Una de las frases que mejor expresa la diversidad formativa es la del líder político chino Mao Zedong: “Que se abran cien flores y que compitan cien escuelas de pensamiento para promover el progreso de las artes”. Tales aseveraciones caen como anillo al dedo en el ambiente cinematográfico dominicano.
El crecimiento del arte de las imágenes en movimiento en nuestro país trae consigo la necesidad de un personal que cubra los puestos en los equipos de rodaje, lugares que deben ser ocupados por técnicos con los conocimientos adecuados y así entregar a las pantallas productos con una terminación que esté de acuerdo con los estándares industriales aceptados como norma.
La oferta académica tradicional de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), GC FILMS, los cursos de la Escuela de Diseño de Altos de Chavón o del Instituto de Multimedia de la Fundación Global (FUNGLODE), se refuerzan con las nuevas opciones de la Pontificia Universidad Católica (PUCMM), la Escuela de Cine de la Universidad Tecnológica (INTEC), la Escuela de Cine de Altos de Chavón o los cursos de Entrenamientos Cinematográficos del Caribe (ECC),La Vicepresidencia de la República, los talleres para jóvenes cineastas de Femujer, entre otros emprendimientos formativos.
Los talleres, cursos y charlas de la Dirección General de Cine (DGCINE), contribuyen a ampliar el espectro de conocimientos que son puestos a disposición de los participantes en la construcción de un cine criollo. La institución estatal reguladora cumple así con el rol asignado por la Ley de Cine 108-10, para el fortalecimiento del personal ejecutor sobre el terreno.
En la medida de que se disponga de recursos humanos con los conocimientos adecuados en las cantidades que exige la demanda, la calidad de los productos ira en ascenso y los clientes-espectadores lo notarán. Estos resultados serán producto de un proceso del cual no podemos saltar escalones y de repente empezar a producir obras maestras como lo exigen ciertos sectores impacientes.
Autodidactas Vs académicos
Los caminos para acceder al control de las herramientas de hacer cine son varios, tomando en cuenta las multiplicidades del ser humano, y no siempre se entra a la industria desde una academia, sino por una elección expresiva desde la práctica, empezando en los escalones más bajos del arte industrial cinematográfico.
El autodidacta elige las vías de la práctica in situ, de la lectura, la observación de películas, fuera del espacio académico, sin que esto le reste un ápice de conocimiento o habilidades en el desempeño de sus funciones. La estimación excesiva del académico en el cine desdeña las lecciones históricas de este arte.
La sobreestimación de ambos campos, el academicista y el autodidactismo, carece de bases sólidas pues la industria se nutre de los dos. De nada sirve una cantidad de teorías sin aplicación práctica y tampoco una práctica sin reflexión teórica lleva a algún lado. La combinación de la práctica y los conocimientos son clave para la producción de buen cine.
La historia del cine está plagada de ejemplos de gente que jamás pisó una institución para formarse en cine y sin embargo se les reconoce su aporte como creadores cinematográficos en las diferentes áreas. Al día de hoy, ni James Cameron o Werner Herzog necesitaron un diploma de una escuela de cine que certifique su competencia para ser acreditados como realizadores trascendentales.
Una cierta cantidad de gente de cine proviene de la crítica o la cinefilia, porque existen pocas escuelas que enseñen tanto como mirar, diseccionar los contenidos de una película o leer guiones. No en vano nos dice el maestro Martin Scorsese, que en determinados momentos de un rodaje acude a visionar películas para extraer soluciones a problemas que se le presentan.
El aumento en las producciones ha influido en la necesidad de contar con una mayor cantidad de personal, y estos saldrán, tanto de las instituciones académicas cinematográficas, del campo autodidacta o de sectores afines como el periodismo, la literatura o la televisión. También podrían provenir de áreas inusuales o no tradicionales, y eso no sería de sorprenderse.
Producir o no producir, esa es la cuestión
El cine dominicano continúa una carrera productiva pese a algunos vientos huracanados que lo amenazan. Para aquellos interesados en introducirse en sus labores, la variedad de recursos a su disposición crece día a día, sea que desee seguir una carrera en una institución educativa especializada en cine, sea que comience a trabajar y formarse en la práctica o que se nutra de los conocimientos por su propia cuenta.
Lo importante para aquellos que deseen engancharse al tren de la cinematografía es la disposición de realizar una labor con rigor, calidad y disciplina, sin buscarle la quinta pata al gato. Si se formó en una escuela de cine o lo aprendió por sí mismo, es lo de menos, lo vital es si tiene los conocimientos o el talento necesarios para convertirse en un cineasta hecho y derecho. Después de ahí, nada importa.