Opinión

Hamlet, Claudio, el Estado y la Seguridad Vial

A veces es de consternación profunda la manera en que suceden las cosas para luego emprender acciones. Por eso los dominicanos decimos que ponemos candado después del robo.

Es frecuente ver estremecerse la sociedad nacional por hechos descarnados. De las cosas que se desprenden de los mismos aprendemos cada vez un poco más del valor de la vida.

Al momento, pensamos entonces que pudo ocurrirnos a nosotros o a alguien cercano a nuestro entorno.

Sin embargo, luego olvidamos. Nos embarga mas adelante la resiliencia. Pero ese olvido, que parece en el que nos reponemos del dolor y la tragedia, se repite sin que nos inmutemos finalmente.

El comentario viene apropósito de dos hechos lamentables desencadenados en el tránsito, que deben hacernos reflexionar. Me refiero a los acontecimientos en donde se vieron involucrados los últimos guerrilleros de la expedición de Francisco Alberto Caamaño Deñó a principio de febrero de 1973.

El primero fue del también reconocido profesional de la ingeniería, Hamlet Hermann, por su participación en la conformación de la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET). Me permito agregar, que nunca se había logrado un nivel tan alto en el desempeño de la institución, apreciado por la ciudadanía, como en ese momento.

Su caso, un infarto cardíaco mortal mientras conducía. No se generó ninguna otra víctima porque al parecer el afectado pudo detener el vehículo. Sin lugar a dudas un caso vinculado a la seguridad vial.

Relacionado a estos casos, La Asociación Médica Mundial (AMM) ha sido reiterativa en llamar a sus miembros a que se “conviertan en actores claves en la educación, buen uso de los medicamentos y trabajar en la promoción de la seguridad vial”.

Son muchos los eventos de esta naturaleza que suceden sin que sepamos, o se procure la atención de la población ni de las autoridades.

Mas, resulta un tema de interés por la gran incidencia que tiene el desplazamiento tan traumático de los citadinos y el estrés a que nos sometemos cuando transitamos por carretera.

Paradójicamente, el Ing. Hermann había publicado una serie de artículos reafirmando categóricamente que la ciudad y el tránsito habían colapsado en la República Dominicana.

Un percance similar habría que recordar cuando un minibús en la Autopista Las Américas cayó al Mar Caribe en el 2010 cuando un infarto sorprendió a su conductor muriendo más de una docena de personas a bordo y otra docena mal heridas.

En segundo lugar, por qué no generar iniciativas importantes de lo que se desprende con el caso del ciudadano Claudio Caamaño Vélez, quien junto a su familia protagonizó un siniestro de tránsito, quedando él con politraumatismos severos que le produjeron la muerte posteriormente, dejaron otros lesionados.

Se alega que hubo negligencia médica porque ciertos centros hospitalarios del interior del país no quisieron atenderlo. Razón por la que perdieron tiempo valioso que pudo salvarle la vida.

Nosotros en múltiples ocasiones hemos sugerido la implantación mediante legislación del Seguro Obligatorio contra Accidentes de Tránsito (SOAT), sin que se logre la atención debida al tema, que aborda básicamente la obligatoriedad de todos los centros sanitarios del país, sean públicos o privados, de brindarle los servicios y atenciones que conlleven salvar la vida de todos los involucrados en los accidentes viales sin importar su condición de usuario y sin importar si tienen o no seguro médico.

Este asunto en particular debe debatirse sin esperar que sigan ocurriendo experiencias desgarradoras.

El Estado Dominicano debe ponerse al servicio de la Seguridad vial, y una muestra fehaciente es el saldo trágico que dejó el año 2015. Un 19% más de víctimas en la red viaria nacional respecto al año anterior.

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