Opinión

Ingratitud, oportunismo y amnesia política

Por: Blacina Reyes | «Quien olvida sus raíces y vende su palabra por conveniencia política se pierde a sí mismo antes de perder a los demás; la historia no perdona a los que traicionan su propio camino.” —Juan Bosch

Señor Miguel Guarocuya Cabral,

Me dirijo a usted con la consideración que merece todo servidor público, pero también con la firmeza que imponen sus recientes declaraciones y acciones. Durante más de veinte años, usted formó su vida política en el Partido de la Liberación Dominicana, ocupando cargos de relevancia y responsabilidad: alcalde del municipio de Moca, miembro del Comité Central del PLD, subsecretario de la Secretaría de Asuntos Jurídicos, diversas designaciones en INDOTEL y el Ministerio de Economía, y la administración de una frecuencia radial. Fue en ese partido donde se consolidó, donde adquirió experiencia y visibilidad, y donde tuvo la oportunidad de servir a su comunidad y al país.

Resulta, por tanto, profundamente desconcertante y doloroso que, tras abandonar el PLD y aliarse con el PRM, usted emita palabras que atacan la institución que le dio todo, afirmando que “el PLD debe pedir perdón a la patria” por su gestión durante veinte años. Tal afirmación no solo es una falta de respeto hacia quienes trabajaron con ética y sacrificio, sino una demostración de ingratitud, oportunismo y amnesia política que empaña su reputación y mancha su trayectoria.

Señor Cabral, la política no se mide por conveniencias pasajeras ni por alianzas oportunistas; se mide por ética, coherencia y gratitud. Atacar al PLD, que le permitió aprender, crecer y ejercer liderazgo, es un acto de traición a la memoria histórica y un desprecio evidente hacia quienes contribuyeron a formar su carrera. Su comportamiento revela, con crudeza, que la ambición personal ha cegado su juicio, llevándolo a despreciar el pasado que le dio fundamento y legitimidad.

Que estas palabras sean un recordatorio inquebrantable: la grandeza política verdadera no se construye sobre la traición ni sobre ataques injustificados. Quien olvida sus raíces y menosprecia a quienes lo formaron pierde no solo la credibilidad, sino también el respeto y la dignidad que cualquier líder merece. La ética, la memoria y la gratitud no se negocian; quien las ignora queda marcado por su propio oportunismo, y la historia lo recordará con claridad.

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