Editorial

Inseguridad ciudadana

Un hombre falleció el pasado sábado a manos de delincuentes en las inmediaciones de la sucursal de un banco en La Vega.

El día anterior desconocidos mataron de varios disparos al gerente de una estación de combustibles ubicada en la avenida San Martín, en el ensanche La Fe del Distrito Nacional, en medio de un asalto.

Historias como estas se están repitiendo a diario en combinación con los robos, atracos, raterismo y otras acciones violentas, que tienen a la población atemorizada y alterada su vida cotidiana.

Con temor se sale de los hogares para el trabajo, centros de estudios, oficinas, comercio o industria. El miedo se ha apoderado de los transeúntes y automovilistas, quienes están a las expectativas de que pudieran ser víctimas de la ola de delincuencia que arropa al país.

Cada día la delincuencia luce más desafiante y el gobierno, que prometió en la campaña que todo esto se resolvería en seis meses, lleva algo más de dos años y la situación ha empeorado.

En junio del año pasado en la barriada capitalina de Cristo Rey se puso en práctica la llamada estrategia “Mi País Seguro”, presentada como la opción que resolvería la violencia y la ola delictiva; sin embargo, ha terminado en un fracaso total.

Aquel plan iba acompañado de la reformulación de la Policía Nacional, una nueva Ley en la que hasta se ha incluido un fideicomiso. Se cuenta con el Ministerio del Interior, la Policía Nacional, el Ministerio Público, un ciudadano español, contratado para esos fines; pero todo esto ha sido para nada.

El descalabro de la seguridad ciudadana es una genuina muestra de las improvisaciones y falta de planificación gubernamental, en momento en que han empezado a apostar y gastar cuantiosos recursos en la promoción reeleccionista, mientras la inflación nos traga.

Las encuestas colocan cada día el tema de la falta de seguridad entre las principales preocupaciones del pueblo, en tanto que el gobierno satura a la población con anuncios y publicidad de unas realizaciones que nadie ve.

No hay dinero para enfrentar los principales males que afectan al pueblo, pero sí lo hay para invertir en publicidad y asesoría.

Pasa el tiempo y aquellas promesas y planes se diluyen, creando desilusión y frustraciones colectivas. Entre otros, por el tema de la inseguridad ciudadana, el gobierno del PRM pagará un alto precio. Y más pronto de lo que muchos creen.

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