El arribo del fin de semana en lugar de la tradicional alegría generada por horas no laborables que normalmente se destinan al entretenimiento y descanso de las actividades habituales, se ha convertido en tiempo de mortificación y preocupación en la familia dominicana.
Esa incertidumbre comienza el día viernes con los tablazos que semana tras semana ofrece el Ministerio de Industria y Comercio al dar a conocer los precios de los combustibles, que lleva al ciudadano a recordar las famosas fórmulas del hoy ministro del ramo, las críticas generadas en el Congreso por el hoy partido de gobierno, uno de los temas centrales del candidato, convertido ahora en presidente de la República.
Los precios del galón de gasolina, gasoil, kerosene y gas licuado de petróleo se hacen cada día inalcanzables y crean un alto nivel inflacionario, de por sí alterado en nuestra economía al extremo de presentarse como un gran desafío de parte de las autoridades financieras, quienes celebran el crecimiento económico del 2022 en relación con el del pandémico año 2021.
En medio de la incertidumbre que genera el aviso del Ministerio de Industria y Comercio nos llega el informe de que la cotización del barril de petróleo estadounidense WTI de referencia superó el último jueves los 90 dólares, por primera vez en siete años, lo que apunta a un nuevo desafío de las finanzas públicas y a los esfuerzos para contener el proceso inflacionario que afecta la economía desde el pasado año.
No solo por el impacto directo a través de la carga de la factura petrolera, también por la repercusión que tiene en el crecimiento de la economía.
Apuntamos que el crecimiento desmedido de los precios del petróleo afecta los costos de producción, reduce la demanda, genera inflación, presiona el balance fiscal y repercute en las cuentas externas, constituyéndose en un factor perturbador en la sociedad.
Es notoria la pasividad de las actuales autoridades ante este reto, afianzándose en su estilo improvisador y en gran medida insensible, anteponiendo el espectáculo, la publicidad y las redes sociales a la disposición de enfrentar con decisión los problemas que afectan a la población, en momentos en que las circunstancias imponen una actitud pública más proactiva y menos contemplativa.