Predicar la moral en calzoncillos es característica de quienes ocultan sus oscuras pretensiones, tanto en su vida pública como privada.
Divagan en mares de moralina, aupados por el descontento genuino de un pueblo, propulsados por el deseo encomiable de cambio, y solventados por una falsa ética con tufo de superioridad.
Y es así, cómo llega el cambio, cabalgando en la espalda de una nación empoderada y hastiada; Asaltando el genuino interés de la ciudadanía de un país transparente y justo.
En nombre del pueblo se han hecho muchas cosas, barbáricas incluso; pero la historia recoge, con precedentes por demás, que quienes usan al pueblo para saciar las apetencias de una clase, terminan ante el patíbulo, plañendo desinflados, ante la condena y aversión de morir para la historia como serviles a causas ajenas a la voluntad legítima de los pueblos.
Este gobierno está reivindicando una clase, que se vió mermada en los últimos lustros, ante gobiernos que, aún con sombras, dieron luz en los más recónditos peñones de nuestro país.
Hoy, las políticas públicas son diseñadas por mercaderes, los programas sociales están en manos de comerciantes, y los servicios públicos son ¨oportunidades de negocio¨.
Los hospitales se han convertido en oportunidades de vender medicamentos e insumos; desde las mascarillas hasta las aspirinas, las ven como negocios, no como servicios a la población necesitada. Por otro lado, las escuelas se han convertido en el mercado de la alimentación e insumos escolares; ya el gobierno no ve cantidad de niños y niñas recibiendo calidad educativa, ve cantidad de raciones de almuerzo o desayuno escolar para entregar a sus dirigentes con cocinas; ve cantidades de uniformes y zapatos para que vendan sus adeptos, y congraciarse con los importadores. Todas las instituciones, son vistas como mercados donde conseguir oportunidades de negocio y hacer riqueza; claro, a costa del principal insumo de este gobierno: los pobres, que mientras más hay, mayores necesidades, y mientras más necesidades, más productos que vender para los dirigentes oficialistas.
Ya lo importante no es servir al país, sino, servirse de él.
La clase trabajadora y campesina, es testigo, de la vuelta al país de ¨las familias¨, de los nombres sonoros, de los herederos sin mérito, de los caciques empresariales, de los jeques económicos, de los caudillos, de los asesinos del desarrollo y progreso de los pueblos. Ya el pastel no es de todos. Ya se acabó el juego de basket, porque el hijo de don fulano, se molestó y se llevó su pelota.
Hay un cambio, sin dudas. Se eliminó la clase media. Vamos camino a un nuevo feudalismo, donde los hay muy ricos y muy pobres, nada intermedio.
La sociedad que propugnó por un cambio, lo logró, pero no como aspiraba. Salteadores del clamor popular, que hoy hacen y deshacen peor que los que criticaron; asaltaron los espacios que la sociedad reclamó, fueron voceros auto proclamándose independientes, para hoy asaltar el Estado, y darle la espalda a quienes dijeron representar.
Hoy sus intereses son otros, los pobres les hieden, porque son o se sienten parte de la alta alcurnia dominicana.
Estamos ante el renacer de los «tutumpotes», la gloria de los «ungidos», y la desgracia de los hijos de «machepa».
Estamos ante el cambio, de la democracia, a la Plutocracia Dominicana.