho que fueron invitados.

El encuentro fue promovido por Venezuela en medio de una persistente caída de los precios del crudo producto de un aumento de la oferta (el informe mensual de la OPEP publicado el 12 de octubre reportó un nuevo récord en la producción, que se colocó en 31,57 millones de barriles diarios en el mes de septiembre), con la intención de “defender el mercado petrolero mundial”. El país sudamericano propuso un conjunto de medidas para alcanzar un “precio de equilibrio” de entre 70 y 80 dólares el barril.

Aunque no se esperaban decisiones concretas de ese encuentro, dado su carácter técnico, quedó claro que los países de mayor peso dentro del cartel son partidarios de continuar la política de bajos precios para frenar el crecimiento de la oferta de petróleo de esquisto de Estados Unidos y defender así su participación en el marcado mundial.

Los directivos de la OPEP creen que la victoria sobre los productores norteamericanos está cerca. Desde el año 2012 la producción de petróleo en Estados Unidos creció a un ritmo de un millón de barriles por día anualmente gracias a la técnica de fracturación hidráulica, que además permite la extracción de gas desde las formaciones de esquisto. Pero la utilización de esta técnica para extraer petróleo necesita precios de entre 85 y 98 dólares el barril para ser rentable. De ahí que, a consecuencia del descenso en los precios, la producción de petróleo en Estados Unidos, después de alcanzar a su punto más alto en el verano, ahora está de vuelta al nivel de otoño de 2014, lo que implica una caída en la producción en unos 500 mil barriles diarios.

Cuando Arabia Saudita y otros países de la OPEP comenzaron a propiciar la caída en los precios, el barril de crudo se cotizaba a 110 dólares. Hoy su precio se sitúa por debajo de los 50 dólares. La deuda de los productores estadounidense alcanza ya los 150 mil millones de dólares.

Los propios ejecutivos de la industria estadounidense reconocen el declive que ha estado experimentando su producción en los últimos meses. Según un cable de la agencia Reuter, el ex jefe de la petrolera EOG Resources y actual socio de la firma estadounidense de inversión en energía Rivestone Holdings LLC, Mark Papa, dijo en la conferencia Oil and Money celebrada en Londres el pasado 6 de octubre, que “Estamos a punto de ver una disminución bastante dramática del crecimiento de la producción en Estados Unidos”.

El mismo despacho noticioso informa que la opinión de Papa fue compartida por el presidente ejecutivo de Royal Dutch Shell Plc, Ben van Beurden, quien además reveló que “los productores están buscando nuevos fondos para sobrevivir y probablemente tendrán problemas para conseguirlos”.

Esto hace que los auspiciadores de la política de precios bajos vean el futuro con optimismo, no obstante las grandes pérdidas que para ellos ha representado su implementación. Según el informe trimestral del Departamento del Tesoro al Congreso de Estados Unidos “Sobre economía internacional y política de tipos de interés”, los ingresos de Arabia Saudita por exportaciones petroleras descendieron en 150 mil millones de dólares en seis meses.

Este mismo informe calcula en 40 mil millones de dólares las pérdidas de Irak y en 30 mil millones las de Venezuela, Noruega y Canadá. Kazajistán y Nigeria, por su parte, dejaron de percibir 25 mil millones de dólares.

Asimismo, el Departamento del Tesoro estadounidense fija en 100 mil millones las pérdidas de Rusia en seis meses, pero el Banco Central del país euroasiático las ha estimado en 64 mil millones.

El informe del Departamento del Tesoro cita los grandes beneficiarios de las bajas en los precios del oro negro: China, el segundo mayor importador del mundo, se ahorró 120 mil millones en seis meses; Japón 76 billones; India y Corea del Sur 44 y 36 billones, respectivamente; mientras, los países de la Unión Europea gastaron 144 billones de dólares menos que el año pasado en la compra del crudo (Alemania 50 billones de dólares, España 20 billones, Italia y Francia, 16 y 12 billones, respectivamente).

Estados Unidos, destaca el informe, pagó en los últimos cuatro meses del presente año 110 mil millones de dólares menos que en el primer semestre (datos del informe trimestral del Departamento del Tesoro al Congreso de Estados Unidos, citado por la agencia rusa de noticias RT).

Los productores más ricos de la OPEP creen que vale la pena el sacrificio, porque al final recogerán los frutos de la estabilización del mercado. Pero los más pobres (Venezuela, Nigeria, Argelia, Irak y Libia) se quejan por la difícil situación que atraviesan sus economías y por la amenaza de la inestabilidad política que se cierne sobre ellos.

Los productores de petróleo estadounidenses, aunque comienzan a ceder terreno un año después de iniciada la guerra en su contra, todavía tienen capacidad para resistir un tiempo más. Mientras tanto, los bajos precios han afectado seriamente la inversión en la industria petrolera, lo que limitará la posibilidad de aprovechar a plenitud la recuperación futura de los precios.

Los productores tradicionales, miembros o no de la OPEP, tienen como enemigo común el petróleo de esquisto norteamericano, que inundó los mercados y se erigió en una seria amenaza a su posicionamiento como proveedores.
Sin embargo, entre todos estos también existe una lucha tenaz por la participación en las ventas del oro negro.

Las exportaciones a Europa de la principal petrolera rusa, Rosneft, en el marco de la guerra de precios y las sanciones impuestas por Estados Unidos y Europa al país euroasiático, por ejemplo, han descendido un 9% en comparación con el mismo período del año pasado, según ha revelado su director, Igor Sechin.

Rusia suple actualmente el 25% del petróleo que consume Europa, pero las principales compañías del del Viejo Continente, como la británico-holandesa Shell, la francesa Total y la italiana Eni, se han ido orientando en los últimos meses al procesamiento del petróleo procedente de Arabia Saudita, que para incrementar su volumen de venta y como forma de ampliar sus horizontes de mercado, oferta el producto cuatro o cinco dólares por debajo del precio del mercado, con un descuento adicional que oscila entre 0.5 y un 1 dólar.

La estrategia saudita, que los rusos califican como dumping, es una especie de estímulo al cambio tecnológico que entraña la reorientación al refinamiento de un tipo de crudo distinto, que tiene un alto costo y que termina creando una relación de dependencia.

Los rusos intentan minimizar la importancia de esta tendencia hacia la reducción de su participación en el mercado europeo, destacando el declive del Viejo Continente como demandante de recursos energéticos. Según Sechin, la cuota de participación europea en la demanda mundial de recursos energéticos primarios descendió del 34% en 1990 al 19% en el 2015. Al mismo tiempo, subraya el especialista, la demanda de Asia se incrementó del 31% al 51%.

Esto explica que Rusia esté reorientando su actividad exportadora al dinámico mercado asiático, principalmente a China, lo que le ha permitido compensar los volúmenes perdidos. El pasado mes de septiembre el gigante asiático importó desde Rusia la cifra record de 988 mil barriles de petróleo diarios. El incremento de la compra de petróleo ruso por parte de China fue del 42% al mes de septiembre del presente año.

Mientras, las exportaciones de Arabia Saudita al “Dragón Rojo” se colocaron en el mes de septiembre del presente año en 3,95 millones de toneladas de crudo, lo que representa un 17% menos que en el mismo período del año anterior. Como se ve, Rusia logró desplazar a Arabia Saudita como principal proveedor de petróleo de China.

El mercado chino es un objetivo esencial para los productores, pues las proyecciones apuntan a que el gigante asiático será el responsable en el 2016 de más de una cuarta parte del incremento en la demanda global de crudo.

¿Qué esperar del petróleo para el 2016?

Responder a esa pregunta es algo muy difícil hasta para el más versado en el tema. La simple lógica indica que para alcanzar las metas propuestas, los grandes productores de la OPEP, con Arabia Saudita a la cabeza, tendrán que seguir insistiendo en la política de precios bajos durante un buen tiempo más. De lo contrario, las pérdidas sufridas habrían sido en vano.

Claro, insistir en la política de precios bajos equivale a atizar la lucha entre los productores por aumentar el volumen de sus ventas. Esto alienta el proceso de redistribución del mercado. La oferta aumentará, además, con la entrada en escena de Irán, luego del desmonte de las sanciones que pesan en su contra en el 2016. Irán llegó a abastecer hasta el 2012 entre 5 y 10% de la demanda de Europa.

Sin embargo, la oferta podría comenzar a reducirse a partir de los primeros meses del próximo año a consecuencia de la salida del mercado de los productores de petróleo de esquisto de Estados Unidos con mayores costos operativos. Al mismo tiempo, es lógico esperar una baja en la oferta petrolera en el 2016 a consecuencia del descenso en las inversiones que se ha registrado en la industria a consecuencia de los bajos precios del producto en el último año.

El pobre crecimiento de la economía global proyectado para el próximo año se reflejará en la demanda global de petróleo.

La OPEP celebrará el próximo día 4 de diciembre una reunión ministerial. En ese foro se decidirá la oferta conjunta de la organización para el próximo año. Mucho dependerá de lo que ocurra en ese encuentro.

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