Ha sido desde el púlpito de la Catedral Primada de América de donde ha salido la respuesta oportuna al mar de conjeturas, figuraciones, mentiras, falsedades e invenciones pregonadas por el actual gobierno en una saturante campaña publicitaria.
Miles de millones de pesos gastados para vender una imagen falsa de bienestar y prosperidad inexistentes.
La tradicional ceremonia religiosa del Sermón de las Siete Palabras que se desarrolla en los templos católicos el Viernes Santo, con reflexiones sobre las últimas frases pronunciadas por Jesús en la cruz antes de expirar, puso los puntos sobre las íes.
Un gobierno con enorme gastos en asesores de imagen, costosas campañas en medios masivos, miles de dólares en robots en busca de «likes» y ataques despiadados a sus adversarios, quedó seriamente cuestionado en la ceremonia central de la Iglesia católica dominicana este Viernes Santo.
Las maquinaciones en las imputaciones de ilícitos con nombres marinos que trajo nuevamente a la palestra la decisión de un juez desapartado del derecho no silenciaron el sentir de sacerdotes y laicos, quienes hablaron en representación de una población hastiada de situaciones problemáticas y la indiferencia de las autoridades de turno.
No han sido la oposición política, ni analistas periodísticos o comentaristas de temas locales; ha sido la Iglesia católica, desde el más antiguo de los templos del país, la que se ha quejado.
Quejas por los engaños a la población con promesas falsas, quejas por los artificios de un paraíso engañoso, quejas por el acoso y violaciones a mujeres por aquellos que, aseguran, deben protegerlas.
La inseguridad ciudadana también afloró en las reflexiones del sermón con la censura del alto grado de violencia imperante, así como la poca acción de Medio Ambiente ante la contaminación y mala administración de los recursos naturales.
Fueron también objeto de críticas el clientelismo, la corrupción y la calamitosa situación que lleva a cientos de jóvenes dominicanos a emigrar ilegalmente en búsqueda de un futuro que se les niega en su pais.
A los dominicanos y las dominicanas se les ha querido hacer creer mediante artilugios propagandísticos que viven una realidad distinta de que la padecen en su vida cotidiana. Se les ha pretendido distraer con fantasías mediáticas o decisiones judiciales tuertas, que miran hacia un solo lado. Por suerte, la Iglesia católica, en el ejercicio de su responsabilidad de guía espiritual de gran parte del pueblo dominicano, ha sabido identificar en esta ocasión las dolencias y los problemas que agobian a nuestra sociedad, pese al circo con que se le pretende distraer.