La actividad que más influye en la política es la economía. Si la economía marcha bien, marcha bien la política, pero sí en cambio la primera marcha mal, marcha mal la segunda.
El concepto anterior fue una prédica constante del líder histórico del Partido de la Liberación Dominicana, el expresidente de la República, Profesor Juan Bosch, quien remachaba continuamente el concepto apuntando de que nada supera la importancia que tiene la economía en una sociedad.
La economía en República Dominicana en el gobierno de un prometido cambio no anda bien. El Gabinete Técnico del PLD se encargó de demostrarlo en una comparecencia pública, reforzado por un documento en el que se precisa:
La inflación ha limitado la capacidad de compra con los exiguos ingresos de las personas, una política de endeudamiento acelerado, baja inversión pública, la no existencia de una adecuada política de empleo, una política de arancel cero para las importaciones en detrimento de los sectores productivos nacionales.
En el documento se enuncia también una errática política hacia Haití, crecimiento de apenas el 1.5 por ciento de enero a agosto, crecimiento de los ingresos en apenas un 4 por ciento mientras los gastos crecieron en 18.3 por ciento, aumento del déficit fiscal, entre otras variables peligrosas para la población y la estabilidad del país.
Todo eso indica que la economía no anda bien y que por esa razón tampoco anda bien la política en un gobierno caracterizado por promesas incumplidas, que maquilla las cifras, que ahoga a los productores locales y, sobre todo, es indiferente hacia los sectores necesitados, mientras privilegia sólo a un grupito.
El escenario es poco auspicioso para la gran mayoría de los dominicanos y las dominicanas que tienen su mirada puesta en el retorno del PLD al Gobierno para la tranquilidad de la población que padece los rigores de una situación descrita como dura de masticar, difícil de tragar e imposible de digerir.