Editorial

Un balance poco auspicioso

Ni el enorme gasto publicitario con que procura presentar una realidad ficticia, ni el derroche en fuegos artificiales de una clase media acomodada en la ciudad capital, ni mucho menos el populista anuncio de un día feriado extra despejaron el ambiente desolador y frustrante vivido en el 2022, año que llegó a su final el pasado sábado.

Se despide el 2022, doce meses de vicisitudes locales, fruto de la improvisación de unas autoridades que engañaron al pueblo que le respaldó, comprando un llamado “cambio” que ha resultado un retroceso.

Los logros alcanzados en las gestiones del Partido de la Liberación Dominicana al frente del gobierno han desaparecido, llevando a la población a la angustia y el sufrimiento.

Si bien es cierta la existencia de un entorno internacional desfavorable por las secuelas de la pandemia de la Covid-19 y la conflagración armada en Ucrania, también lo es la insensibilidad e improvisación de los gobernantes actuales, interesados mayormente en los “me gusta” de las plataformas digitales que en atender los reclamos ciudadanos.

República Dominicana, como casi todos los países de la región y el mundo, ha sido impactada por el alto precio de los combustibles, los alimentos y la adopción de políticas monetarias restrictivas, sin que el Gobierno adoptara acciones compensatorias.

Preocupa a los dominicanos la expansión de un gasto improductivo en nóminas, en contraste con una reducida o casi nula inversión en capital y un exorbitante endeudamiento, pese a su papel de críticos impenitentes de los préstamos cuando los ahora gobernantes desempeñaban su rol de opositores.

El desequilibrio caracteriza el pregonado crecimiento económico con una actividad agropecuaria en el suelo, herida mortalmente por las importaciones, que han venido a favorecer a empresarios y allegados.

Una inflación galopante, mucho mayor en los precios de los alimentos y productos del hogar, medicinas, artículos ferreteros y de la construcción.

Un torpe e hipócrita manejo de las relaciones con el vecino Haití, una reducida calidad del empleo y precariedades en la educación, salud y depredación ambiental.

En fin, el 2022 ha sido un período de inestabilidad y precariedades para un pueblo digno de mejor suerte y de gobernantes sensibles y preparados para afrontar contrariedades.

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