Opinión

Alas Geoeconómicas

Ya la región latinoamericana y caribeña se encuentra inmersa dentro de las grandes corrientes geoeconómicas que se están configurando a escala planetaria como expresión de un fenómeno global que luce irreversible.

La globalización se expresa a través de la expansión de las empresas transnacionales dentro de las relaciones económicas internacionales como los sujetos más activos de las mismas, acompañado de movimientos de desregulación financiera y autoexclusión del Estado en las determinaciones económicas.

En abril del 2000 el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó un interesante trabajo titulado “La globalización: ¿Amenaza u oportunidad?” donde sostenía: “La ‘globalización’ económica es un proceso histórico, el resultado de la innovación humana y el progreso tecnológico. Se refiere a la creciente integración de las economías de todo el mundo, especialmente a través del comercio y los flujos financieros”.

Durante el período 1990-2000 el seguimiento al fenómeno de la globalización por parte de los organismos internacionales integrantes del orden económico mundial surgido de la postguerra, tales como el FMI, el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) se tradujo en la aplicación de políticas públicas de corte neoliberal que implicaron el culto a las fuerzas del mercado y al achicamiento del Estado en la distribución de la riqueza material creada por la sociedad.

Dentro de la valoración del fenómeno económico globalizar se habló mucho de las bondades de una pretendida integración “cada vez mayor del comercio mundial y los mercados financieros. Pero ya en pleno año 2018, a casi tres décadas después de la mayor expansión de la ola de interdependencia que cubre a las economías del mundo, se podrían extraer conclusiones al respecto.

La pérdida de espacio económico por parte de Estados Unidos dentro del escenario productivo, comercial y financiero global (aunque pretende frenarse a través del recurso político-militar) frente a la fortaleza de una China que ha vuelto a ocupar un dinámico espacio como motor de la economía mundial, coloca al mundo, y en especial a la región latinoamericana y caribeña, en medio de un nuevo escenario conflictivo que hace recordar los álgidos tiempos de la Guerra Fría (1946-1989).

Ese período de la citada Guerra Fría, dotado de un contenido con alta carga político-ideológica, no debe ser confundido con la actual coyuntura de enfrentamiento geoeconómico, aunque ambos fenómenos formen parte de un mismo proceso: la recomposición del mapamundi económico-político entre las potenciales mundiales.

Y América Latina el Caribe se encuentra en medio de ese escenario económico conflictivo entre Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea, entre otros casos, el cual debe ser aprovechado por la región para consolidar un mayor nivel de sus actividades productivas, comerciales y financieras dentro de las cadenas globales de valor a través de los flujos de comercio e inversión.

Es innegable que en la región latinoamericana y caribeña se vive un ciclo de posiciones político-ideológicas conservadoras. Pero nuevos aires soplarán donde predominará el uso de un ejercicio soberano e independiente en materia de política exterior por parte de los Estados, dejando atrás la sumisión ante presiones políticas externas que pretenden frenar la marcha irreversible de la historia en tiempo de recomposición geoeconómica mundial.

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