Hablan los hechos

El PRI de Mexico: Lecciones para la partidocracia de la región.

A un año de las últimas elecciones presidenciales, México continúa adaptándose a un nuevo esquema de gobierno, esta vez bajo la dirección de Andrés Manuel López Obrador, un ferviente opositor del establishment reinante moldeado por décadas a imagen y semejanza de su más antigua organización política, el PRI.

En efecto, el Partido Revolucionario Institucional que se encuentra nueva vez en la oposición tras haber desperdiciado, si se quiere, la que fue considerada como una oportunidad clave para reivindicar su cuestionado pasado, con un legado de 71 años de control absoluto del aparato estatal mexicano.

Incluso, es posible afirmar que hace apenas seis años atrás, pocos apostaban a que un candidato fuera de la partidocracia tradicional como López Obrador, podría tener posibilidades reales a la presidencia.

Luego de haber agotado su último sexenio, el histórico Partido “tricolor” se encuentra en medio de una fuerte crisis interna en la cual se juega su futuro dentro del escenario político, mientras procura reencontrarse con sus orígenes a 90 años de su fundación.

No obstante, el hecho de haber sido favorecido en las elecciones del 2012 como “el mal menor”, nos indica que ese pasado del PRI no siempre fue un referente digno, y que con sus logros acarrea episodios lastimosos para la nación.

La organización surgió como consecuencia de la revolución mexicana de la segunda década del siglo XX, que sumergió al país en la pobreza y división interna en medio de la lucha de poder de caudillos, lo cual generó un movimiento integrador bajo la dirección de Plutarco Elías Calles.

Es así como nace inicialmente el Partido Nacional Revolucionario en marzo del 1929, una especie de Partido-Estado, que aglomeraría grupos políticos nacionales y regionales, sindicatos, campesinos y obreros, que regiría los destinos de México en las siguientes décadas.

Para 1938 la organización cambia de denominación bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas (uno de los mandatarios más reverenciados de la historia mexicana, por la repartición de tierras y nacionalización de la industria petrolera), pasando a llamarse Partido de la Revolución Mexicana. Posteriormente en 1946, bajo la presidencia de Miguel Alemán adquiere su nombre actual, PRI.

Sin embargo, es a partir de la gestión de Alemán cuando la organización adquiere un fuerte matiz corporativista y se instaura la conocida era “presidencial imperial”, donde los sucesores eran designados personalmente por el presidente de turno.

En lo adelante, la organización que surgió inicialmente como una agrupación de “izquierda”, tomó un giro liberal que fue asociado con un creciente esquema de corrupción y monopolio del poder.

El control cuasi absoluto del aparato estatal le llevó a reprimir todo tipo de disidencia social, ya sea de médicos, maestros, campesinos, ferrocarrileros, y especialmente la persecución orquestada contra grupos estudiantiles opositores entre 1968 y 1971.

Fue precisamente ese cúmulo de poder y la falta de autocrítica, lo que llevó a que en 1988 se produjera una oposición interna y posterior salida del partido de parte de su alta dirigencia, en las personas de Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz y el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

A pesar de ese revés, el PRI mantuvo el dominio del escenario político en base a denunciadas artimañas, que le llevaron a merecer el título de “Dictadura Perfecta”, a manos del escritor peruano Mario Vargas Llosa.

Sería durante este período que entraría en escena Carlos Salinas de Gortari, polémico mandatario a quien el estallido de la crisis política y social del último año de su gestión, le haría encabezar uno de los momentos más oscuros de México.

En efecto, 1994 fue el año que marcó el inicio del ocaso del reinado del PRI, con asesinatos políticos que conmocionaron no solo a los mexicanos, sino a toda Latinoamérica, como lo fue el magnicidio del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio.

Asesinado en marzo de ese año, luego de haber sido elegido por Salinas de Gortari como su sucesor, Colosio representaba para muchos mexicanos la mayor esperanza de un rompimiento con las viejas y denunciadas prácticas del PRI, lo cual lo puso en línea directa de confrontación con las autoridades partidarias.

La nebulosa que le siguió a su repentina muerte, así como el asesinato meses después del secretario General del Partido, Francisco Ruiz Massieu, sumergió a México en un creciente ambiente de violencia que perdura hasta la actualidad.

A esto se sumarían eventos como el levantamiento de Chiapas y el “efecto tequila”, que junto a un 69% de pobreza según datos del Instituto Nacional de Estadística, sentaron las bases para la primera derrota presidencial en el año 2000 y la pérdida del control congresual en el 2006.

Es así, como tras dos gobiernos seguidos del Partido Acción Nacional, PAN (Vicente Fox 2000-2006 y Felipe Calderón 2006-2012), el PRI retornó al poder de la mano de Enrique Peña Nieto, un candidato ampliamente mercadeado, que aseguraba ser la nueva cara del Partido al distanciarse de su legado de corrupción y concentración de poder.

No obstante, los hechos han revelado que lejos de este objetivo, así como la meta de pacificar a México tras la oleada de violencia registrada tras el inicio de la “Guerra contra el narcotráfico” de Calderón, el mandatario ha dejado una nación con los índices más altos de violencia y corrupción en su historia.

Datos como 125,000 asesinatos (incluidos los 43 estudiantes de Ayotzinapa y cientos de periodistas); 25 millones de mexicanos víctimas de algún tipo de delito; y 22 gobernadores procesados por desvío de fondos públicos, son un pequeño referente para entender por qué de la debacle del PRI, donde según una encuesta de El Financiero un 47% de los mexicanos aseguró que nunca volverá a votar por este partido.

A ese último dato se suma el que las proyecciones indican que, para las elecciones de medio término en 2021, el PRI apenas obtendría el 9% de los votos.

Llegado a este punto, podemos ver que no solo los grandes imperios son pasibles al proceso de auge y caída, sino que las grandes organizaciones también tocan fondo, en especial cuando más fuertes, arrogantes y desafiantes se han mostrado ante su nación.

Hoy en día el PRI no es la sombra de lo que fue en su momento, y un cambio positivo no parece asomarse a la vista, mientras aquellas viejas prácticas que valientemente enfrentó Luis Donaldo Colosio siguen vigentes.

Seguimos viendo “un México con hambre y con sed de justicia”, que denunció Colosio.

Sin embargo las sociedades maduran, evolucionan y se transforman. ¿Y el PRI, cambió?.

Esperamos sirva a la partidocracia de la región.

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