Humberto Almonte
Las nominaciones en los premios de la industria hollywoodense indican que parece que los elegidos para votar sufren del “síndrome de Poncio Pilatos”, quien sintiendo una cosa, tomó una decisión basado en la presión de las masas, y éstas, como se sabe, no siempre son sabias ni justas. El gusto popular y sus pensamientos son variables y manipulables por los poderes del sol o la sombra.
Una vez más, y de manera lamentable, debo decir que se siguió la delgada línea de la corrección política por un lado, y por el otro, el de erigirse en estandarte de las libertades civiles, todas vías fallidas a mi parecer. Y es que un individuo con las arcas repletas para cubrir todos sus caprichos se convierte en sospechoso de usar las luchas sociales para hacerse auto-propaganda.
El arte es un arma poderosa y efectiva en manos de individuos comprometidos con él, pero pierde fuelle en el instante en que se convierte en panfleto. Los mensajes fabricados al gusto de las maquinarias políticas tienen una vida y un alcance corto. Una película no debería ser plataforma de esto, ni de aquel actor lanzado a los medios y transformado en un “Cid Campeador” de hojalata.
¿Cuál es el problema que crean estas distorsiones? Pues al empeñarnos en la gran foto y en los grandes discursos, se nos escapan los detalles de una emocionalidad artística que nos ayude a reflexionar, a ver el ángulo contrapicado de la vida. Los cineastas y sus obras humanistas ayudan a poner el acento en el “nosotros” y el “yo”.
Se dice que más importante que leer, es releer. En el caso que nos ocupa, debemos entonces volver a visionar a Lion, Toni Erdmann, Hacksaw Ridge, o Manchester By The Sea, entre otras, para descubrir, si no lo hemos hecho ya, lo que se oculta entre las grietas de nuestro espíritu.
¿Es Winfried demasiado ligero o Inés muy seria? A veces la vida se nos convierte en una versión corporativa como la de Inés, de la cual su padre transmutado en Toni Erdmann quiere salvarla antes de que sea demasiado tarde y el mundo empresarial que está despojando a esta mujer de toda conexión con la vida y lo humano, la engulla.
Maren Ade dirige este filme alemán que compitió como Mejor Película Extranjera. La sonrisa se nos congela en los ambientes de extrañeza en el que se baten padre e hija. Ya titulaba Goya un grabado suyo “El sueño de la razón produce monstruos”, así Winfried trata de impedir que Inés se convierta en un robot sin alma que desperdicia su vida en juntas, reuniones, cocteles, cifras o cuadros estadísticos.
¿Somos de donde llegamos o del lugar de partida? Es difícil saberlo, pero en Un Camino a Casa (Lion), la historia de Saroo Brierley, el niño que se pierde en la India y luego es adoptado por una pareja de australianos, plantea la lucha entre la identidad construida y esa otra que duerme en un pasado afectivo. La memoria de los afectos es una llama que no desaparece. Esos son unos lazos irrompibles, parece afirmar el director de Lion, Garth Davis, sin pretender convertir este relato en una telenovela barata como pudo pasar. Esa larga marcha de Saroo hasta sus orígenes, termina juntando sus dos mitades en una vuelta a sí mismo.
Es sorprendente la potencia emocional que despliega Hasta el Último Hombre(Hacksaw Ridge), la propuesta de Mel Gibson que impacta a los espectadores porque su tema son las convicciones en una época de pos verdades y demás yerbas por el estilo. La terquedad del soldado Desmond Doss al negarse a empuñar un arma, va más allá de las razones religiosas y reconfirma que se puede ser fiel a su país sin derramar sangre.
Doss (Andrew Garfield), interiorizó las causas de la violencia para evolucionar a un pacifismo que rompía el historial de su familia. Hacksaw Ridge dinamita la creencia en la relatividad de las convicciones. Su renuncia a la agresión comienza en su hogar, enfrentando a la figura paterna.
Manchester Junto al Mar (Manchester By The Sea), pudo convertirse en un lúgubre alegato de los errores y miserias de la raza humana, pero en vez de eso, Kenneth Lonergan, su director, lo transformó en la historia de unos seres que enfrentan los fantasmas de sus fracasos del pasado. Volver al campo de batalla donde perdiste una guerra requiere mucho valor. Lee Chandler (Casey Afleck), es nombrado tutor legal del hijo de su fallecido hermano Joe, y regresa al pueblo natal, encontrándose no solo con su ex esposa Randi (Michelle Williams), sino que cada esquina o bar le recuerdan las cosas que no desea revivir. Afleck se crece, entregando una memorable actuación que le valió el Oscar al Mejor Actor.
La redondez de Manchester estriba en que jamás su ritmo decae ni posee esos agujeros argumentales que le hacen perder fuelle a cualquier película. Nos encontramos con actor principal en estado de gracia, acompañado de un reparto solido que sostiene la trama y sus ramificaciones, sin que se pierdan las conexiones en ningún momento.
El incierto terreno de los sentimientos y los actos de los personajes es donde se desenvuelven estas películas, que quizás no sean las más reconocidas, Pero nos hablan de los temas cotidianos, de las creencias, aciertos y errores, asuntos que nos competen como entes sensibles.
Desde la búsqueda de sí mismo en Un Camino a Casa (Lion), hasta el proceso rehumanizador en Toni Erdmann, de la firmeza de las creencias y el rechazo a la violencia en Hasta el Último Hombre (Hacksaw Ridge), hasta el enfrentamiento a los fantasmas del pasado en Manchester Junto al Mar (Manchester By The Sea), se puede afirmar que estas películas que han participado como candidatas del Oscar 2017, son un mapa emocional del ser humano.