Opinión

La economía azul (2)

A través de la historia, el hombre ha ido afianzando sus conocimientos, con los cuales se ha transformado la vida, la salud y la riqueza. En este proceso de transformación, la economía ha pasado por varios modelos. Un primer modelo conocido como “economía financiera”, fundamentada en el crédito y la deuda; un segundo modelo, conocido como “economía verde”, cuya finalidad es explotar los recursos naturales de que se dispone, preservando el medio ambiente; y finalmente, un concepto económico relativamente reciente denominado “economía azul”, que implica, según el economista belga Gunter Pauli, “servirse del conocimiento acumulado durante millones de años por la naturaleza para alcanzar cada vez mayores niveles de eficacia, respetando el medio ambiente y creando riqueza, y traducir esa lógica del ecosistema al mundo empresarial”.

Y es que la propia naturaleza comporta una auténtica economía, que al desarrollarse considerando su protección efectiva, podrían crearse millones de empleos, en el marco de una economía ecosistémica, cuyo objetivo es la optimización y explotación de los ecosistemas de manera racional. De esta manera, considera Pauli, puede crearse una economía de abundancia, que permita satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos, en un nuevo modelo de “economía azul”.

La economía azul es beneficiosa para los suelos y las personas, ya que garantiza seguridad alimentaria, empleos, generación de energía, combustibles, materia prima, materiales de construcción e ingresos al Estado por los beneficios generados. A modo de ejemplo, es importante destacar la transformación ocurrida en Colombia en la comunidad de la pradera de Vichada, en el paraje Las Gaviotas, cuyo protagonista, Paolo Lugari, hizo posible transformar la adversidad en oportunidad económica y social para sus habitantes. Las tierras de la orilla occidental del Orinoco no tenían ningún valor: el ph de la tierra era ácido, no había agua potable y el acceso a la zona por cualquier medio de transporte era difícil.

El reto era transformar la escasez en abundancia. Para lograr esta meta, Lugari se propuso rehabilitar todo el bosque que había desaparecido. Veinticinco años después, las tierras fueron transformadas en un bosque-selva, de exuberante biodiversidad tropical, lo que permitió la modificación de las condiciones físicas de la región. Hoy, la producción de agua de calidad, los alimentos que se recolectan en la selva, las distintas formas de vida del ecosistema de Las Gaviotas, se ha multiplicado por 3 mil. La industria de agua establecida allí, es una de las más cotizadas y apetecibles por la clase empresarial de Colombia, compitiendo con San Pellegrino o Evian. El potencial económico de Las Gaviotas que hoy cuenta con patentes de clase mundial, hizo posible que JP Morgan ofreciera al gobierno de Álvaro Uribe, 300 millones de dólares para incrementar el área boscosa de 8 mil a 100 mil hectáreas, lo que podría generar 100 mil empleos y compensar las emisiones de carbono de países como Bélgica y Holanda. Es un claro ejemplo de cómo un lugar inhabitable fue transformado por la imaginación de un hombre que aportó sus esfuerzos y sacrificios para satisfacer las necesidades de la gente, protegiendo el medio ambiente y potenciando las ideas empresariales, a través del proceso natural de los ecosistemas. Un ejemplo claro de economía azul.

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