Nos ha sorprendido la información, reciente, de la gran cantidad de técnicos y personal médico que han sido separados de sus funciones en las distintas Direcciones Provinciales de Salud los cuales, según denuncias, han sido sustituidos por profesionales que nada tienen que ver con la profesión.
Con la salud de la población no debe jugarse, independientemente de la presión que al parecer tienen las actuales autoridades por dar respuestas a los miembros de la organización que ostenta el poder, en la República Dominicana.
A esto se suma el pedido de algunos médicos especialistas en epidemiología para que a la población se le diga la verdad con relación al número real de contagiados y fallecidos, cuyos resultados tienen que presentarse a la ciudadanía, dentro de las 24 o 48 horas después de haber sucedido, sobre todo teniendo en cuenta que ya Salud Pública tiene equipos informáticos especializados capaces de suministrar los datos en el tiempo requerido a la población.
De acuerdo al pasado ministro de Salud Pública, Rafael Sánchez Cárdenas unos 400 técnicos del área epidemiológica de campo grado Uno, que inclusive se formaron en Atlanta, Estados Unidos, han sido cancelados sin justificación, en momentos en que se incrementan en el país los casos de contagios y fallecidos por el COVID-19.
El personal médico, en todos los países del mundo, es un sector intocable, mimado y bien remunerado, porque son los únicos profesionales que no tienen hora ni día para regresar a sus hogares, dándolo todo por la salud de sus pacientes y sacrificando, en la mayoría de los casos, hasta su salud y a sus propios familiares.
Las autoridades deben sopesar estas cancelaciones y reponer nuevamente en sus puestos de trabajo a estos necesarios profesionales, que difícilmente puedan ser sustituidos, en los actuales momentos, en donde faltan médicos capacitados ante la demanda en masa de servicios de salud, por esta nueva ola de Coronavirus que nos afecta, al igual que a muchas otras naciones del globo.
La clase médica no debe ser tocada a la hora de las cancelaciones, por lo menos hasta que logremos acercarnos, aunque sea en parte, a Mongolia, uno de los pocos países en el mundo que tenía hasta junio 2020 el récord extraordinario de no registrar ni un solo caso de transmisión local del COVID-19 y también cero muertes.
El equipo que dirige los destinos de la nación debe consensuar con diferentes sectores de la sociedad las medidas que puedan provocar una desaceleración en todos los órdenes, en el desarrollo de la República Dominicana y posponer las cancelaciones que afectan a la mayoría de las instituciones públicas para después que hayamos rebasado esta mortal enfermedad, y no se lleve un doble luto a los hogares dominicanos, por un lado, la muerte por el Coronavirus y por el otro, la muerte moral de cientos de miles de trabajadores que pasan en la actualidad por uno de los más graves momentos de depresión en la historia del país, de acuerdo a muchos especialistas, situándose dentro de una de las causas principales el desempleo.