Hablan los hechos

La Argentina de Macri: ¿Quedó a deber?

En lo que puede considerarse una de las más claras muestras de cómo el factor económico aplicado al Estado, es capaz de condicionar las inclinaciones ideológicas o partidarias de la sociedad de cara a unos comicios, Argentina se prepara para pasar balance al cuatrienio de Mauricio Macri.

Con unas elecciones presidenciales en octubre, el actual mandatario tiene la misión de salir a flote y reelegirse, pese a que todos los indicadores macroeconómicos parecen no favorecerle, donde irónicamente su llegada al poder fue producto de alentadoras promesas que garantizaban un resurgimiento de Argentina. Sin embargo, adaptados a los vaivenes entre gobiernos conservadores y progresistas, dictatoriales y democráticos, los argentinos han aprendido en los últimos 70 años a vivir sometidos a modelos económicos que más de una vez han llevado al país al borde del abismo.

Es así como a la fecha, Argentina es el segundo país de la región con mayor inflación y que más veces ha caído en el impago de deuda externa, solo detrás de Venezuela. Desde su elección hace aproximadamente cuatro años, el actual mandatario ha aplicado un modelo económico liberal, cuyas medidas iniciales (recorte de nómina pública, aumento de servicios públicos básicos, reducción de impuestos a exportaciones, y financiamiento exterior) lejos de superar la crisis heredada por las políticas subsidiarias del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, lo ha acentuado más.

Tras haber logrado contener temporalmente la inflación y la respectiva devaluación de la moneda, lo cierto es que desde el 2017 Argentina viene registrando un balance preocupante, con un aumento anual que alcanzó el 47.6% de inflación (el más alto desde 1991). Factores como la desregulación del mercado cambiario y el alza de los intereses de la Reserva Federal de Estados Unidos, afectaron notablemente la calificación de cara al mercado internacional, pero ha sido el alza de los precios, el desempleo y reducción del poder adquisitivo, lo que mayor molestia ha creado entre los argentinos a lo interno del país.

Sucede que a estas alturas es un hecho que, más allá de las coyunturas internacionales, las políticas económicas introducidas por el actual gobierno argentino son las principales responsables de un malestar general que experimenta la población. En efecto, luego de haber experimentado por poco más de una década bondadosas tarifas en los servicios de luz, agua y gas, gracias en gran medida a los subsidios estatales, los argentinos han sufrido alzas extraordinarias que comprometen sus ingresos mensuales. Ciertamente aquellos subsidios, que en principio eran financiados gracias a los altos ingresos que produjo el boom de las materias primas y que beneficiaban a ricos y pobres, pasaron a ser insostenibles para el gobierno, por lo que su revisión constituía un asunto de prioridad.

Procurando normalizar los precios de estos servicios, sin embargo al aumento registrado a partir de la medida adoptada por Macri, llevó a que los precios aumentarán en base a un 920% para la electricidad, 930% para el servicio de gas natural, y 683% el agua.

Por si fuera poco, a esto le siguió un aumento de 94% en los combustibles, que a su vez incidió en el aumento de 224% en los servicios de trenes, 207% en autobuses públicos, 455% en el costo de peajes, y un aumento de casi el 100% en productos básicos como leche, harina, carne, aceite, azúcar, entre otros. Todo ha coincidido infortunadamente con un aumento en la tasa de desempleo, que ronda el 9.1% y que en parte se debe al cierre de micro, pequeñas y medianas empresas afectadas por el estancamiento económico.

Como es de esperar, muchos argentinos han presentado serias dificultades para cubrir sus compromisos mensuales en los últimos años, donde según estadísticas oficiales, la pobreza ha aumentado un 6.3% durante el actual gobierno, totalizando un 32% de la población. Estos datos que irónicamente se dan en un país que exporta alimentos para 400 millones de personas, se tornan más preocupantes cuando vemos que hay un 51.7% de carestía entre los infantes, y que el 29% de los menores de edad en Argentina sufrieron precariedad alimentaria durante el 2018. En esencia, teniendo que contar con unos ingresos mínimos de US$620.00 dólares para sobrevivir a un mes, es decir, más de dos veces el salario mínimo y tres veces lo que cobran los pensionados, no sorprende que unas 800,000 personas vivan actualmente en la indigencia, mientras el resto hace malabares con el extendido mercado de los cupones de descuentos.

En el proceso, Macri ha acudido en dos ocasiones al cuestionado Fondo Monetario Internacional, conocido como FMI, una entidad que desde su creación en 1945 ha sido sinónimo de inestabilidad, recesión económica y crisis social en toda Latinoamérica, y sobre todo en Argentina. De hecho, el segundo préstamo solicitado por el actual gobernante alcanzó los US$57,000 millones de dólares, una cifra record con la que buscaba paliar la espiral de devaluación, pero que inevitablemente ha sido condicionado a mayores restricciones presupuestarias y adolece de la posibilidad de futuros atrasos en el pago.

Pudiendo ser catalogada como una jugada hábil a corto plazo, el desembolso del 60% de este préstamo para éste año electoral, le garantiza al presidente candidato la liquidez para honrar las deudas actuales, pudiendo ello brindarle holgura de cara a su repostulación. No obstante, a mediano y largo plazo el panorama no parece tan alentador, y es que con una inflación, déficit fiscal y niveles de pobreza que se han disparado durante su gestión, se ha vuelto un tema de debate la eventual vuelta del kirchnerismo al poder, lo que genera desconfianza en los mercados internacionales.

En lo que el financiamiento del FMI surte el esperado efecto, la economía argentina ha continuado su progresivo deterioro, alcanzando el 54% de inflación, realidad que ha llevado al gobierno a medidas de emergencia como beneficios a las MiPymes, controles de precios que incluye los servicios básicos, descuentos a afiliados en el sistema de asistencia estatal, etc. Todo un paquete que parece estar más en sintonía con un gobierno progresista, que de corte conservador como lo es Macri.

En definitiva, da la impresión de que el devenir económico podría condicionar los resultados de cara a octubre, donde los efectos de las medidas de último minuto tardarán más en surtir efectos, que el tiempo que los electores tienen para variar su opinión.

Pronto estaremos evaluando el escenario político, y para entonces será un hecho medir si la Argentina de Macri quedó a deber o no.

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