Hablan los hechos

La primavera árabe, cinco años después

El 14 de enero de 2011 el presidente de Túnez Zine el-Abadine Ben Ali se vio forzado a abandonar el país debido a las protestas populares que se desataron en el país luego de que un vendedor ambulante de frutas, Mohamed Bouazizi, se auto inmolara en diciembre del año anterior en protesta por la confiscación de su puesto de venta trasnegarse a pagar soborno.

Las protestas pronto se extendieron por varios estados árabes, provocando cambios políticos importantes. En Túnez las primeras elecciones libres organizadas por el gobierno que provisionalmente se hizo cargo de la situación tras la salida de Ben Ali las ganó el partido Ennahda o Hizb Al-Nahda (Partido del Renacimiento), una organización musulmana moderada proscrita por el régimen de Ben Ali, en el poder desde 1987.

Ennahda consiguió 89 de los 217 asientos en la Asamblea Constituyente, logrando formar gobierno de común acuerdo con el Congreso para la República y Ettakatol, segundo y tercer partido más votados.

La alianza resultó frágil y pronto se deshizo, razón por la cual fueron convocadas nuevas elecciones. Ennahda perdió y el movimiento musulmán se radicalizó.

El 11 de febrero de 2011 cayó en Egipto la dictadura de tres décadas de Hosni Mubarak como consecuencia de una revuelta popular. Como nuevo presidente fue elegido Mohamed Mursi, líder del movimiento Hermanos Musulmanes, destituido por el ejército apenas un año después. El líder del golpe, general Abdelfatah Said Husein Jalil Al-Sisi, estableció un régimen militar que reprimió con dureza las protestas populares. Miles de opositores fueron detenidos y condenados a muerte, incluyendo a Mursi. Pocas veces antes en la historia de una nación se han evacuados tantas condenas masivas a la pena capital como las que se registraron tras el golpe contra el primer presidente electo en toda la historia egipcia durante unos juicios sumarísimos celebrados sin el más mínimo respeto al debido proceso. Esos mismos tribunales, sin embargo, fueron condescendientes con quien gobernó el país con mano dura durante treinta largos años.

El gobierno de Al-Sisi reprimió sin contemplaciones las manifestaciones populares que se desataron contra su régimen. Decenas de manifestantes fueron ametrallados en las calles de las principales ciudades del país. Y todo ante la mirada indiferente de las grandes potencias que, con la vista puesta en países con gobernantes para nada sumisos, estimulaban a su manera las protestas en el marco de lo que no tardó en denominarse como primavera árabe.

El 15 de febrero de 2011 estallaron las protestas en Libia en demanda de reformas democráticas. Estas protestas fueron duramente reprimidas por el régimen de Muamar Gadafi, no tardando la situación en convertirse en una verdadera insurrección que abarcó varias ciudades del país. Un mes después se establecía una zona de exclusión aérea sobre el territorio libio y la OTAN iniciaba una campaña de ataques aéreos contra posiciones de las tropas leales al dictador Muamar Gadafi, quien fue brutalmente asesinado luego de caer en manos de sus adversarios. Llevaba 43 años manejando Libia como si fuera una propiedad suya.

Otro que se vio obligado a salir huyendo de su país producto de la presión popular, en febrero de 2012, fue el dictador yemení Ali Abdullah Saleh, en el poder desde 1990. Durante más de un año Abdullah Saleh intentó contener la rebelión popular en su contracon distintas maniobras políticas, hasta que finalmente tuvo que firmar un acuerdo en Riad mediante el cual se comprometió a dejar pacíficamente el poder a cambio de inmunidad para para él y sus colaboradores. Le sucedió el vicepresidente Abd al-Rahman Rabbuh al Mansur al Hadi.

A principios de 2011 estalló la guerra en Siria, país gobernado por Bashar al-Asad desde el año 2000, luego de suceder en el cargo a su padre Hafez al-Asad, quien gobernó la nación durante 29 años. El primer grupo en tomar las armas contra el gobierno de Bashar al-Asad fue el denominado Ejército Libre Sirio. Luego aparecieron otros grupos como el Frente Islámico y la rama de Al Qaeda Al Nusra. Actualmente el más poderoso de todos es el Estado Islámico (EI), que se fortaleció con el reclutamiento de antiguos miembros del ejército de Sadam Husein y de yihadistas provenientes de otros países árabes, incluyendo Libia.

En algunos de los países antes mencionados Estados Unidos y la Unión Europea apoyaron con entusiasmo a quienes en un principio bautizaron como luchadores por la democracia. Si bien es cierto que se trató de gente con el suficiente coraje como para levantarse contra añejas dictaduras, no es menos cierto que en su gran mayoría se trató de bandidos y criminales sin la más mínima vocación democrática. Occidente cometió el error de apoyarse en grupos islámicos radicales para provocar cambios políticos y promover sus intereses geoestratégicos. Con sorprendente rapidez se ordenaron bombardeos aéreos, se repartieron armas y se brindó apoyo económico. Cinco años después el resultado no puede ser más catastrófico: miles de muertos, destrucción por doquier, millones de refugiados, una buena parte emigrados a Europa, y caos generalizado. Probablemente nunca antes en la historia de la humanidad se había producido un auge tan grande del terrorismo como el que se observa hoy, pese a que la lucha contra este fenómeno ha estado en la agenda occidental como una de las grandes prioridades.

Sí, la primavera árabe devino en crudo invierno. Túnez ha vivido desde entonces al borde de la guerra. Egipto, el destino turístico por excelencia, sigue siendo escenario de violentos ataques terroristas, sobre todo en la península del Sinaí, donde imponen sus reglas unidades del EI y casi a diario se producen sangrientas acciones armadas.

En Yemen, por su parte, la lucha por las libertades democráticas devino en una cruenta guerra con matices religiosos. Allí operan a sus anchas grupos terroristas como Al Qaeda en la Península Arábiga. El conflicto en este país adquirió ribetes internacionales con la intervención en el mismo de una coalición de países árabes liderados por Arabia Saudita que intenta mantener a raya a los combatientes hutis mediante ataques aéreos incapaces de decidir el curso de la guerra, pero que siembran de destrucción y muerte al país más pobre de la región.

Libia aún se desgarra producto de la lucha entre distintas facciones que se repartieron el territorio del país. Sirte, la ciudad natal de Gadafi, es hoy un bastión del EI, mientras que la capital, Trípoli, y sus alrededores, permanecen bajo control de las milicias islamistas radicales surgidas durante el conflicto, lo mismo que la parte sur. Lo que la ONU reconoce como la Libia democrática se limita a una franja del oeste del país, con Tobruk, cerca de la frontera con Egipto, como sede del gobierno y de la Cámara de Representantes que en el año 2014 se eligió en sustitución del Congreso General Nacional.

En Siria buena parte del territorio permanece bajo control del EI, que también tiene bajo su mando una tercera parte del vecino Irak. El EI ha llevado el terror a diversas partes del mundo, incluida Europa y los propios Estados Unidos. La mayor parte de los refugiados que llegaron a Europa durante el 2015 (más de un millón) son refugiados provenientes de este país.

Europa y Estados Unidos han actuado en estos países sin tener un plan concreto y sin la mínima voluntad de asumirlo hasta el final con todas sus consecuencias. En nombre de la democracia han perseguido irresponsablemente intereses propios, pero se han desentendido cuando las cosas han salido mal.

La lucha por la democracia y las libertades luce un mero discurso cuando se constata que importantes protagonistas regionales, como los países del Consejo de Cooperación del Golfo, participan del diseño y ejecución de las políticas regionales junto a las grandes potencias pese a perseguir intereses claramente sectarios y sin ser, ni por asomo, un ejemplo de naciones respetuosas de las libertades democráticas.

¿Qué lecciones de democracia puede darle Arabia Saudita al gobierno de Siria? ¿Es más democrático el régimen de Al Sisi en Egipto, que derrocó un gobierno producto de la voluntad popular y que se las arregló para quedarse en el poder organizando unas cuestionables elecciones al tiempo de llevar a cabo una brutal campaña represiva contra la oposición política, que Bashar al-Asad en Siria?

Actualmente no hay quien se encargue de evaluar el comportamiento de los distintos países y organizaciones internacionales en la arena internacional con el fin de establecer responsabilidades. Son cinco años de horrores sin que nadie se pregunte siquiera en dónde estuvieron las fallas, quiénes son los responsables de tanta desgracia y por qué los pueblos de oriente medio no han podido expresar libremente su voluntad y materializar su anhelo de vivir en libertad.

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