Bajo ordenes de Trujillo, la policía dominicana acudió a las fincas agrícolas y a las aldeas donde se hallaran migrantes haitianos, identificándoles con el presunto fin de expulsarlos de República Dominicana, pero en realidad tras el procedimiento de identificación los individuos de origen haitiano eran reunidos en sitios apartados y allí caían asesinados por la policía dominicana usando pistolas, fusiles, machetes, cuchillos y hachas, sin discriminar entre hombres, mujeres, niños o ancianos.