Opinión

La vida, el deceso: Carvajal y la Copppal

El Partido Revolucionario Institucional, PRI, de México fue la plataforma que sirvió a Gustavo Carvajal Moreno para convocar a partidos progresistas de nuestra región con la finalidad articular una agrupación de formaciones políticas capaz de incidir en el debate sobre la democracia, los derechos humanos, la injerencia extranjera en la región, la autodeterminación de los pueblos, la soberanía y la paz.

Oaxaca fue el escenario para la concreción de la idea, y el 12 de octubre de 1979 nació la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe, Copppal, convocada en esa fecha quizás por lo que significaba para América, dado que un día como ese, en 1492, los europeos pisaron nuestras tierras para dar inicio a un proceso de conquista que mezcló cruces, espada y sangre para el despojo que llevó a la muerte a cerca de 70 millones de hombres y mujeres de los pueblos originarios, a los que se sumaron más de 25 millones de africanos arrancados de sus tierras para ser vendidos como esclavos en el nuevo centro de operaciones de los imperios occidentales.

Un contexto de guerra fría sirvió de marco para que las izquierdas y el progresismo iniciaran el camino hacia la conquista de derechos democráticos secuestrados por las oligarquías continentales que fungían de clase dominante, pero que no alcanzaban a delinear las políticas de sus respectivos países, en razón de que gobiernos extranjeros y transnacionales, en rol de titiriteros, movían la política y la economía; diseñaban el comportamiento de los poderes fácticos, expresados desde las sotanas y los púlpitos, hasta los medios de comunicación como generadores de percepciones clave en la construcción de realidades para el control y dominio.

Gustavo tenía vida y fuerza suficientes para iniciar una batalla que libró, en compañía de líderes latinoamericanos que concentraron sus esfuerzos en la lucha por la libertad, desde el río Bravo hasta la Patagonia, plantándole cara a las botas que se entrenaron en la Escuela de Las Américas; dando su apoyo al proceso de liberación nacional en Nicaragua y acompañando en sus luchas por la democracia a los salvadoreños; participando en espacios proselitistas encaminados a la búsqueda del poder para las fuerzas democráticas, e interviniendo para librar de la cárcel o la muerte a líderes sociales, democráticos y revolucionarios perseguidos por actuar de acuerdo a sus convicciones.

Cuando las democracias populares europeas se fueron de bruces dando inicio a la unipolaridad que impuso las políticas de Consenso de Washington que achicaron el Estado para entregar la corona al mercado, Gustavo Carvajal y la Copppal, ajustaron su lucha a la nueva realidad de desamparo en que caían día a día las grandes mayorías que empobrecían mientras unos pocos acumulaban riquezas obscenas.

En medio de este drama de profundización de las desigualdades, las desarticuladas fuerzas progresistas, desorientadas y sin referentes estimulantes, se volvieron a articular en torno a reivindicaciones económicas llamadas a mejorar las condiciones materiales de existencia de los pueblos desamparados por el Estado achicado o secuestrado por las fueras descontroladas del mercado. Entonces nació una ola de progresismo que él acompañó satisfecho, convencido de que Latinoamérica iniciaba su camino hacia la independencia definitiva y la construcción de la Patria Grande.

Pero como el camino emprendido es una dura lucha contra el pasado, las fuerzas conservadoras se activaron para conspirar, y al margen de la voluntad popular iniciaron el ascenso al poder para desmontar el proceso emancipador. Allí la Copppal y Carvajal Moreno se alinearon de nuevo a los intereses de las mayorías y cerraron filas con Manuel Zelaya, Fernando Lugo y Dilma Rousseff. También se pusieron del lado de los líderes progresistas perseguidos para impedirles el retorno al poder o su ascenso a él.

Metidos en esta batalla la muerte tocó la puerta de Carvajal Moreno, y el cuerpo que daba albergue a su universo de ideas, le abrió, por lo que sin ese recipiente, ellas, que elaboraron sus pasos y construyeron su legado, son de todos, por ello en la Copppal, su hijo mimado, estamos comprometidos a continuar al lado de los mejores intereses de nuestros pueblos y de la Patria Grande que soñó.

¡Hasta siembre compañero Gustavo!

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