Es ampliamente conocido el hecho de que los españoles se han visto obligados a celebrar este domingo 26 de junio un segundo proceso electoral, puesto que como resultado del comicio del 20 de diciembre, ningún partido o alianza de partidos no pudieron formar gobierno.
El sistema de gobierno español es monárquico y parlamentario, el Rey no gobierna, lo hace un Presidente de gobierno que lo elige la mayoría absoluta del Parlamento, 176 de la totalidad que es 350 diputados.
Debido a que no hubo formas de que se diera un acuerdo entre los partidos con el número suficiente de diputados para lograr la mayoría absoluta de 176 diputados de ese total de 350, hubo que llamar a elecciones para este 26 de junio.
Los resultados electorales de este nuevo evento no difiere sustancialmente al de diciembre. Esta vez, el Partido Popular (PP) ha obtenido 137 diputados, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) 85, Podemos aliado a Izquierda Unida 71, Ciudadanos 32 y cinco partidos mas tienen 25 diputados.
Obviamente, estos resultados al no diferir con los del 20 de diciembre reitera la composición ideológica disímil y el rompimiento en añicos del sistema bipartidista.
La temida fragmentación de esos votos saca el control de las manos de las organizaciones establecidas obtener de manera independiente la mayoría de escaños necesarios para conformar gobierno.
Para poder comprender el por qué de estos acontecimientos, es necesario tener en cuenta el sistema parlamentario español, en el cual el Presidente de gobierno es elegido por el Congreso de los Diputados, como se ha dicho, lo que conlleva a que la composición del hemiciclo determine quién preside o no el gobierno.
Hasta el 20 de diciembre pasado, el conservador Partido Popular (PP) y el centro-Izquierdista Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se turnaron la gestión del Estado de manera sucesiva, descansando en un sistema bipartidista. Pero desde el 20 de diciembre, repetido este domingo, surgen nuevas formaciones ideológicas que rompen el bipartidismo.
Desde 1982 se produjo lo siguiente: Felipe González del PSOE, gobernó del 1 de diciembre de 1982 – 4 de mayo 1996; José María Aznar del PP: 4 de mayo 1996 – 16 de abril 2004; José Luis Rodríguez Zapatero PSOE: 16 de abril 2004 – 21 de diciembre 2011; Mariano Rajoy PP: 21 de diciembre 2011 – Actualidad.
Por lo general, el relevo que se viene produciendo en la gestión del Estado español ha respondido a factores internos y externos, tales como: los cambios sociales, el desgaste político y las cíclicas crisis económicas que durante tres décadas y media han condicionado la alternabilidad política del país.
Sin embargo, hoy en día se ha llegado a hablar de una “Triple Crisis” para darle una explicación más puntual a los fenómenos políticos que están incidiendo directamente en el actual panorama electoral, que son: la falta de credibilidad institucional, producto de escándalos de corrupción; la crisis territorial por Catalungna y muy en especial la crisis económica sacude a España y toda Europa.
La crisis económica produjo un fuerte movimiento social en España como codo como de los INDIGNADOS en el 2011. De ese movimiento surgieron dos nuevas organizaciones que han reconfigurado el panorama político español. Hablamos de Ciudadanos (Centro – Derecha) y Podemos (Izquierda).
Ambas organizaciones han irrumpido de manera sorprendente en el escenario político actual, teniendo gran acogida entre las nuevas generaciones de votantes que tradicionalmente se decantaban por uno de los dos partidos principales del sistema. En efecto, Podemos retuvo su posisionamiento electoral con el tercer lugar y 71 diputados; en cambio, Ciudadanos bajó su votación y bajó a 32 diputados. Lógicamente, se reconforta en estas elecciones del 26 de junio lo ocurrido el 20 de diciembre.
Viendo los resultados de este domingo 26, detallados anteriormente, si lo colocamos al lado del 20 de diciembre arroja lo siguiente: Ahora PP 137 y en diciembre 123; ahora PSOE 85 y en diciembre 90; ahora Podemos 71 y en diciembre 69; Ciudadanos ahora 32 y en diciembre 40 escaños. Es evidente, que el PP ganó escaños e igual Podemos; no así el PSOE y Ciudadanos.
La situación sigue igual, a pesar que se llamó a estas nuevas elecciones buscando otro resultado, que permitiera formar gobierno con mayoría absoluta. Si se reúnen los conservadores, el PP (137) y Ciudadanos (32) no suman más que 169, y la mayoría es 176; sí se suma PSOE (85) y Podemos (71) suma 156.
Los resultados se han repetido, pero no puede suceder lo mismo con la búsqueda de formar gobierno puesto no será posible llamar a nuevas elecciones.
Recordemos que no obstante las distintas posibilidades de coaliciones que se barajaron en los círculos políticos, Pedro Sánchez, líder del PSOE, intentó en dos ocasiones lograr la investidura por medio de sendas negaciones de las cuales solo obtuvo el apoyo algo inesperado de Ciudadanos, pero obteniendo un rechazo tajante de Pablo Iglesias, líder del Izquierdista Podemos.
La raíz de estas discrepancias entre los dos partidos de izquierda, radica en la exigencia de Podemos de que el PSOE no pactara con Ciudadanos, un partido de corte liberal que busca la unidad territorial española, siendo la independencia de Cataluña una de las principales propuestas de Podemos, además de que dicho acuerdo no contemplaba la derogación de la Reforma Laboral, un tema social neurálgico en España.
El egocentrismo del PP y la intransigencia de Podemos en el proceso de negociación, consideraciones bajo las cuales Pedro Sánchez al frente del PSOE acusó a ambos líderes de ser los responsables del fracaso de las negociaciones, desembocó en la decisión de Felipe VI de disolver las cortes el pasado 3 de mayo y llamar a nuevas elecciones.
No obstante, y por los resultados de este último proceso comicial, es evidente que el desenlace ha de ser una necesaria alianza tripartita PSOE, Podemos y Ciudadanos, es decir, una coalición progresista de Centro – Izquierda que evite la permanencia del partido conservador en el gobierno español. Aunque de entrada a quien compete intentar los acuerdos para formar gobierno es a Rajoy y su Partido Popular.
El PSOE está llamado a retomar sus orígenes y redirigir su apuesta a las estructuras sociales que le brindaron legitimidad en el pasado, a la vez que debe sortear con inteligencia los requerimientos de dos potenciales aliados, que no obstante ser antagonistas, están compelidos a negociar en otro contexto por ser una reiteración del pueblo español, con inteligencia la conformación de un gobierno que brinde a España la vida política, económica y social necesaria.