Opinión

Festival minuto del agua 2016: La excelencia del cortometraje Dominicano

Estamos tan acostumbrados a las películas de largometraje que nos olvidamos que el cine comenzó en corto y siguió siendo así durante bastante tiempo; esta expresión ha sobrevivido a todos los cambios habidos y por haber en el mundo del cine.

La particular naturaleza de esta breve pieza audiovisual la asemeja en su composición narrativa al cuento, en cuanto a que el largometraje está más cerca de la novela. La menor duración lo obliga a mantener una trayectoria constante sin bajar el ritmo para finalizar de manera efectiva.

Algunos directores lo ven como un escalón para acceder a la realización de contenidos de mayor duración, pero otros, los cortometrajistas de toda la vida, asumen sus lenguajes como la forma de expresión breve pero eficaz para comunicarse con las audiencias. Se puede escoger una de las dos formas, o combinar una carrera, alternando ambas.

Frente a los costos exorbitantes del largo, este formato es el ideal para pequeñas compañías, productores independientes, proyectos estudiantiles o individuales. La difusión por los medios digitales facilita la aproximación de los públicos a estas historias, hechas para impactar en sus mentes y corazones.

La utilidad de los festivales y concursos para dar visibilidad a estas pequeñas obras no siempre es la más adecuada, pero puestos a escoger, El Festival del Minuto del Agua, que organizan la Fundación Municipios al Día y el cineasta-cinéfilo Etzel Báez, con el respaldo de instituciones como el INDRHI o la UNESCO, entre otras, cumple con el aporte estético y social a la vez.

Es sorprendente el nivel de calidad, no solo de los ganadores o de las menciones, sino del conjunto. Y esa es una gran noticia para el cine dominicano, pues esos jóvenes son la cantera desde donde saldrá el relevo de nuestra industria. Lágrimas de Josías Domínguez, Cazadores de Agua de Dominique Telemaque, y El Funcionario de Donelys Batista, dan fe de esta calidad.

Lágrimas describe una sociedad que ha agotado todos sus recursos, principalmente los hídricos, y vive los estertores de la civilización como la hemos conocido. El director Domínguez nos convence, con su impecable factura estética, de las verdades de su discurso, mostrando los resultados de la sinrazón humana.

El ojo desértico como metáfora del llanto de la tierra, esos seres deambulantes, sucios y sedientos, este ser misterioso y pícaro encarnado por Gerardo Mercedes y un grupo de humanos andrajosos, todos en busca del líquido que sostiene la vida. Lágrimas es un producto fílmico redondo, cine en estado puro, y es el esfuerzo de un colectivo de jóvenes cineastas en estado de gracia.

La estructuración de esta propuesta, pensada como discurso sonoro, visual y conceptual sin fisuras, demuestra que estamos a las puertas de una nueva generación con nuevos conceptos sin renunciar a la herencia de los cineastas históricos y aprovechando sus enseñanzas. Es más, Lágrimas puede ser la génesis de un proyecto más largo, si sus autores se lo propusieran.

La ganadora del segundo lugar, Los Cazadores de Agua de Dominique Telemaque, cineasta haitiano, es una ilustración en toda regla de las vicisitudes de los sectores populares a la hora de conseguir el agua con que apagar su sed. Un grupo de niños se convierten literalmente en cazadores del agua que la gente no consume en los negocios de venta de alimentos y esa es su fuente de agua.

Telemaque narra su historia con un gran toque humorístico, sin renunciar a la buena realización y al problema social que tiene enfrente. Los niños cazan el agua fantasmal a la que no tienen acceso en sus casas y se la buscan de manera ingeniosa. La otra cara es el desperdicio de comprar una cantidad de agua que no se va a consumir, un asunto en el que debemos tomar conciencia.

Dulce describe la travesía de un grupo de viajeros ilegales cruzando esa gran masa de agua salada entre Republica Dominicana y Puerto Rico en un pequeño bote y cuya supervivencia depende, entre otras cosas, de las raciones de agua dulce para su consumo. Ramón Alfonso Peña y su equipo dan una catedra de dirección fotográfica y narrativa visual en este gran corto.

Esos planos cortos, picados, en ráfagas, y esa cámara nerviosa planeando sobre las aguas, interactuando con los personajes, son marcas directoriales de Peña, quien suelta de manera minimalista y sutil su mensaje sobre el agua, la poca disponibilidad y su importancia para la supervivencia humana. Ramón Alfonso Peña se consolida como uno de los grandes talentos visuales de este país.

La naturaleza es un balance, un equilibrio de pesos y contrapesos, que cuando el ser humano logra romperlo las consecuencias son desastrosas. Esto es lo que refleja El Agua y La Leche de Leo Pérez. Este corto documental es una señal de alerta para que usemos el recurso agua de manera más sabia.

El campesino se queja de las penurias actuales, pues la sequía no permite la adecuada alimentación de las vacas, y sin eso, la leche disminuye. ¿Pero… tendrá él alguna culpa de este desaguisado o es de los otros? Pérez explora el lado del daño a la productividad y señala su causa, que es la falta de agua, por supuesto. ¿Entonces, quién le pondrá el cascabel al gato?

La desertificación y contaminación de las fuentes acuíferas por parte de la explotación sin control, es el tema de La Travesía, corto dirigido por Pablo Taveras Duval. Es tan pernicioso acabar con el agua como contaminarla, pues al fin y al cabo, al contaminarla su uso por parte de los humanos no es posible dado los efectos adversos a nuestra salud.

Taveras Duval apela a una fotografía a caballo entre el realismo y la ciencia ficción, con unos tonos deslavados y un paisaje desértico como telón de fondo del crimen ecológico cometido. Un joven y su abuela transitan estos senderos en busca de agua, pero ésta nunca hace acto de presencia.

Parece un lugar común puntualizar la dificultad de conseguir agua para ciertos sectores de clases bajas, pero no es así, y es lo que desea comunicar Nahjari Araujo en el Minuto del Agua con su corto Marea Baja. Las familias y agrupaciones humanas se ven en la necesidad de vivir con un bajo nivel de consumo, como nos muestra Araujo.

Las guerras por este líquido vital y las pesadillas que puede traernos su ausencia, son los temas de La Vida Viene del Cielo, dirigido por Fel Di´Gargo, y Delirio de la autoría de Leonardo Rosario. Dos trabajos a los que hay que echarles un ojo por la calidad de sus propuestas, las cuales trascienden por la honestidad de su discurso y de su planteamiento estético.

La importancia de festivales o concursos como El Minuto del Agua se asienta en que sirven como propulsores de los nuevos talentos y aportan propuestas estéticas que impactan en los conglomerados sociales. En este caso, el tema agua ha servido para que este concurso nos muestre las excelencias de los cortos dominicanos.

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