Opinión

OMC: ¿Ruidos globales?

El nuevo escenario geoeconómico mundial parece colocar a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en una difícil posición frente a los retos contemporáneos que se derivan de la emergencia de China, India, Rusia, Sudáfrica y la Unión Europea -entre otros países y regiones del mundo- dentro del nuevo mapamundi económico que se ha estado gestando desde finales del pasado siglo XX.

Han transcurrido unos 70 años desde que el 1 de enero de 1948 entró en vigor el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), considerado como la primera legal de un foro de negociaciones comerciales multilaterales tras el fracaso de la constitución de la Organización Internacional del Comercio (ITO, por sus siglas en inglés) tras la firma de la Carta de La Habana (1947).

El GATT se concibió como un instrumento jurídico temporal para la regulación del comercio, pero su provisionalidad se prolongó por…50 años. No fue sino hasta el 1º de enero de 1995 cuando inició sus funciones la nueva OMC.

La OMC es la heredera institucional del GATT y surgió en el marco de la histórica Ronda Uruguay de negociaciones comerciales multilaterales que cerró con la participación de 123 países que se fueron integrando a las reuniones técnicas desde el 1986 hasta finales de diciembre de 1994, cuando pusieron punto final a las deliberaciones en la ciudad de Marrakech, Marruecos.

Conviene recordar que la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) encontró a Estados Unidos como la potencia económica número del globo terráqueo, pues su base productiva no había sufrido los efectos destructores del devastador conflicto bélico. Para ese entonces concentraba el 50 por ciento de la producción mundial de bienes y alrededor del 80 por ciento de las reservas mundiales de oro.

El dólar (moneda nacional estadounidense) se posicionó en la postguerra como la divisa por excelencia de la economía mundial. Esa fuerza económica se proyectó con fuerza hasta el 15 de agosto de 1971 el entonces presidente Richard Nixon (1913-1994) dispuso la no convertibilidad del dólar en oro.

Téngase presente que durante el periodo 1944-1971 los bancos centrales de otros países solían depositar dólares en el Sistema de Reserva Federal (FED, que hace las veces de banco central) de EE.UU. y a cambio podían retirar oro; pero al disponerse la no convertibilidad del billete verde en oro sobrevino la desconfianza mundial ante la cuestionada credibilidad monetario-financiera de Washington.

Así, en la actualidad vemos a la economía estadounidense generando el 20,4 por ciento del PBI mundial que conforme al Fondo Monetario Internación (FMI) ascendió en el 2018 a unos 79,8 billones de dólares, seguido de China con 14 billones y la Unión Europea, en cuanto bloque comercial con 19,6 billones.

Las reservas internacionales de un país demuestran su capacidad financiera para hacer frente al cumplimiento de sus obligaciones. China ocupa el lugar cimero a escala planetaria en materia de acumulación de reservas con 3,1 billones de dólares, seguido por Japón con unos 1,2 billones dólares.

Que no se trata de abrumar con cifras que demuestren la primacía económica de Estados Unidos setenta años atrás, sino de evidenciar que el actual mapamundi económico está experimentado sensibles cambios que comprometen la funcionabilidad institucional de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

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