La provincia china de Zhejiang, tiene 9 millones de habitantes, una población mayor a la de muchos países. En su capital, Hangzhou, se celebró la Cumbre del G-20 durante esta semana, la que concluyó con un documento en el que se planteó el fortalecimiento de la arquitectura financiera internacional, el apoyo a la estabilización y recuperación de la economía mundial; y el rescate del empleo, golpeado, sobre todo en los países occidentales, después del estallido de la crisis financiera de 2008, que derivó de la hipotecaria desatada en los Estados Unidos tras la burbuja del sector creada por el irresponsable manejo de las instituciones de intermediación financiera.
A la recuperación del empleo agregaron la protección social, el mejoramiento de la seguridad alimentaria y el control en la volatilidad de los precios de los commodities, cuestiones que se convierten en prioridad, debido a que aquella crisis financiera de 2008, que inoculó a la economía real envuelta en un mar de especulaciones de vértigo, puso a los alimentos fuera del alcance de millones de personas de los países más vulnerables, lo que provocó más hambre, pobreza y mayores niveles de desigualdad.
Promover la prosperidad a largo plazo a través del crecimiento verde inclusivo, fue otro de los compromisos asumidos que recoge el documento. Puntual y razonable este objetivo, debido a que, tras la crisis muchos países, incluyendo a los de la Unión Europea, optaron, como manera de enfrentarla, por la austeridad, error que vino a profundizarla, al grado que, algunos analistas aseguran que para que los países europeos se recuperen hasta alcanzar el nivel que los coloque en el estado en que se encontraban al momento de tomarse las medidas anticrisis, pasarán por lo menos 20 años, siempre que las políticas que se ejecuten para la recuperación sean adecuadas.
De ahí lo del largo plazo, porque no solo las economías de los países que integran la Unión Europea no han logrado salir del fondo, sino que, en el caso de los EE.UU, el lento crecimiento no le alcanza para que se pueda hablar de recuperación. La contracción de las economías latinoamericanas, con excepciones como República Dominicana, Panamá y Nicaragua, no presentan perspectivas de aliento; y así, la china desacelerada, junto al resto de Asia, sin dejar de mencionar a Rusia, definen el cuadro que plantea una revitalización económica mundial lenta.
Ahora bien, esta reunión se realizó en un contexto de complejidades que comienzan por un proceso de globalización e interdependencia caracterizado por una lucha de poder entre fuerzas o países emergentes y dominantes en aparente decadencia, que generan un escenario fractal, en que el teatro de confrontación, conjuga como nunca antes, los elementos, económicos, comerciales, políticos, culturales y religiosos que en cualquier momento pueden torcer la intención de los acuerdos y llevarnos a situaciones imprevisibles, cuestión que nos brinda una visión difícil de entender a la luz de los tradicionales esquemas analíticos.
Todo ahora está en un paquete que va más allá de las clásicas luchas imperiales, del “auge y caída de las grandes potencias”. La globalización le da un cariz distinto al escenario global marcado por múltiples acontecimientos, entre ellos el terrorismo institucionalizado, que convergen en un perplejo mundo que no alcanza a descifrar lo que ocurre.