A partir del año 1997 en la educación dominicana se iniciaron una serie de cambios sucesivos, planificados sobre un presupuesto mejorado, con respecto a los años anteriores y a partir de la aprobación de la ley 66-97 se produjeron cambios estructurales de gran importancia y se produjo un aumento salarial del 100 por ciento. El profesor de escuela inicia desde ese momento un camino de cambios materiales, que le han convertido en un ente social que puede vivir por encima de la mayoría de los que venden su fuerza de trabajo, su intelecto o los conocimientos a través de alguna profesión u oficio en la República Dominicana.
Desde el Ministerio de Educación se han invertido a través del INAFOCAM cuantiosos recursos en capacitación y retroalimentación académica. La inversión ha sido cuantiosa, convirtiendo a los profesores en egresados de licenciatura y posgrado como nunca antes en la historia nacional, pero los resultados esperados por los distintos gobiernos y por la sociedad, no han sido los esperados en los ámbitos cualitativos, no solo en las distintas áreas científicas desarrolladas en los niveles con que cuenta el sistema, porque no avanzamos en ciudadanía, es decir, en los modales. Las distintas formas del fenómeno de la violencia es solo una muestra objetiva ni hablar de las buenas costumbres como practica del quehacer diario.
La familia y el maestro no se reconcilian, para asociarse en el camino de los cambios de comportamiento ciudadanos y cada día se perciben caminos no convergentes y lejanos de la armonía familia-maestro y escuela-comunidad. Para que los niños de hoy puedan construir su vida sobre realidades objetivas, el profesor tiene el deber de asumir su rol.
Para el año 2018 la inversión en educación del país asciende a RD$ 153,000 millones de pesos dominicanos y en ese orden, el presupuesto resulta el más grande del Estado para este periodo fiscal. Sin embargo, la calidad educativa no ha mejorado en los niveles requeridos por los parámetros internacionales y por ende, exigidos por la población de la República Dominicana. En ese sentido y de acuerdo a la magnitud de la inversión, debemos revisar todo el Sistema Educativo Dominicano, porque la mejora ha ido muy lenta y los procesos se encuentran con escollos lamentables, que tienen que ver con problemas que datan desde el Primer Plan Decenal 1992-2002. ¿Cómo justificar ante la población nacional y ante los organismos internacionales nuestra incapacidad para hacer que la escuela funcione como una institución de rentabilidad social aceptable?
La asignación presupuestaria es alta, si la comparamos con decenios anteriores e injustificables ante los resultados obtenidos en las reiteradas evaluaciones. No es posible que el país esté retrasado en la calidad de los aprendizajes básicos. El hecho de que solo el 12% de los niños alcance niveles satisfactorios en lectura, es lesivo para el futuro de la nación, debido al impacto negativo que tendrá esa realidad en los aspectos cognitivos sobre la citada población. Esos datos de la última evaluación diagnóstica del MINERD son reveladores para poder analizar el presente y el futuro de la práctica docente en el sector público.
Es indudable, ante esta grave situación, la práctica docente tiene que ser revalorada, reflexionada y cambiada en los aspectos necesarios. El profesor no puede continuar siendo un ente pasivo frente al facilismo y la cultura de lo mínimo en que vive la nación. Tiene que ser convencido para que no siga desarrollando procesos áulicos de practica ritualista, monótona y cansona, en donde el participante se aburre y desea ausentarse a consecuencia del tedio. No se justifica la inversión millonaria en la formación y capacitación de los docentes, ante estos resultados calamitosos.
El país necesita invertir más recursos en la educación, porque se deben asumir los grandes retos de la deuda social acumulada, pero no podrá hacerse realidad, debido a la falta de avances cualitativos en el sector, convirtiéndose en un lastre la actitud de diferentes actores del sistema, que sacan provecho de las actividades económicas, sociales y políticas del presupuesto escolar. Es tiempo de valorar el esfuerzo económico del gobierno y tienen que hacerlo en primer lugar los profesores y padres. Ese binomio es clave para el éxito de la escuela y no puede continuar en conflicto. Al sistema le conviene trabajar en ese sentido, pero no puede hacerlo si continúa creándose antagonismo con la ADP, debido a la cultura de “gallito de pelea” desarrollado desde ese ámbito. Debe aplicarse la negociación como herramienta de propuesta para el cambio de los comportamientos, pero deben colocarse sobre la mesa de negociación, las consecuencias en forma transparente y con medidas heroicamente trascendente. La disciplina debe ser rescatada, pero la democracia invita a respetar derechos, tocándoles al liderazgo reclamar el cumplimiento de los deberes, alejando el populismo y la conveniencia coyuntural del ambiente educativo.