Por: Pedro Vicioso | Ah, la corrupción. Ese «capítulo de serie» que, al parecer, trasciende la ficción y la realidad política dominicana. Ciudad Gótica, con su galería de villanos y su intrincada red de crimen, y el PRM, con su… ¿historial de transparencia?, comparten más de lo que podríamos admitir.
En Ciudad Gótica, la corrupción es un arte. Desde el alcalde que «gestiona» fondos públicos con dudosa ética hasta el policía que «interpreta» la ley a su conveniencia, la ciudad es un edén para el corrupto. Y ni hablar de los villanos, esos «emprendedores» que manejan la extorsión y el soborno con maestría.
Elucubrando sobre las características de Ciudad Gótica, es imposible cuestionar ¿Es el gobierno dominicano un reflejo de Ciudad Gótica? Claro, con un toque de «Modernidad».
En el PRM, la corrupción es un tema… delicado. Los casos de «desfalco» y «nepotismo» son solo un «error subsanable», y la impunidad es una «investigación abierta». ¿Para qué preocuparse por la transparencia cuando se puede «gobernar» con «eficiencia»?
Lo real es que entre Ciudad Gótica y República Dominicana no hay muchas diferencias, solo un duelo de «Estilos». Ciudad Gótica y el PRM comparten la «pasión» por la corrupción, pero cada uno tiene su «estilo». En Ciudad Gótica, la corrupción es un espectáculo, con villanos extravagantes y aviones «innovadores». En el PRM, la corrupción es más «discreta», más «burocrática», pero igual de «efectiva». Con sus matices de teatralidad, colocando supuestos estandartes morales, como súper héroes de la vida real, que atacarían a los villanos que robaron al pueblo, el PRM cabalgó sobre los hombros del pueblo y se hizo una silla en el palacio.
Los libretistas que crearon Ciudad Gótica, describieron la corrupción endémica de una ciudad, donde sus ciudadanos se han acostumbrado a la corrupción como cotidianidad. En República Dominicana, el partido que hoy dirige la administración pública, se vendió como un ente supramoral, impoluto, inalcanzable por los tentáculos de la corrupción. Sentaron la opinión de ser tan transparentes como la claridad meridiana, y se arremetieron contra todos sus adversarios políticos, dividiendo el país en dos bandos: ellos y los corruptos; los super héroes y los villanos.
Con sólo crear su ¨liga de la justicia¨, marcaron la pausa de los capítulos venideros, sonaron nombres llamativos para poder vender sus comics´: Caso anti pulpo, medusa, falcón… todos, con nombres tan propios de Ciudad Gótica, que no podían ser menos teatralizadas las puestas en escena. La gran diferencia está en que mientras Batman lucha contra la corrupción en Ciudad Gótica, en el PRM… bueno, digamos que la lucha es más «interna». Por un lado, están los que profesan a boca llena los avances en tema transparencia y lucha contra la corrupción, por otro lado, funcionarios cometiendo errores ¨subsanables¨.
La corrupción es un tema que afecta en muchos ámbitos. Ciudad Gótica y el PRM son solo ejemplos de cómo la corrupción puede ser… digamos, creativa. Un problema de la corrupción es cuando no se reconoce, no sólo por los ciudadanos que tal vez no están empapados de las intríngulis de la administración pública, lo cual lleva a legitimar la corrupción por ser aceptada como endémica, sino, de aquellos que están llamados a velar por la correcta administración. Pero peor es aún, cuando esos llamados a garantizar la correcta administración, están más enfocados en la teatralidad que les permite esconderse tras la máscara de un personaje heróico, intachable, incorruptible.
No es que pusimos la administración en manos del Guasón, es que dejamos que el Guasón definiera quiénes eran los buenos. Y como era de esperarse, hoy no hay una línea clara de quiénes son los villanos, y quiénes los héroes. Al paso que vamos, y con tantos ¨errores subsanables¨, llegará el momento en que no podremos separar la ficción de la realidad, y no sabremos cuando se defina Ciudad Gótica o la República Dominicana.