Los vaivenes cíclicos que periódicamente se manifiestan durante el desempeño de la economía mundial constituyen una verdad científica irrebatible, como cuando se afirma que “el sol sale por el este y se pone por el oeste”, aunque sobre este último caso su veracidad podría verse alterada si llegase a producirse una transformación física del sistema planetario.
Porque no existen verdades absolutas, sino relativas. No obstante, estamos con el recordado economista británico John Maynard Keynes (1883-1946) cuando sentenció que los ciclos económicos “son inevitables”, pues en la historia de la economía mundial se han registrado momentos de recuperación, auge, recesión y depresión.
Fijemos la atención en la actual coyuntura económica mundial enmarcada en los inicios del 2020. Analicemos un momento concreto del actual ciclo global donde se registra una cierna incertidumbre en su desempeño.
Aunque es cierto que se aprecian leves señales de recuperación en el ritmo de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, no existen razones para suponer que la marcha del tren de la locomotora económica internacional acelerará de manera consistente la velocidad de las actividades productivas, comerciales y financieras.
Hay quienes auguran un leve repunte en la demanda de bienes y servicios por parte de China, Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, tras los aires de entendimiento comercial entre importantes actores de las relaciones comerciales internacionales, a pesar de los notorios conflictos geopolíticos.
Al referirse al comportamiento del comercio internacional -una esfera que suele retratar la marcha de la economía global- el Banco Mundial (BM) ha sostenido lo siguiente: “Si bien se espera que la penetración de las importaciones globales muestre una recuperación modesta, es poco probable que el crecimiento del comercio mundial supere significativamente el crecimiento de producto bruto mundial en los años venideros”.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) modificó hacia el alza la proyección de crecimiento de la economía mundial al situarla en el 3,3 por ciento para el cierre del año que agota ya su primer trimestre, en tanto que para el 2021 lo pronostica en 3,4 por ciento.
Conviene recordar que una década atrás, cuando todavía la economía mundial experimentaba los efectos de la Gran Recesión (2008-2009) los niveles de crecimiento de la economía global se situaban muy por debajo de las proyecciones actuales.
Pensemos en la disminución en los flujos de inversión, el freno en la marcha de las transacciones comerciales de bienes y servicios y el aumento del endeudamiento externo, el impacto de las acciones protecciones implementadas por Estados Unidos tras el ascenso a la Casa Blanca de la Administración Trump y la guerra comercial desatada entre Pekín-Washington que ahora espera disminuir tras la firma en pasado 15 de enero el denominado Acuerdo Comercial Fase 1.
La Organización Mundial del Comercio (OMC) augura mejores resultados durante el 2020 en el intercambio global de bienes y servicios. Incluso otros actores comerciales internacionales como la Unión Europea, Japón y diversos países emergentes apuestan a un reforzamiento de las reglas que regulan el comercio mundial. ¿Se estará pecando de optimismo?