Opinión

Palabras expresadas por Ramón Ventura Camejo, miembro del Comité Político del PLD, en memoria de Ramón “Monchy” Rodríguez

Estamos una vez más ante un fenómeno extraño y cotidiano como la muerte para el ser humano, la cual le provoca sentimientos de miedo, de angustia, curiosidad, desolación y también esperanza.

La muerte tiene una dimensión extremadamente humana, es un fenómeno sobre el cual el ser humano no deja de reflexionar: acerca de su origen, su causa, su significado y sus consecuencias.

La muerte de Monchy Rodríguez fue una sorpresa inaceptable. Cuando mi hijo Juan Manuel me dio esa información a las seis de la mañana, lo primero que pensé fue que seguro estaba dormido y estaba sufriendo una terrible pesadilla.

El fenómeno de la muerte pretende ser explicado desde el punto de vista científico, filosófico y religioso. La solución que le doy a este caso es la que me dio Eugenia, la esposa de Monchy, cuando fui a darle el pésame y me dijo: “Camejo, Dios se ha llevado a Monchy”.

En este momento estoy expresando estas breves palabras en nombre del Partido de la Liberación Dominicana de Santiago.

Sobre Monchy podría decir una cantidad inmensa de cosas, desde su preocupación constante por su familia y sus hijos; de su recuerdo de sus padres, siempre destacando el origen de un padre obrero y muy trabajador y de una abnegada madre.

De su relación con su esposa e hijos, pero también podría hablar de su inclinación al conocimiento, de su curiosidad científica, razón por la cual fue portador de más de una maestría.

Podría destacar la gran sensibilidad de su compromiso social, ya que se inició como activista social, por ejemplo, su participación en el club del barrio Bermúdez; de su habilidad y destreza como un gran organizador, de la aptitud para ejercer la actividad política, de su compromiso con programas de desarrollo para la sociedad dominicana, de su defensa de la democracia y de la libertad, de su lucha por la fortaleza institucional. También podría hablar de su preocupación por un partido unido para seguir enfrentando los desafíos del porvenir.

Pero puedo resumir las características de la personalidad de Monchy Rodríguez en dos situaciones, una que me demuestra su valor, control y serenidad, cuando en una ocasión veníamos de la Capital hacia Santiago y, en el puente de La Vega, al vehículo en el que veníamos, que él conducía, se le explotó una goma, y pese a que pensé que iba a ocurrir lo peor, él controló el vehículo y este ni siquiera rozó la barandilla del puente.

Pudiera haberme ahorrado todo lo dicho y detenerme solo a observar lo que ha ocurrido estos dos días después de su muerte, en la funeraria, en la catedral, y ahora en el cementerio, donde centenares de personas de todas las edades manifiestan su gran dolor y tristeza reflejados en lágrimas, recordando su solidaridad, como un líder político que siempre supo corresponder a sus demandas y necesidades.

Para nosotros en el PLD es una pérdida irreparable por sus aportes y su responsabilidad, y creemos que queda un gran vacío que entre todos debemos tratar de suplir, en las múltiples batallas que se presentan en el futuro inmediato.

Con Monchy Rodríguez compartimos muchos años y siempre nos distinguió con un trato afable, solidario y de respeto. En un momento como este, nuestro compromiso al despedirnos de él es de continuar trabajando para que nuestros sueños compartidos, que forjamos hace tantos años, continúen convirtiéndose en realidades, y pienso que no hay mejor manera de expresar lo que siento en esta despedida que invitarlos a ustedes a que compartamos la letra de Alberto Cortés con el título: Cuando Un Amigo Se Va.

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