Opinión

Joaquín Balaguer en varias cuartillas (III)

El Doctor Balaguer decidió asilarse, luego de pasar balance a la situación nacional y al observar el cerco que le habían tendido antiguos colaboradores del régimen, aliados a la nueva ola de posibilidades de poder que se presentaba en el espectro político. Fue así, como el acucioso líder determinó, que las cosas no andaban bien para sus propósitos inmediatos, de presidir un gobierno sin la compañía ni la presencia de los familiares cercanos del extinto dictador.

Era una realidad irreversible en ese instante de la historia, por lo que el hábil político tomó la correcta decisión de ir hacia la Nunciatura Apostólica -ubicada en el mismo cuadrante de su residencia en la Avenida General Máximo Gómez- y con la protección clerical utilizó sus habitaciones como observatorio estratégico de los procesos situaciones que acaecían en la nación.

Permaneció por aproximadamente dos meses en la legación diplomática y el día 12 de marzo del año 1962 salió al exilio a la caza de oportunidades.

Habían pasado pocos meses de las vivencias de una situación tensa, en donde hubo que andar “con cuatro ojos”, porque todo el mundo era sospechoso y Ranfis estaba controlando las fuerzas militares y las de inteligencia, aniquilando y encarcelando a quienes olían a simpatizantes de los tiranicidas. Y para complicarle la vida política a Balaguer, por un lado el PRD en campaña internacional abierta exigiendo la salida del gobierno neo trujillistas encabezado por Balaguer y por otro lado la Unión Cívica Nacional andaba con su mentalidad de zíper y látigo, arrinconando a quienes podía con su campaña de odio contra los que simpatizaban con el moribundo régimen. De igual manera, el Movimiento 14 de Junio se fortalecía, los neo trujillistas ambicionaban en múltiples facetas alzarse con el poder. Y para colmar los ánimos, el PRD, la UCN y el 1J4 realizaron una huelga nacional con la consigna de sacar a Balaguer del gobierno.

La huelga no pudo lograr lo que buscaba, pero golpeó duro el tronco del poder durante casi dos semanas de paralización total, el Doctor Balaguer asumía el liderazgo de los cercanos colaboradores del generalísimo y permanecía en el poder en forma tambaleante.

Antes de tomar la decisión de asilarse, Balaguer sintió en carne viva la campaña internacional que desarrollo el PRD liderado por Juan Bosch, por un lado y por otro lado, la Unión Cívica y el Movimiento 14 de junio -aunque por senderos diferente- pero coincidiendo con destrujillizar a la nación, finalmente forzaron al Presidente Balaguer a formar un nuevo gobierno denominado Consejo de Estado.

Pero esa toma de decisión estaba muy influenciada por los trujillistas bajo su liderazgo, lo que no le permitió ver la importancia de liderar la transición hacia la democracia e insistía en resistir ante el imparable cambio que se le venía encima.

Fue una toma de decisión, que imaginando la situación de entonces, debió ser forzada, pero poco viable ante el espectro nacional e internacional.

Pero reconozco, que había que estar en sus zapatos, para poder entenderle a cabalidad.

Fue al filo de esas circunstancias que surgió el Consejo de Estado, cuyo sustantivo apareció evocando acontecimientos históricos universales. El Doctor Balaguer tomó la decisión de que naciera el día 1 de enero del año 1962 y estaba constituido por él, quien lo precedía y Rafael F. Bonelly junto a Eduardo Read Barreras eran los vicepresidentes. Como miembros fueron designados Monseñor Eliseo Pérez Sánchez, Nicolás Pichardo, Luis Amiama Tió y Antonio Imbert Barreras. Ese arroz con mangos, producido por la desesperación de la inestabilidad política, junto mansos y cimarrones, representando intereses muy disimiles.

En el nuevo escenario de Consejo de Estado al Doctor Balaguer le fue peor, porque en la práctica del día a día, reducía la operatividad y mermaba el poder del presidente, quien tenía que consultar a los miembros que les impusieron las circunstancias, para cualquier toma de decisión.

El día 16 del mismo en que apareció en el convulso escenario político de entonces, el Secretario de la Fuerzas Armadas, el General Pedro Rodríguez Echavarría –supuestamente instruido por el presidente– depuso al primer Consejo de Estado y una Junta Cívico-Militar tomó el control del gobierno de la nación.

El nuevo gobierno solo alcanzó dos días en poder, debido a la rebelión encabezada por Rafael Tomás Fernández Domínguez, quien tomando prisionero al General Rodríguez Echavarría, desarticuló el gobierno cívico militar y repuso al Consejo de Estado. Entonces, como no podía dominar la situación política en que se encontraba el país, Balaguer tomó la decisión de asilarse en la Nunciatura Apostólica y a los casi dos meses de encontrarse en ella, tuvo que marchar hacia Nueva York asediado por la gente y bajo denigrantes consignas nacidas del ingenio popular.

Es innegable que en los casi 31 años del gobierno en que encabezó Rafael Leónidas Trujillo Molina en “una tiranía sin ejemplo” como bien la describe Juan Bosch en el libro al cual le puso ese nombre, la República Dominicana del año 1961 era muy diferente a la del año 1930. La nación mostraba notables transformaciones en muchos aspectos de la vida, basta con describir la organización territorial y la red de carreteras. Sobre esa base material, regresaría el Doctor Balaguer con nuevos argumentos y colocado sobre un poder de portaviones, cuando pudo regresar desde el exilio, con la conquista de la voluntad del Presidente Lyndon Baines Johnson en su bolsillo y no muy secretamente patrocinado por los empresarios del Pais.

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