Nada es para siempre. Se podrá engañar a mucha gente durante mucho tiempo, pero es imposible engañar a todo el mundo durante todo el tiempo.
En tan solo pocos días, se ha notado como se cumple el enunciado arriba señalado. Pues los “periodistas independientes”, los “analistas políticos” y otros representantes de la sociedad civil, enseñan su verdadera identidad a partir de un decreto.
La hipocresía no es una virtud. En cambio, ser autentico proporciona independencia profesional, autoridad moral y credibilidad social, valores que permanecen toda la vida. Si comparamos los legados de ambas condiciones, vamos a concluir en que vale la pena ser autentico.
Nuestro medio económico, político y social ha devenido en que el gobierno es el mayor empleador del país, debido a que tanto el sector industrial como el empresarial han estado rezagados. Esto explica en cierta medida, la fragilidad en el comportamiento de determinados ciudadanos.
Lamentablemente, esa realidad envía señales equivocadas a nuestra juventud, el fortalecimiento institucional se distorsiona, la eficiencia en el desempeño de los roles resulta afectada, en definitiva, el país paga las consecuencias.
Esperemos que la futura generación decida mayoritariamente ser auténtica, pues, así la sociedad dominicana dispondrá de instituciones confiables, cuyos integrantes actúen con transparencia, decoro y dignidad.
Hasta luego…