Opinión

Los Papeles de Panamá y la ingeniería fiscal

Los llamado Papeles de Panamá son la develación de más de 11 millones de expedientes de la firma de abogados Mossack & Fonseca, con base en Panamá. Un total de 2.6 Terbytes de información. En esos expedientes (papeles) se dejan al descubierto millones de casos de empresas, pero también de políticos, de deportistas, de artistas, de miembros de la realeza, de capitales de dudosa procedencia, probablemente de narcotráfico, corrupción y terrorismo. Los Papeles de Panamá es la filtración de documentos más grande de la historia, constituida por los expediente de la Mossack & Fonseca desde 1974 a 2014, es decir cuarenta años. Gran parte de dichas sociedades están vinculadas a lo que se llama “ingeniería fiscal”, es decir una serie de prácticas supuestamente legales, de grandes fortunas, empresas y multinacionales con el fin de eludir, evitar o evadir el pago de impuestos en sus jurisdicciones correspondientes.

La ingeniería fiscal es una estrategia cuidadosamente planificada, que tiene como finalidad evitar, demorar o reducir al máximo el pago de impuestos de una persona o empresa. Esta práctica aprovecha vacíos legales, imprecisiones en las leyes y diferencias en las regulaciones tributarias de los diferentes países, con el fin de obtener una reducción de impuestos o simplemente evadirlos. En el caso de los llamados Papeles de Panamá ya se cobraron una primera baja con la renuncia del Primer Ministro de Islandia, Sigmundur Davin Gunnlaugsson. Otros políticos que han surgido a la luz como “usuarios” de las compañías “offshore” de Panamá y otras jurisdicciones son el Presidente de Ucrania, Petró Porochenko, el Presidente de Argentina, Mauricio Macri, el Presidente de China, Xi Jing Ping, el Rey de Arabia Saudita, Salman bin Abulazziz, la Infanta Pilar de Borbón, hermana de Juan Carlos I, anterior Rey de España, entre los más sobresalientes.

Esto se ha hecho posible gracias a la globalización y a los cambios en las políticas económicas y financieras de las últimas décadas. La mayoría de los gobiernos y organismos económicos mundiales, entre ellos la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), han impulsado o impuesto una serie de políticas encaminadas a eliminar trabas al comercio entre los países y a favorecer la libre circulación de capitales.

Así, hoy se puede, sin mayores problemas, con las limitaciones que le imponga su país de residencia, abrir una cuenta bancaria o realizar inversiones en el extranjero. Es lo que tanto se alaba como “economía de libre mercado” o simplemente como economía de mercado.

Por otro lado, las empresas han incrementado de manera importante sus transacciones internacionales y se han expandido exponencialmente las compañías multinacionalescon el proceso de concentración de la renta global a favor del capital como lo demostró el economista francés Thomas Piketty. Como consecuencia, a los gobiernos de los diferentes países les cuesta cada vez más ejercer un control tributario efectivo sobre sus ciudadanos y empresas. Gran parte de las operaciones afectan a más de un país y los capitales fluyen a velocidad de vértigo de banco a banco, de un confín del mundo a otro. Los Estados tienen fronteras, parte de los mercados tienen fronteras, pero los capitales vuelan electrónicamente de un país a otro en transacciones financieras sin control de los Estados.

Las legislaciones nacionales a menudo han quedado obsoletas o sufren importantes lagunas ante la proliferación de situaciones para los que no estaban pensadas. Nuevas formas de negocio que antes simplemente no existían surgen y los “mercados libres” y la globalización expanden su radio de cobertura sin control de los Estados. La falta de uniformidad entre las leyes de los países puede llevar a la paradoja de que una misma actuación puede ser ilegal en un país y sin embargo totalmente legal en otro.

En este nuevo escenario cobra una importancia creciente la llamada planificación fiscal internacional. Esta, al contrario que ocurre con la asesoría fiscal tradicional, no se restringe al ámbito de un país, sino que aborda las cuestiones tributarias y legales desde un punto de vista global. Cuando la planificación fiscal internacional adquiere su máximo grado de desarrollo, hablamos de ingeniería fiscal.

Se denomina así porque, al igual que si de una obra de ingeniería se tratara, planifica y lleva a cabo proyectos de una gran complejidad. Los “ingenieros fiscales” no sólo estudian y conocen al detalle las legislaciones tributarias de los distintos estados y territorios, sino que aprovechan sus ventajas, ambigüedades y lagunas normativas para desarrollar estrategias fiscales que favorezcan a sus clientes.

De esta manera y valiéndose entre otros de paraísos fiscales, acuerdos bilaterales y tratados de doble imposición consiguen evitar, o al menos reducir considerablemente, la cantidad de impuestos que deben pagar las personas o empresas que contratan sus servicios.Un caso llamativo es el micro estado miembro de la Unión Europea, Luxemburgo. En el corazón de UE, incluso albergando instituciones importantes de la UE, como el Banco Europeo de Inversiones, Luxemburgo se ha dedicado en los últimos 25 años a desarrollar legislación favorable a las grandes multinacionales internacionales, no solo europeas, a fin de evadir cientos de millones de dólares o euros en pagos de impuestos. Empresas como Ikea, Appel, Google, Pepsi, Verizon, Amazon, Yamana Gold, Bradesco… un total de 343 multinacionales que a través de la ingeniería fiscal según estimaciones, permitió “ahorrar legalmente” por no decir “evadir” a los fiscos de sus países de origen 700,000 millones de euros, un billón (1 millón de millones de dólares). Esa revelación fue hecha por el mismo Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. Y ¿saben quién fue el Primer Ministro durante 17 años que diseñó, legisló e implementó esos acuerdos? Nada más y nada menos que Jean Claude JUNKER, el actual Presidente de la Comisión Europea, al mismo tiempo que la Comisión Europea, junto al Banco Central Europeo y el FMI han impuestos durísimos programas de ajustes fiscales, recorte de gastos y reducción del nivel de vida de la población en Grecia, Italia, España, Portugal, Irlanda.

En la práctica, las empresas firmaban con la Hacienda luxemburguesa un “tax ruling”, que para el actual gobierno luxemburgués son prácticas “absolutamente legales”, aunque la comisaria europea de Competencia, la danesa Margrethe Vestager, anunció en su momento que investigará las acusaciones por si constituyen una ayuda de Estado contraria a las normas europeas… cosa que nunca se hizo.Luxemburgo los mantenía en secreto ante sus socios europeos. El portavoz de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, dijo que Bruselas “está lista para sancionar a Luxemburgo si es necesario”, pero que el escándalo podría dejar la credibilidad de Juncker herida de muerte apenas una semana después de empezar su mandato de cinco años. Hoy, dos años después nada se ha hecho y nada ha pasado. Juncker sigue como Presidente de la Comisión. El sistema es puro enjuague fiscal. Las empresas crean una filial en Luxemburgo que apenas tiene actividad pero que convierten en la matriz, como en los casos de Amazon y Fiat que ya dijo que investigaría la Comisión Europea. Esa matriz presta dinero a su filial en otro país y ésta lo devuelve con unos intereses tan altos que la filial no consigue beneficios. Así no paga impuestos en el país donde tiene la supuesta filial pero tampoco en Luxemburgo, donde ha pactado directamente con el Gobierno una tasa ridícula, a veces inferior al 1%.

Como es de imaginar, las administraciones públicas de los diferentes países intentan limitar estas prácticas. Así se produce una especie de juego entre gato y ratón en el que la ley, por lo general más lenta y torpe, corre detrás de algunas de las mentes más vivas del planeta muy bien remuneradas por los “beneficiarios de la planificación fiscal”. Mientras que por un lado los legisladores tratan de tapar “resquicios legales”, por el otro los expertos en ingeniería fiscal buscan cada día vías más sofisticadas para eludir la carga tributaria.

Cualquier cambio en la legislación de un país puede convertir una práctica legal en ilegal y como consecuencia arruinar todos los esfuerzos de la planificación fiscal. Mantenerse al día en todos los temas tributarios es por tanto imprescindible. No es de extrañar que este trabajo lo realicen auténticos equipos multidisciplinares formados por asesores fiscales, economista, abogados y expertos en administración de empresas de diferentes países.

Tradicionalmente han sido las grandes multinacionales y en menor medida las personas acaudaladas las que han recurrido a ella y en gran medida continúa siendo así debido a su coste relativamente elevado. Cabe destacar sin embargo, que soluciones más sencillas de planificación fiscal internacional están al alcance y resultan interesantes para casi cualquier persona que disponga de un mínimo de recursos que pueda destinar al ahorro o a la inversión.

La complejidad y por tanto el costo de una operación dependerá de las circunstancias particulares del contratante, especialmente de su lugar de residencia y ciudadanía. En los últimos años el espectacular desarrollo de Internet ha ayudado a acercar estos servicios al ciudadano de a pie, generalmente a través de empresas de servicios offshore.

Hay que tener en cuenta que la ingeniería fiscal precisamente aprovecha ambigüedades en las leyes para sus actuaciones. Por otro lado, la justicia en ocasiones puede llegar a tomar en consideración no solamente la legalidad o ilegalidad de una actuación, sino también las intenciones reales que se esconden tras la misma.

Por lo general, si advierte transacciones artificiales que no tienen ninguna motivación económica u operaciones poco transparentes a través de paraísos fiscales, puede llegar a tomar medidas al considerar que en realidad se está cometiendo un delito de evasión fiscal. Es decir, no basta que los movimientos económicos que se realicen sean legales, sino también deben tener algún fin justificable. De lo contrario la administración tributaria entenderá que se están realizando con la única finalidad de evadir impuestos.

Es precisamente en este punto, donde a menudo la ingeniería fiscal entra en un terreno pantanoso, ya que no es infrecuente que se vea forzada a “simular” la necesidad de ciertas transacciones que en realidad sólo persiguen el objetivo de reducir la carga fiscal. En cualquier caso, suele ser algo relativamente complicado de demostrar por las autoridades, ya que las operaciones se realizan en países diferentes algunos de los cuales no suelen ser muy colaboradores a la hora de facilitar información. Es el caso de los paraísos fiscales, en los cuales existen estrictas leyes de confidencialidad.

Como podemos ver, la línea divisoria entre la legítima planificación fiscal y la evasión de capitales es muy delgada y a menudo depende de matices o interpretaciones. En cuanto al sentimiento general frente a las actividades de ingeniería fiscal, existen toda suerte de opiniones. Los defensores de la misma mantienen que cualquier persona tiene el legítimo derecho a organizar sus finanzas de la manera más favorable, siempre y cuando cumpla con la legalidad vigente. Los detractores la tachan de herramienta al servicio del capital y la acusan de acrecentar la falta de solidaridad y las desigualdades económicas en el mundo.

Noticias Relacionadas