Hablan los hechos

Secuelas de Alepo

Todo parece indicar que a pesar del giro que ha dado en las últimas semanas la batalla por Alepo, a favor tanto del gobierno de Bashar Al Asad, como de sus aliados fundamentales Rusia e Irán, la guerra civil en Siria y sus causas fundamentales están lejos de un anhelado final.

Sucede que nueva vez las secuelas de la guerra subsidiaria que tiene lugar en esta nación, se deja sentir con especial resonancia en el exterior a través de ataques puntuales, los cuales tienden a poner en jaque a las potencias con intereses en la zona. Ya lo hemos visto con los atentados en Francia, Bélgica, Estados Unidos, Alemania y Turquía. Siendo este último el caso que nos ocupa en el presente trabajo.

Desde el inicio del conflicto sirio, Turquía había venido jugando un papel ambivalente que le mereció la desconfianza de las demás potencias enfrentadas en el terreno, a la vez que la mostraba sin una postura clara en torno a sus intereses. En principio el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, estuvo determinado a combatir y ayudar con la deposición del régimen de Bashar Al Asad, para lo cual contribuyó de manera oculta e indirecta al abastecimiento y financiación de grupos radicales como el Estado Islámico.

Esto chocaría por un lado con los planes de Estados Unidos y sus aliados europeos (aliados todos de Turquía a través de la OTAN), quienes según sus objetivos estratégicos hechos públicos, han procurado derrocar al gobierno sirio con el apoyo a rebeldes moderados, a la vez que adversan al ISIS; por otro lado, las acciones turcas afectaban los intereses rusos e iraníes, debido a que estos últimos apoyaban la permanencia del régimen como garantía de sus intereses en la región.

Sin embargo había un factor que jugaba en contra de las aspiraciones turcas,¨los kurdos¨, quienes durante casi 6 años de guerra se han fortalecido de manera inversamente paralela al debilitamiento del régimen de Al Asad, haciéndose con el control de territorios fronterizos con Turquía, anteriormente dominados por el gobierno sirio. El problema para el gobierno de Ankara, es que históricamente los kurdos han promovido sus aspiraciones separatistas dentro del territorio turco, lo cual ha sido totalmente rechazado por las autoridades. Las hostilidades entre ambas partes se ha hecho patente en sangrientos atentados llevados a cabo por algunos miembros de esta etnia en Turquía.

Volviendo al ámbito internacional, la decisión del gobierno turco de plantar frente al régimen sirio le llevaría a tener continuos roces con una potencia en especial, Rusia.

Sucede que tras el Kremlin decidir su entrada de lleno en la guerra siria, apoyando abiertamente la posición de Bashar Al Asad, los planes de Ankara se vieron afectados por el escaso impacto que comenzaban a tener sus estrategias, a la vez que se disparaban los costos del financiamiento a los opositores, y los kurdos aprovechaban el escenario para ganar terreno.

El clímax en las tensiones existentes entre ambas partes tendría lugar en noviembre del 2015, cuando tras una operación de bombardeo a opositores del gobierno sirio, un avión de combate ruso fue derribado por otro del gobierno turco en un impase que no ha quedado de todo esclarecido. Tal acción llevó a pensar en la posibilidad de una confrontación a escala mayor, sin embargo, el gobierno ruso optó por establecer fuertes sanciones a Turquía, las cuales afectarían directamente las relaciones económicas, por un estimado de 10mil millones de dólares en detrimento de la economía turca.

No obstante, las relaciones entre ambas naciones irían dando un giro progresivo durante el 2016, al punto de que en junio, tras haber rechazado en primera instancia aceptar las responsabilidades del derribo, el presidente Erdogan pidió disculpas a Moscú por el impase con la aeronave rusa. Esto permitiría retomar las relaciones, las cuales tendrían mayor expresión tras el intento de golpe de Estado el pasado mes de julio, donde Putin se mostró decidido a apoyar a su homólogo.

Los lazos entre ambas potencias se irían estrechando con el pasar de los meses, fomentando acuerdos energéticos, económicos, militares e incluso sobre aspectos elementales del conflicto sirio. Quizás esto explique el por qué, tras haber procurado durante el último lustro la salida de Bashar Al Asad, el gobierno de Ankara decidiera cambiar su estrategia, alineando sus intereses con Rusia.

En esta nueva etapa habría incidido un personaje en particular, Andrei Karlov, quien por su documentada experiencia diplomática y perspicacia a la hora de gestionar la reconstrucción de relaciones estratégicas, se convertiría en un blanco importante para quienes adversan a ambos gobiernos. En efecto, el pasado lunes quien fuera embajador de Rusia en Turquía resultó asesinado por un policía turco retirado, quien le disparó por la espalda mientras el diplomático desarrollaba un discurso en una exposición de arte.

Las diferentes conjeturas y especulaciones a raíz de lo ocurrido no se hicieron esperar, sin embargo, al prestar especial atención a las exclamaciones del atacante posterior al asesinato, se hizo patente el vínculo existente entre el hecho y la ofensiva que tiene lugar en Alepo, Siria. Parte de sus palabras fueron: ¨No se olviden de Alepo, no olviden a Siria¨, para luego vociferar la consigna de los yihadistas ¨Dios es grande¨.

Como expusimos en nuestro análisis de la semana pasada, la ciudad de Alepo se ha convertido en los últimos meses en el epicentro de la más cruenta batalla dentro de la conocida guerra civil siria. Esta ha sido protagonizada por el régimen sirio y sus aliados principales, quienes terminaron por tomar el control de territorios que anteriormente eran dominados por los rebeldes, teniendo estos últimos que replegarse y desplazarse a otras ciudades.

Ha sido el papel determinante de Rusia en esta etapa, lo que ha despertado el recelo tanto internacional, como de los grupos locales que luchan contra el régimen sirio, puesto que gracias al mismo, el gobierno de Damasco controla hoy los grandes territorios de Siria. Esto sumado a la alineación coyuntural con Turquía desde el verano pasado, ha brindado especial simbolismo al asesinato del embajador ruso.

Resulta evidente que desde entonces, el gobierno de Ankara ha cesado su colaboración hacia los rebeldes que combaten contra el gobierno sirio, mientras Rusia ha optado por no brindar apoyo a los kurdos, a pesar de que estos combatían también a los yihadistas. Tal estrategia implica una reducción considerable del margen de maniobra para Estados Unidos y sus aliados, a quienes se le hace cada vez más cuesta arriba propiciar y financiar la deposición de Al Asad.

El asesinato del embajador ruso, lejos de implicar un retroceso en las relaciones con Turquía, bien podría, y en efecto lo ha hecho, afianzar aún más la estrategia conjunta respecto a Siria, donde ambos entienden que occidente debe aprender la lección y tratar a las demás potencias como tales. El problema es que tras el avance sostenido del gobierno y la falta de una estrategia coherente de parte de Estados Unidos y sus aliados en Europa, el panorama en Siria está retornando al punto de inicio del conflicto, toda vez que se tome como referencia el dominio de territorios por las partes enfrentadas.

Por lo pronto, el homicidio se ha constituido en un catalizador de la determinación rusa, que como aliado de Al Asad y potencia con interés en la zona, buscará afianzar cada vez más su posición. Por su parte, Turquía usará las buenas relaciones con Moscú para marginal cada vez más a los kurdos, a la vez que presiona a Europa con el tema de los refugiados y se muestra desafiante ante la hegemonía estadounidense en la zona.

Todo parece indicar que las secuelas de Alepo seguirán surtiendo sus efectos y que el conflicto sirio, salvo el alto costo en vidas humanas, podría tener por desenlace un escenario no muy distinto al que dio lugar a la lucha geopolítica actual.

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