Opinión

Comunidades olvidadas y mesas vacías; el duro rostro de la desigualdad en navidad

La Navidad, tradicionalmente concebida como un tiempo de encuentro, solidaridad y esperanza, transcurrió este año de manera especialmente dura para miles de familias dominicanas de escasos recursos.

En los barrios y comunidades populares del país, la Nochebuena y el día de Navidad se vivieron con mesas vacías, rostros preocupados y una profunda sensación de abandono por parte del Estado.

En sectores marginados del Gran Santo Domingo, así como en provincias, la realidad fue común: familias que apenas pudieron garantizar una cena básica, hogares donde no hubo cena navideña y niños que no recibieron juguete alguno. La falta de ingresos, el desempleo persistente y el alto costo de la vida hicieron imposible para muchos celebrar como dicta la tradición dominicana.

Para la mayoría de estas familias, la Navidad no fue sinónimo de abundancia ni de alegría, sino de resistencia y dignidad frente a la precariedad.

La ausencia del gobierno y la politización de la ayuda

A esta dura realidad se sumó la escasa —y en muchos casos inexistente— asistencia gubernamental. En múltiples comunidades no llegó ni una sola “brisita”, ración o apoyo alimentario que mitigara mínimamente la situación. La percepción generalizada en los barrios es clara: la ayuda fue acaparada, utilizada de manera clientelar o quedó en manos de dirigentes y activistas del PRM, sin llegar a quienes realmente la necesitaban.

Esta situación generó indignación y frustración, pues la asistencia social no puede ser vista como un privilegio partidario, sino como un derecho de la gente humilde, especialmente en fechas tan sensibles.

Una economía fría para los más pobres

Las navidades también dejaron en evidencia una economía fría, excluyente y desconectada de la realidad popular. El aumento en los precios de los alimentos básicos, la carne, el arroz, el aceite y los productos tradicionales navideños hizo imposible que los sectores más vulnerables pudieran planificar una cena digna.

Mientras algunos sectores celebraron con normalidad, en los barrios la Navidad pasó casi inadvertida, marcada por la resignación y la preocupación por el día siguiente.

La esperanza nace desde las comunidades y el PLD

Sin embargo, aun en medio de este panorama adverso, la esperanza no se apaga. Desde el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y su Secretaría de Asuntos Comunitarios, se levanta una voz firme y comprometida con los más necesitados. Una voz que reconoce el dolor de la gente, pero que también asume el compromiso de organizar, acompañar y defender a las comunidades.

El PLD reafirma su vocación histórica de estar del lado del pueblo, de trabajar por políticas públicas inclusivas, por una economía que genere bienestar real y por una asistencia social transparente, justa y sin exclusiones.

Un compromiso renovado

Esta Navidad deja una lección clara: el país necesita volver a poner a la gente en el centro de las decisiones. Desde las comunidades, con organización, conciencia y esperanza, se seguirá luchando por una República Dominicana más justa, solidaria y humana.

Porque aunque la Navidad fue dura para muchos, la esperanza sigue viva, y el compromiso del PLD y de la Secretaría de Asuntos Comunitarios es no abandonar jamás a quienes más lo necesitan.

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